opinion


Por: José I. Delgado Bahena

Lo bueno de la pandemia

Sector 7


Fecha Publicacion:  sábado, 17 de octubre de 2020 - 01:17:00 -- Fecha Actualizacion sábado, 17 de octubre de 2020 - 00:01:51

Sé que al leer el título de esta columna, se preguntará: ¿acaso la pandemia nos trajo algo bueno? Claro está que si hacemos una observación superficial de los males que el Covid-19 ha traído a la humanidad, lo primero que nos viene a la mente es la cantidad de muertes que ha causado; además, desde luego, las repercusiones en la educación, la economía, la formación cultural y deportiva, entre otros.

Sin embargo, como siempre se dice: a todo este mal, algo bueno se le debe sacar.

¿Acaso puede haber algo bueno después de los problemas de salud, el rezago educativo y la pérdida del poder adquisitivo? Yo digo que sí.

Mire: para empezar, muchos nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que somos y que “los largos años” que casi teníamos asegurados para seguir viviendo, no son tales y en cualquier momento se podría ver truncada nuestra existencia, como ha ocurrido, lamentablemente, con muchas personas que se veían extraordinariamente bien de salud.

Entonces, al reconocer la fragilidad humana, muchos se han tirado al destino y retan a la muerte o, al menos, se conducen sin poner atención a las recomendaciones sanitarias; tal es el caso de quienes ya están participando en juegos de futbol sin considerar alguna medida sanitizante. Inclusive, seguramente ya se enteró de que en algunas ciudades se ha autorizado la asistencia a los estadios, para presenciar partidos de futbol. Honestamente, dudo mucho que, al calor del juego, en el comportamiento natural como aficionado del equipo al que se sigue, se mantenga la sana distancia, por decir algo.

La verdad, sabiendo que el virus está latente en cualquier rincón del planeta, en lo personal, yo no me arriesgaría a asistir a un juego de futbol. Respeto a quienes lo hacen, pero yo no soy tan valiente.

Por otra parte: entendiendo que las clases presenciales son insustituibles en la formación de niños y jóvenes, y aceptando que los hábitos y las disciplinas que la escuela aporta son de alto valor para los seres humanos que en los próximos años serán parte de la generación que se vio afectada por este flagelo, la sociedad comienza a valorar la labor del maestro quien se ha preparado para atender no a uno, o a tres niños, sino a treinta o cuarenta al mismo tiempo. Entonces, ahora los padres se dan cuenta que no son tan eficaces para imponer disciplina y hacer que sus hijos atiendan religiosamente la dinámica del proceso educativo en esta modalidad virtual; luego, lógicamente, entienden que tampoco están capacitados para conducir la adquisición del conocimiento, al menos, de acuerdo con las orientaciones que ofrecen los maestros por Internet, o a través de la televisión; pero, con la mejor voluntad de ayudar, se aplican en mayor o menor medida, con la esperanza de que sus hijos aprendan algo y ellos, los padres, se sientan satisfechos con su contribución.

También tenemos que advertir que con frecuencia decíamos que el día no alcanzaba para nada, que el tiempo se iba “como agua entre los dedos” y que la vida misma se va en un abrir y cerrar de ojos. ¿Por qué pasaba esto? Por la vorágine que nos llevaba de un lado para otro y nos alejaba de nuestros hogares, de la convivencia con nuestras familias o de interiorizarnos y conocer más a fondo nuestras debilidades y fortalezas, nuestros defectos y virtudes.

Ahora, obligados al encierro, ocupamos más el tiempo en casa y disfrutamos más a nuestras familias. Nos hemos dado cuenta de que hemos venido acumulando muchas cosas inservibles en nuestros hogares y que bien podríamos prescindir de ellas o darles un mejor uso y destino. Hemos aprendido, también, a no malgastar el dinero, a ser más solidarios con quienes nos rodean, a comprender que no estamos solos porque, aunque sea, nos tenemos a nosotros mismos.

Así es. No todo ha sido malo con la pandemia. Confieso que he reconocido el gran descuido en el que tenía a mi salud. Me venía alimentando indebida e inadecuadamente, comiendo lo que podía, y no lo que debía; me suministraba en forma desordenada mis medicamentos y hacía poco ejercicio. Ahora, gracias a la disciplina que he adquirido para alimentarme, con una dieta adecuada a mis necesidades, el médico me ha quitado algunos medicamentos porque el estado de las enfermedades que padezco ya no es el mismo, mi organismo se encuentra en mejor estado.

Confirmo: algo bueno ha traído la pandemia.


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