opinion


Por: José I. Delgado Bahena

Biblioteca itinerante

Sector 7


Fecha Publicacion:  sábado, 26 de septiembre de 2020 - 01:23:00 -- Fecha Actualizacion viernes, 25 de septiembre de 2020 - 23:22:46

Ahora que me entero que nuestro amigo Roberto Castillejo está promoviendo un proyecto para incentivar el acercamiento a la lectura, al que le ha llamado: “Biblioteca Itinerante Ciudadana” con el que pretende facilitar el acceso a los libros en las colonias y comunidades de Iguala, de verdad, me sentí motivado para hablar sobre los beneficios de la lectura.

Es que mucho se ha dicho acerca del libro como objeto “en peligro de extinción” y quienes soportan esta expresión lo hacen considerando la invasión de la tecnología en todos los ámbitos, y el cúmulo de información en la red de Internet que, en grandes dosis, te la ofrece ya digerida y organizada con el enfoque de quien, se dice, es experto en la materia.

Los lectores de libros, en digital, como aparecen en Internet, han ido desplazando a los lectores de libro en mano y, al parecer, tienen dos ventajas: la accesibilidad y el bajo costo de la conexión, lo que hace ver que el libro “objeto” está siendo obsoleto en su uso.

Sin embargo, nosotros, quienes nos movemos en el ámbito de la literatura, revaloramos la esencia de la lectura a través del libro, como propiciadora de experiencias significativas que te llevan a desarrollar, imaginar, crear e inventar un mundo salido de entre las páginas y de cada una de sus líneas.

Los libros, desde la Biblia y el Quijote, son el más valioso objeto de un hogar cuando se convierte en enlace sanguíneo entre el padre, o la madre, que le lee al hijo.

Para un hijo no hay mejor lector que su padre o su madre; no importa qué tan alto sea el nivel académico del padre, el hijo piensa: “Si a papá le gusta leer, debe ser bueno”. Por eso, la labor de la familia es fundamental para determinar si un hijo será lector o no.

Además, ya no hay pretexto. En las escuelas y en las bibliotecas públicas, hay grandes acervos, tan diversos, que abarcan todos los ángulos del interés humano. Libros de cuentos, de poesía, novelas, de ciencia, de acción, de terror, de misterio, etc., colman los estantes de las aulas de lectura y están al alcance de todos, incluso para el préstamo domiciliario. Pronto regresarán las clases presenciales y se volverá a este acercamiento con los libros, que es de invaluable importancia

“Leer produce placer”; entonces, solo hace falta propiciar espacios placenteros que faciliten el acceso a la aventura de leer. Creo que ese es el tema: facilitar el uso de los libros y motivar a los posibles lectores para que lean.

“No me gustaba leer, pero este libro ya me atrapó”, comentó alguien en el Facebook, al participar en una invitación que se ha extendido para promover la lectura de libros.

Tal vez, de alguna manera, ese sea el doble propósito de Roberto Castillejo: ofertar el acto de la lectura y propiciar un acercamiento entre padres e hijos.

Hasta donde sé, Castillejo ha tomado la batuta como presidente del Patronato de la Biblioteca Pública de Iguala y ha llevado a cabo varias gestiones para su reubicación; sin embargo, al no lograrlo, se ha impuesto la tarea de organizar la Biblioteca Itinerante Ciudadana con apoyo de varios de sus amigos que le han donado toldos, lonas y sillas. Asimismo, quienes nos dedicamos a escribir, le hemos aportado ejemplares de nuestra autoría para nutrir el acervo con el que ya cuenta; inclusive, ha recibido donaciones de libros por parte de particulares que de igual manera se sienten atraídos por el proyecto.

Lamentablemente, los tiempos actuales no son los ideales para su realización; pero, con la responsabilidad de los padres que acompañen a sus hijos en la actividad, al cuidar la sana distancia y efectuando las medidas que recomiendan las autoridades de salud, creo que algo se puede lograr; y algo siempre es mejor que nada. 

Así, esperamos que el padre llegue trayendo de la mano a su pequeño hijo y que, juntos, se acerquen en busca de un texto que les atraiga y tomarlo por el puro placer.

Ese es el punto: usar estrategias para que los niños y los adultos lean. Hay que motivarlos de alguna manera, menos con presión; que no lo vean como una obligación, sino como un derecho.

Sinceramente, pienso que esta la labor debe ser reconocida y apoyada por las familias; pero también por parte de  las autoridades, ya que, si no lo hacen, cuando menos que pongan su granote de arena.


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