Animales ponzoñosos: Saber es salvar – Don Chimino

Por: J. David Flores Botello

ANIMALES PONZOÑOSOS: SABER ES SALVAR.- En nuestro entorno, no es raro cruzarse con un alacrán, una araña o incluso una serpiente. Muchos de estos encuentros son inofensivos, pero cuando se trata de animales ponzoñosos (aquellos que inyectan veneno a través de colmillos, aguijones o quelíceros -especie de pinzas o colmillos que usan las arañas para sujetar e inocular veneno-, la historia cambia. Y cambia rápido. En Guerrero, cada año se registran cientos de casos de intoxicación por mordeduras o picaduras. Las más comunes provienen de alacranes (Centruroides spp.), serpientes como la cascabel (Crotalus), la nauyaca (Bothrops), la coralillo (Micrurus), y arañas como la violinista (Loxosceles) o la viuda negra (Latrodectus). Aunque cada especie tiene su propio veneno y efectos, todas comparten algo: requieren atención médica inmediata. El veneno es una compleja mezcla de toxinas que puede afectar el sistema nervioso, la sangre, los músculos o varios órganos a la vez. Un alacrán puede causar dolor intenso, salivación, dificultad para respirar o convulsiones; una cascabel puede provocar hinchazón, sangrado y daño tisular; la araña violinista puede generar una lesión cutánea que se necrosa en pocas horas, y la viuda negra, espasmos musculares severos y dolor abdominal intenso. La rapidez en la atención es clave. Ante una mordedura o picadura peligrosa:

Mantenga la calma y evite que la persona se mueva demasiado; el esfuerzo acelera la circulación del veneno. Retire anillos, pulseras o prendas ajustadas cerca de la zona afectada. No intente cortar, succionar o aplicar remedios caseros: pueden empeorar la lesión. Acuda de inmediato al centro de salud más cercano para evaluación y, si es necesario, aplicación de antiveneno. Los antivenenos —o faboterápicos— son medicamentos que neutralizan el veneno. Su desarrollo es fruto de años de investigación y se producen inmunizando caballos con pequeñas dosis del veneno para luego extraer y purificar los anticuerpos. En México, existen antivenenos específicos para alacrán, serpiente y araña violinista, y su uso oportuno salva vidas. El reto es que se administren lo más pronto posible, idealmente en la primera hora. La prevención empieza en casa y en la comunidad. Mantenga patios y terrenos libres de escombros, basura y madera apilada, que sirven de refugio a alacranes y arañas. Sacuda ropa, zapatos y sábanas antes de usarlos, sobre todo si han estado guardados. Use guantes y botas al trabajar en el campo o manipular materiales donde puedan esconderse animales ponzoñosos. En zonas rurales, ilumine el camino con linterna al caminar de noche. En las escuelas y centros de trabajo, la capacitación del personal para reconocer signos de intoxicación y activar el traslado inmediato al hospital puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y una complicación grave. Conocer a nuestros vecinos menos amigables —los animales ponzoñosos— no es para tenerles miedo, sino para saber reaccionar. Porque el miedo inmoviliza, pero la información nos da herramientas para actuar con decisión. Si cada persona supiera qué hacer en esos primeros minutos, reduciríamos drásticamente las complicaciones y muertes por estas intoxicaciones. En resumen: prevenir es evitar el encuentro; actuar rápido es salvar una vida. Y en este terreno, la información es el antídoto más poderoso que podemos compartir.


