Echeverría, emblema de autoritarismo

Por: Rafael Domínguez Rueda

Al igual que ahora lo está haciendo AMLO, hace 46 años LEA sumió al país en una grave crisis económica, política y social.

Luis Echeverría Álvarez (LEA), presidente de la República de 1970 a 1976, falleció el día 8 de este mes, a los 100 años de edad, fue responsable político de las masacres de 1968 y 1971 y represor de grupos opositores.

Sin buscarlo, tuve encuentros con él en tres ocasiones: cuando vino a Iguala, en el salón Asturias; después de la celebración del sesquicentenario de la proclamación del Plan de Iguala; y antes de concluir su mandato. Encuentros para mí desafortunados. Infaustos, porque en las 3 ocasiones tuvimos discrepancias. Es más, en el último, me tuvo incomunicado por más de dos horas.

Durante su mandato, al dar un viraje al manejo de las finanzas, acabó con el período de expansión económica conocido como desarrollo estabilizador. Y es que Echeverría, como alma afín de AMLO, no respetaba las leyes e instruyó a su Gabinete para que todo lo que ordenara se cumpliera, hasta no ajustarse a las partidas presupuestales ni su calendarización. Esto originó que Enrique Caamaño, subsecretario de Egresos, hombre probo, prefiriera renunciar antes que prestarse a violar las disposiciones.

Echeverría ha sido el único exmandatario en ser acusado de cometer actos de genocidio, pero fue liberado por decisión judicial con “las reservas de ley”, luego de tres años de permanecer en prisión domiciliaria por lo sucedido en Tlaltelolco, en 1968.

LEA no era el candidato de Gustavo Díaz Ordaz, pero Echeverría se le adelantó al Presidente, al usar a Augusto Gómez Villanueva para que lo destapara, en contra de la costumbre de que revelaba el nombre del candidato el líder cetemista por más de 50 años, Fidel Velázquez.

Antes de convertirse en abanderado priista cubrió “su personalidad con un manto protector poco menos que impenetrable”, según algunos historiadores. Luego, como presidente, LEA mostró su verdadera personalidad: autoritario, represor, locuaz, mentiroso y populista.

Su sexenio quedó marcado como fracaso económico a causa de la primera devaluación del peso desde 1945 al pasar de 12.50 a 23 pesos por dólar. La inflación alcanzó el 27% y el crecimiento desmedido de la deuda externa para financiar el gasto del gobierno. Además, las más de 600 invasiones de tierra, el asesinato del empresario Eugenio Garza Sada; el golpe a Excelsior y la desaparición de cientos de jóvenes por sus ideas políticas.

Durante su gestión tuvo varios desencuentros: La Liga Comunista 23 de septiembre pretendió secuestrar en 1973 al empresario Garza Sada; el intento de plagio resultó en un asesinato. Echeverría quiso asistir al homenaje que le tributó el pueblo de Monterrey, pero la gente le impidió el paso, y al grito de ¡asesino! optó por retirarse. El 14 de marzo de 1975, LEA acudió a la UNAM a inaugurar el año lectivo, pero tuvo que salir del auditorio de la Facultad de Medicina –adonde acudió una multitud de estudiantes- protegido por el Estado Mayor Presidencial-; sin embargo, resultó descalabrado por una piedra que le pegó en la frente. En Guerrero, ante los 75 presidentes municipales del Estado, presumió que estaba llevando a cabo en la Montaña Baja una derrama millonaria en obras. El Presidente municipal de Chilapa lo desmintió públicamente.

Lo que le costó a Juan Sánchez Andraca, dejar el puesto.

Su figura es totalmente desconocida por las nuevas generaciones, ya que su sexenio concluyó hace casi medio siglo, de ahí que la gran mayoría de los mexicanos tengan una mínima visión de lo ocurrido entonces.

Para los jóvenes puede resultar incomprensible que un gobierno que persiguió con saña a estudiantes, campesinos, sindicalistas, periodistas y, en general, a todo movimiento popular que cuestionara sus designios haya terminado bien; pues no, porque fracasó con los empresarios, y los estudiantes y líderes persistieron en sus demandas hasta después que concluyó su gestión.

De ahí que el juicio de la Historia ya lo ha calificado: “Echeverría, emblema de autoritarismo”, no sólo por ser el autor político de los sucesos del 68 y el 71, sino también porque fue el iniciador de las políticas que hicieron perder a nuestro país la estabilidad económica.

Único expresidente al que se le ha girado orden de aprehensión. Se le juzgó por genocidio y pasó 3 años en prisión domiciliaria. Lo dejaron en libertad con las reservas de ley; no lo exoneraron.

Y, en verdad, esas políticas de un autócrata las ha revivido el actual presidente de México, en quien parece haber encarnado el espíritu del mandatario fallecido. El fundamento ideológico de la 4T tiene casi toda la semejanza con el del régimen echeverrista.

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