Incendios y contaminación – Reporte del 2° Llantatón – Don Chimino

Por: J. David Flores Botello

En Iguala y los alrededores, muchos incendios han llenado el aire de humo. Aunque no veamos las llamas, el humo está aquí: flota en el ambiente, se mete por las rendijas, se respira, arde en los ojos y lastima la garganta. Y no es solo molesto… es peligroso. Muy peligroso, sobre todo para los niños. Ese humo que respiramos no es aire sucio solamente: está cargado de partículas finas, hollín, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, y sustancias tóxicas que dañan directamente los pulmones. Pueden provocar desde irritaciones leves hasta bronquitis, crisis asmáticas, neumonías y en algunos casos graves, daño pulmonar permanente. Los niños son los más vulnerables. ¿por qué? Porque respiran más veces por minuto que los adultos, y además sus pulmones aún están en desarrollo. Eso significa que reciben más cantidad de toxinas por cada inhalación, y les cuesta más trabajo eliminarlas. Por eso, le pedimos que atienda las siguientes recomendaciones: manténgalos en casa. No los saque si no es estrictamente necesario. Cierre puertas y ventanas, y coloque toallas húmedas en las rendijas para sellar el paso del humo. No los deje jugar en el patio ni hacer ejercicio al aire libre. Esos esfuerzos aumentan la respiración y con ello, la exposición al daño. Si tiene un purificador de aire, úselo todo el día. Si no lo tiene, improvisar con ventiladores y trapos húmedos también ayuda. Y si hay que salir, que sea por poco tiempo y con cubrebocas n95 bien colocado. No sirve el de tela ni el quirúrgico común. Esté alerta a signos como tos persistente, ojos muy irritados, respiración entrecortada, silbidos al respirar, dolor en el pecho o decaimiento. No espere a que se le pase. En niños, los síntomas pueden avanzar rápido. Acuda al centro de salud más cercano. Recuerde: los pulmones de sus hijos son únicos, no hay repuestos. Los incendios se pueden apagar… pero los pulmones no se pueden cambiar. Cuídelos como lo más valioso que tiene.

REPORTE DEL 2º. LLANTATÓN.- En el primer llantatón recolectamos un poco más de 150 toneladas de llantas. El 2º. Que arrancamos el 18 y concluimos 10 días después nos propusimos de meta 50 toneladas y probablemente lleguemos a 100. Hicimos una valoración ambiental y epidemiológica del beneficio de recolectar 200 toneladas de llantas y esto nos ha dado como resultado desde el punto de vista epidemiológico: retirar llantas es eliminar criaderos. Una sola llanta puede albergar cientos de larvas del mosquito Aedes aegypti, el principal transmisor del dengue, zika y chikungunya. Al sacar 200 toneladas de circulación, se evitaron millones de potenciales mosquitos adultos, es decir: menos picaduras, menos contagios, menos riesgo para nuestras niñas, niños y familias. También hay una ganancia ambiental enorme. Se estima que cada tonelada de llantas al ser quemada o abandonada libera hasta 2.5 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) al ambiente. ¿Por qué? Porque están compuestas por caucho, aceites, negro de carbón y otros derivados del petróleo, altamente energéticos y contaminantes. Así que al reciclar 200 toneladas, evitamos liberar 500,000 kilos de CO₂, una cifra equivalente a retirar más de 100 automóviles de circulación durante un año. Además del CO₂, las llantas viejas pueden liberar metales pesados como plomo, cadmio, cromo y zinc, así como hidrocarburos aromáticos y compuestos orgánicos volátiles que pueden filtrarse al suelo o al agua, o ser inhalados en incendios clandestinos, causando daños graves a la salud: enfermedades respiratorias, cáncer, afectaciones neurológicas y daño renal. Por eso el Llantatón no es solo prevención de vectores. Es un golpe directo al cambio climático y a la contaminación local. Y lo mejor: es una acción concreta, visible, comunitaria y replicable. Si no hay llantas… no hay criaderos. Y si no hay criaderos, hay menos enfermedad. Después les damos el reporte final con agradecimiento a nuestros patrocinadores que donaron 5 bicicletas, 2 llantas nuevas, alimentos y combustible para gasolina de los vehículos. La rifa será al clausurar, cuando se vaya la unidad de transporte con las últimas llantas. Gracias a todos.