DON CHIMINO.- ¡Aráchole! Ya se crolongó mi pática tocante a nuestra ida, mía y de mi Púchun, a Acapulquito romántico y de mis sospiros. Juimos padrinos de salida de kinder de su sobrina de ella. La ceremonia era a las 9 de la mañana cercas del hotel onde tábamos. La noche jue inolvidable pa los dos. Como ella tambor se sintió mal y con la boca seca, seca pero bien seca como yo, pensamos que a la mejor las cervezas tenían algo que nos hizo mal porque, ella se tomó 3 y yo el doble. Con tres ella se pone japy pero no le da cruda. A mí igual con seis. ¿Tonces? ¿Por qué tan jodidos ambos dos? ¡Ni que juera la primera vez que nos echamos unas! Tambor pensamos que jue el etceso de sal. Y a la mejor y sí porque nomás de acordarme siento mi luenga reseca y áspera como lija vieja. A ver, díga usté si no: la tarde anterior tragamos papas fritas, calientitas, crujientes por fuera, blanditas por dentro y harta sal por fuera. Otvio yo con salsa cácsut. Mi Púchun con salsa botanera. Tres veces ¿o cuatro? nos llevaron tamaños platones con papas de esas. La verdá que entre trago y trago de cerveza, el arrullo de las olas del mar y el panorama que teníamos, las papas no nos duraban ni un santiamén. Onde que su cerveza la pidió de esa que le ponen limón y harta sal en el borde del tarro. Yo las tomo solo en tarro. Pa´colmo de lo salado, rematamos ajueras de un otso con más papas fritas, de esas que les mientan chips, yo chilosas, ella de las normales. A esas sí les echamos harta salsa botanera ambos dos. Adivinar qué nos pasó, agu no nos etsplicamos que jue. Yo le doy gracias a Dios que tambor ella se sintió igual de mal que yo, porque eso me dio tranquilidá de que no era algo malo o grave que me estuviera pasando. Como por ejemplo que se me ´biese subido l´azúcar o que mis riñones tuvieran fallando, eso ,me ´biera mortificado más y más mal me ´biera sentido y, gracias a mi Puchunguita que, a pesar de que ella se sentía mal, jue por agua dos veces. A la mejor le remordió la conciencia de que la botella de agua de un litro que mercamos esa noche, ella se la tomó casi toda. Eso la ha de ´ber alivianado y por eso pudo ir por más. De por sí es muy juerte y resistente.


Después que me tomé como dos litros de agua y oriné lo que no ´bía orinado en por lo menos 10 horas, siendo que de por sí hago mínimo tres veces todas las noches y más veces si tomo cheve, me comencé a sentir un poco mejor. Aún apendejado (con perdón de usté) me volví a recostar hasta las 8.30h que sonó la alarma de mi aifon. Jueron minutitos que me supieron a gloria. Jui a lavarme la cara, la boca, me vestí, me peiné, me perjumé, nos salimos rumbo al lugar del evento y, como nos agarró de paso el mismo otso de la noche anterior, mercamos mas agua, nos echamos un litro cad´uno. Caminamos dos cuadras más, yo, casi arrastraba las patas, la luz del sol me ofendía pero, cosa buena, ya empezaba a sentir hambrita. Faltando 10 minutos pa´ las nueve llegamos. Ya ´bía algunas gentes en las como 15 mesas con manteles blancos. Y niñas y niños en los diferentes juegos que ´bían áhi: alberquitas de pelotas de colores, resbaladillas en espiral, como toboganes. Túneles y laberintos pa´pasar gatiando, puentes colgantes, subi-bajas, escaleras en la pader, sacos colgando como si jueran “peras” de botseador, canastas de básquet y hartos gritos de niños felices. En eso, corriendo por uno de los estrechos pasillos que dejaron entre mesa y mesa y gritando: –“¡Tía Fer! ¡Tía Fer!” con su vestido de princesa, color palo de rosa, como acrinolinado, con hatos brillos por todos lados y un moño color plata brillante, grande, a la cintura y una tiara de la Sirenita que la hacía lucir más sus ondulados cabellos dorados que le llegaban hasta los hombros. Sus ojitos claros brillaron al igual que sus dientitos parejitos como máices blancos al sonreír de oreja a oreja. Echándole los brazos a mi Púchun mientras le oía decir: –“¿Que me trajiste de regalo tía?” Tomándola en brazos con mucho cariño mi Púchun le dijo: –“¡Elisamar! ¡Qué bonita y qué grande estás! Mira, te traje este regalito, seguro te va a encantar”. Cuando recibió su regalo, de inmediato desgarró la bolsa de papel donde iba metido un estuche, el cual abrió emocionada. Sus ojitos brillaron más y su sonrisa se convirtió en sorpresa: contenía esmaltes de uñas para niñas, de diferentes colores, brillos labiales, pinturitas pa´las mejillas, unas brochitas, un espejito, unas peinetas, stíquers para uñas y una bolsita con asa, de esas que se cuelgan en los brazos y… ¡zacarrácate las babucas! Ya me volví a rete colgar, áhi nos pa´l´otra, graciotas.