Opinión


Por: José Rodríguez Salgado

Maestro Jesús Sotelo Inclán

Presencias y Evocaciones


Fecha Publicacion:  jueves, 20 de enero de 2022 - 02:12:00 -- Fecha Actualizacion jueves, 20 de enero de 2022 - 02:27:59

Al poeta y escritor Neófito Valladares Peralta, en su cumpleaños.

Poseído por la nostalgia visité un poco antes de la pandemia las instalaciones de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, CDMX. Vinieron en cascada múltiples recuerdos, pequeñas historias, anécdotas estudiantiles, hechos curiosos, nombres de compañeros, sin faltar los catedráticos que contribuyeron a nuestra formación. Uno de los más queridos y respetados fue el historiador y dramaturgo Jesús Sotelo Inclán, quien nos impartió la clase de teatro escolar y centró su interés en el dominio de la práctica. Los resultados fueron estupendos.

Sotelo Inclán nació el 4 de diciembre de 1913 en la circunscripción de Xochimilco, D.F., y falleció el 3 de octubre de 1989, en San Felipe Torresmochas, Gto. Estudió en la Escuela Nacional de Maestros y en la Facultad de Derecho de la UNAM. Fue uno de los fundadores del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. Creó la Escuela Normal “Ignacio Manuel Altamirano” en la Ciudad de México. Fungió como investigador en el CREFAL, Pátzcuaro, Mich. Director Federal de Educación en Jalisco; profesor de teatro en la Escuela Nacional de Maestros y en la Escuela Nacional Preparatoria, planteles 6 y 9; Subdirector Técnico del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Trabajó en la XFX de la SEP; fundador y titular del programa “Los Catedráticos”, Director de Programas en la XEW y en Radio Mil fue redactor. Junto con la escritora Margarita Michelena editó la Revista “Tira de Colores”. Obtuvo el primer lugar en el concurso de un libro de texto de Historia de México y logró también el primer premio en el concurso de teatro histórico con la obra “Morelos, Siervo de la Nación” en 1984, donde narra la vida del caudillo su relación con Hidalgo y su ideario político. En 1943 publicó el libro “Raíz y Razón de Zapata”, que es considerado el mejor estudio sobre el Caudillo del Sur. Con Sotelo Inclán cambió la historiografía de la Revolución Mexicana.

El maestro fue un Altamiranista de primer nivel, descubrió y recopiló por ejemplo “Los primeros versitos desconocidos del colegial IMA”; adaptó para el teatro algunas obras del guerrerense. Escribió varias obras para teatro escolar como: “Mexicanos al grito de guerra, la historia del Himno Nacional”, que por cierto representamos en la Cruzada Cultural de nuestras prácticas docentes en los estados de Sinaloa y Sonora en julio y agosto de 1958. Tradujo el acto tercero de la comedia “Como gustéis” de William Shakespeare que me permito transcribir:

“El Hombre y el Teatro” (Monólogo)

Versión de Jesús Sotelo Inclán.

“Todo el mundo es un teatro: / los hombres y mujeres son simples comediantes/ que hacen en él entradas y salidas/. Y cada hombre que nace representa/ a su vez, varios papeles/ dividiendo su vida en siete edades/ que son justo, siete actos/. Primero es el infante que babea/ y chilla entre los brazos de su nana./ Luego será el mocoso (cuya cara es un sol reluciente según brilla), que igual a una tortuga va a la escuela/ arrastrando los pies de mala gana/ y cargando por fuerza la mochila./ Después adolescente enamorado/ suspira ardientemente como fragua/ y una canción dulzona canturrea/ inspirado en los rizos de su amada./ A poco ya conscripto, es un soldado/ que jura con tamañas palabrotas/ y le asoman bigotes de leopardo,/ fanfarrón, orgulloso y pendenciero/ para sobresalir y adquirir fama/ afronta sin temor cualquier pelea,/ aunque le pongan un cañón por banda./ Andando el tiempo llega a funcionario/ un jefe de importancia y campanudo,/ que hinchando de jamón tamaña panza/ llena de terminajos muy comunes/ con gesto adusto y barba bien cortada/ su papel fachendoso representa/.

Llega a la sexta edad, el acto sexto/ y es un viejo achacoso,/ ya que arrastra temblón y vacilante las babuchas/ a su nariz la montan de antiparras/ con un saco colgándole a los lados/ la ropa que usaba antes, le va guanga/ y su voz varonil antes tan clara/ vuelve a ser otra vez como de niño/ atiplada, chillona y aflautada./ Llega el hombre por fin/ al último acto,/ el que baja el telón sobre este drama/ lamentable y revuelto de sucesos./ Esta séptima edad, segunda infancia/ deja al hombre sepulto en el olvido/ sin dientes, vista, ni placer, ¡ni nada!”

Enero 20 de 2022.


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