Conformismo, lema del mexicano

Por: Rafael Domínguez Rueda

Hay temas escabrosos, es decir, embarazosos que no son tan fáciles de exponer; sin embargo, es necesario abordar, no sólo para mirarnos en ese espejo y conocer si nuestro rostro aparece empañado, sino también, dado el caso, sacudir nuestra conciencia para no quedar atrapados en ese torbellino, como es el caso del conformismo.

El conformismo es la actitud de aquellas personas que aceptan sumisamente y con resignación cualquier situación, ordenamiento o circunstancia pública o privada injusta, adversa y hasta malhadada. De ahí que, normalmente a los conformistas se les considera personas mediocres.

Y, tal parece que el conformismo es el lema del mexicano. Y en ese tema los igualtecos no nos quedamos atrás. Recuerdo muy bien al ágil periodista José Refugio Román Arriaga, mejor conocido como “don Cuco”, quien precisamente ese asunto era el eje de sus comentarios, pues sin empacho acuñó la palabra “agacholandia”, refiriéndose al conformismo de los igualtecos que todo lo aceptan ciegamente.

¿Será que los igualtecos hemos hecho del conformismo nuestro escudo contra la eventualidad de un futuro mejor? Y al analizar vemos que así es: igual en los deportes que en la vida social, en la cultura y no se diga en la política.

Cuando nuestros deportistas pierden, enarbolamos el viejo lema: “Lo importante no es ganar sino competir”, filosofía de la comodidad inventada por Pierre de Coubertin, pedagogo e historiador francés, fundador de los Juegos Olímpicos modernos. Y damos gracias y vamos de rodillas al Tepeyac para agradecer que, al menos, los mexicanos pasaron a octavos de final y traen de regreso la única medalla de la Virgen que se llevaron para que les diera suerte.

O, decir simplemente a la autoridad: “Esta obra monumental resulte bien o salga mal, usted se va a llevar la gloria y va a pasar a la historia”. Ese es el mexicano conformista, porque no le importan los resultados, no le importa esforzarse por hacer las cosas bien. Lo que cuenta es colgarse la medalla.

En política, decíamos, ni se diga. Cuando “sus majestades” que hoy gobiernan ya sea en el municipio, el estado o el país aceptan que a nuestros compatriotas que huyen de la inseguridad, de los engaños y de que “vamos requeté bien” y al apañarlos del otro lado y devolverlos, la frase oportuna nace: “al menos no los desaparecieron o mataron”. Y el agachado Gûero Ebrard, persona fiel al Mesías de barriada, infla el pecho y exclama: “Este es el México de la Cuarta Transformación. Y cuando alguien les señala y le recuerda a alguien más el desastre nacional causado en salud, economía, inseguridad, educación, bienestar social, no falta quien responda es que esos males se deben a los sexenios anteriores.

Los mexicanos somos así, piadosos, abnegados y conformes. Si nos metemos en alguna aventura de negocios, de política, de amor o de lo que sea, vamos corriendo al altar de nuestro santo preferido a darle una limosna y a pedirle un milagro que sustituya nuestra impreparación. Y si las cosas no salen bien, exclamamos henchido el corazón de fe, ¡Dios no lo quiso!

México entero -con excepción de algunos pocos- estaba pendiente de que el Tri femenil calificara, pero resultó sin gol, sin puntos y sin mundial, necesitaba al menos la repesca para la copa del mundo 2023, pero acabó con 3 derrotas y sin anotar.

Si alguna vez lo tuvimos, los mexicanos hemos perdido el espíritu de lucha, de pelear por nuestros ideales, de conseguir nuestros sueños. El síndrome, ciertamente, venía del pasado, pero hoy, en estos años dramáticos de `populismo que nos ha recetado la democracia, hemos avanzado mucho en la filosofía conformista y en el lema preferido del clásico el “importamadrismo”.

De ahí el tipo de gobierno que tenemos y de allí el lamentable panorama de nuestros “partidos políticos”, concentración de verduleras y mecapaleros que no quieren soltar el “hueso”, ansiosos por llegar al poder a satisfacer ambiciones personales.

Y lo peor es que en el horizonte no se ven formas para la esperanza y por ningún lado aparecen figuras que convoquen a ella. Poco a poco nos vamos acercando al caos total, sin que ello parezca preocuparnos. ¡Para qué hacerlo? ¿Cómo oponerse al destino señalado por Diosito y la Virgencita? ¡Paciencia!, dice la iglesia frente a la crisis nacional. ¡Resignación, hijos míos! Les aconsejan los curas a sus feligreses.

Y esos resignados, se refugian en la fe y el conformismo. Sí, así somos los mexicanos, ¡qué se le va a hacer!

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