Por: Isidro Bautista Soriano

Lo dicho por el presidente López Obrador de que son unos ingratos los que no defienden a Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, confirma que en política los amigos son de mentiritas, y lo mismo se ve con Fermín Gerardo Alvarado Arroyo, ex director general del Colegio de Bachilleres.
Cada priísta, cada panista, cada perredista, está viendo por su propio pellejo ante un Morena que como bola de nieve arrastra a sus partidos de manera inevitable.
La mayoría de los mexicanos tiene hoy en la mira al movimiento creado por AMLO como aquella familia que clava los ojos desde el autocine sin que nadie les resta la atención.
AMLO sigue en aceptación popular, como pasa con La gobernadora Eevelyn Salgado Pineda en Guerrero, y todavía más con la visita anunciada para este fin de semana al estado en franco respaldo.
Así ocurrió pues el domingo 12 de este mes en Toluca con la presentación de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López en los roles de presidenciables.
Simplemente levantaron telón para ponerlos en una asamblea informativa titulada Unidad y movilización para que siga la transformación. Tras bambalinas dejaron a Ricardo Monreal.
Sabedores de su preferencia, hacen su mejor papel: la jefa de gobierno apareció en Facebook tocando la guitarra desde un departamento que habita, igual de modesto como donde vivió el hoy presidente, y de lo cual éste dejó buen sabor de boca rumbo al palacio nacional.
Después aparece Ebrard con el anuncio de que recorrerá el país, como aquellas caravanas de cine que van de pueblo en pueblo por aplauso tras aplauso.
¿Cómo pues van a salir a defender a Alito o a Fermín Alvarado, si están comiéndose las uñas para ver cómo se trepan al barco, antes de que el agua les llegue al cuello?
En Guerrero hay mucho priísta determinado a pasarse de redil, como ha ocurrido siempre: perredistas se van al PRI, o al revés, de tal manera que no hay partido político puro 100 por ciento; sólo que ahora la borregada se descarrilará como nunca antes. Están en una fase de mirar el ajedrez con el rey en la lupa.
En el caso de Alito, ni cómo defenderlo, porque es como un pájaro que solito se cortó las alas. Y todavía se aferra al hueso.
Y es que ciertos priístas andan viendo, si no se van, cómo repartirse lo que quede, como en un deshuesadero, sin exponerse, sin asomar la cara. Héctor Apreza Patrón no se metió en nada por el PRI. Dejó el cargo de su dirigente estatal para seguir con la dieta de diputado, todavía por otros dos años más. Y que el mundo ruede. ¿Punto de acuerdo o algún exhorto al Ejecutivo, por su correligionario: cero?
Nadie ha dado la cara por Fermín, ni porque muchos años cumplió todas las comisiones que le dieron en el PRI, incluso algunas veces torciéndole la mano, y ni porque la ley dice que toda persona es inocente hasta que, en su caso, le acrediten lo contrario. Como pudo ya hizo una primera autodefensa pública.
Pueden al menos preguntarse entre ellos mismos que cómo le habría hecho para llevarse mil 300 millones de pesos en 33 meses que la hizo como si fuera hormiga, o para que la FGR no detectara la roncha que entonces habría hecho en cuenta bancaria.
El priísta creó fama, y se echó a dormir. Casi todos creen en la imputación que le hacen, más por ser del PRI, partido al que le dan fama de corrupto, al que todavía responsabilizan de todo lo malo del país, y que se refleja en las urnas.
“En vez de salir a defenderlo, se quedan callados”, afirmó AMLO del caso Alito, y lo mismo podría pasar en Guerrero con el caso Fermín, que dejó, sin duda, quebrantado el Cobach como él también seguramente lo recibió, y como seguirá heredándose sexenio tras sexenio, como cualquier ayuntamiento trienio tras trienio.
Ingratos faltan por verse más, de aquí al 2024.

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