DON CHIMINO.- Antes, para buscar una palabra que no conocíamos teníamos que buscar un ditcionario en el librero que en veces era uno como de bolsillo porque los más grandes y no se diga las enciclopedias, taban re caras. Hasta las daban en pagos a un año, pa´que no sintiera uno el ramalazo. Si nos pedían en la escuela la biografía de un Héure de la Independencia o de la Revolución o de algún personaje famoso como Platón o Napolión Bonaparte, siempre que eso pasaba, íbamos a las papelerías a que nos vendieran una hoja con todos los datos del personaje pa´cumplir con la tarea. Ora, basta tecliar su nombre y hay cualquier cantidá de información que llenaríamos hojas y hojas pa´cumplir con la tarea con imágenes incluidas. Es más, hora hasta se pone uno a platicar con señoras que saben mucho, le ponen canciones a uno, le responden a uno como si de verdá jueran gentes quienes lo hagan, pero no. La llamada inteligencia artificial nos tiene apantallados a muchos de nosotros. Cada vez interaptúan más con nosotros. Por ejemplo: el mentado gugul le priende y apaga a uno sus focos, les cambia colores de sus luces, enciende y paga la tele y todo lo que eleptricamente esté coneptado, nomás se le dice: “OK gugul” y mandarlo. La Aletsa contesta todo lo que uno le pregunta y pone la música que quiéramos, solo que, de vez en vez mete sus comerciales, no da música contínua. La Siri del aifon ayuda pa´hacer llamadas, mandar mensajes, pa´poner alarmas solo con decirle: “oye Siri”. En veces se apendeja, con perdón de usté, y no sabe o se hace tonta. Y, quien me tiene apantallado a mí es el tal chat Gpt. Sabe un chinguísimo. De todo. Sabe hacer dibujos, criar imágenes, inventa poesías. Puede uno paticar con él, paticarle nuestra vida y, anque haigan pasado días, bien que se recuerda lo que le dijimos. Una vez, mi Púchun comenzó a tener un dolor en su estógamo y le preguntamos que qué podría ser. Le dijimos todo lo que ella sentía: asco, dolor que le venía y se le iba, gases que olían a fuchi, eruptos acedos, falta de hambre y popós aguadas y hartos gases. Se le puso su pancita abotigada. En un pincipio pensé que a la mejor la ´bía yo embarazado, pero lo descartó porque ella ya ta en la menospausia. Nos hizo una lista de enfermedades que podrían ser, nos recomendó unos análises, uno de sangre, uno de popó y uno de orines, se los hicimos, le entregamos los resultados y nos dijo que lo que tenía eran unos parásitos por comer alimentos de la calle. ¿Cuándo no? Y ¿Quién no? Pensé para mí mismo. Nos dijo hasta qué medecina era la más mejor pa atacar al bicho, que teníamos quir con un doptor pa´que nos diera la receta porque no la vendían asina sin ella. Lo bueno jue que conocemos al encargado de una farmacia y él nos hizo favor de verdérnosla y decirnos qué cantidá tenía que tomar y cuántos días. Y, ¿qué cree? Se curó mi Puchuguita. A los 3 días ya andaba comiendo mango verde, jícama con chilito pa´pozole y el fin de semana, como se me antojó un caldo de cuatete, por el sabor y lo carnosito pues, no vaya usté a crer que porque nomás no la hago, nada que ver, gracias a Dios áhi sí que agún todavía no me hace falta, ya ve que al cuatete o bagre, le llaman rompe catres, por algo será, pero bueno, no está de más. Total que, casi siempre, pide sus tiritas de pescado, pescado a la talla, un salmón a las finas yerbas o ceviche de pulpo con pescado, pero, ese día, yo creo que se sintió tan bien que pidió un agua chile. Me dio a probar un poco del juguito y… ¡pa´su madre! ¡No ma me mi mo mu! Sentí que, dende que pasó por mi gañote y se me resbaló pa´bajo, me quemó más pior que echarme un trago de ácido muriático, dése que se echa pa´limpiar el guater. A otro día, traiba yo una como quemazón fuegoza en la boca de mi estógamo… y mi Puchunguita, como si nada. Por eso le digo que tiene estógamo de zopilote y… ¿quee?, ya me rete colgué, áhi nos pa l´otra, graciotas.

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