El Valor de la Amistad

Por: José Rodríguez Salgado

A Alfredo Valle Hernández, tixtleco ilustre que honra la Frontera Norte del país.

Estamos ya en el día 30 de junio y siento que el tiempo ha corrido con velocidad inimaginable, es medio año y la pandemia sigue. Desde hace semanas buena parte de la población ha relajado las medidas sanitarias que las autoridades recomiendan para evitar más contagios. Reaccionemos, el asunto es bastante serio, no obstante que la mayor parte de la población cuenta al menos con una dosis de la vacuna.

A manera de antesala afectiva quiero mencionar que en este día cumplen años dos de mis más grandes amigos: Lucino Mejía Alonso, Profesor de Escuela y don Rafael Domínguez Rueda, Contador Público de profesión, escritor, periodista, historiador y poeta que enaltece las letras guerrerenses. Don Lucino es originario del municipio de Izúcar de Matamoros, Puebla, ahí realizó sus primeros estudios y en plena adolescencia se trasladó a la capital del país para inscribirse en la ahora Benemérita Escuela Nacional de Maestros de donde egresó en 1960 con el título de Profesor de Educación Primaria. Ahí lo conocí, ambos éramos becarios del internado y este hecho hizo posible que cultiváramos una amistad firme que afortunadamente perdura. Se distinguió siempre por la pulcritud en su trato, el respeto a la institución y adhesión al ideario normalista.

Durante más de treinta años ejerció el magisterio en Tijuana, B.C., en donde se radicaron también más de cien egresados de la Normal de Maestros, a quienes reencontré con júbilo cuando fui designado titular de los Servicios Coordinados de Educación Pública, en el estado de Baja California. Julio Rodríguez Barajas y Lucino Mejía Alonso, aceptaron colaborar conmigo, el primero, como responsable de Planeación y el segundo como Jefe del Área Administrativa en la Delegación de la SEP en Tijuana. Su actuación y desempeño no sólo fueron eficientes sino brillantes. Ya jubilado el profesor Lucino fungió como mi Secretario Particular en la Subsecretaría de Educación Básica de la SEG en los noventas, en Chilpancingo, Gro.
Años después el brillante educador Eduardo Maliachi y Velasco en el afán de aprovechar la experiencia de su ex condiscípulo, el profesor Mejía, lo invitó a incorporarse a su equipo cercano de trabajo en la Secretaria a su cargo. Dejó buenos recuerdos su paso entre nosotros, cumplido, responsable, culto, organizado, proclive al orden, disciplinado, honrado y eficaz. Como representante de la delegación sindical en la Secundaria General #5 de Tijuana mostró su capacidad de convocatoria y liderazgo. Guarda buenos recuerdos de Guerrero y dejó muchos amigos dentro y fuera del magisterio. Conoció todas las regiones, se identificó con nuestra gente desde la época en que estudió la especialidad de Biología en la Escuela Normal Superior de la UAG.

Del contador Domínguez debo agregar a lo ya escrito en otras ocasiones que siento una autentica admiración a su leal talento, su consumado interés por la investigación histórica, su exitoso desempeño como cronista, servidor público y exponente de la intelectualidad guerrerense, aspectos que tomó en cuenta el gobierno del estado para otorgarle en 2014 la Condecoración “Vicente Guerrero”, máximo reconocimiento que se entrega cada 27 de octubre en solemne ceremonia que conmemora la Erección del Estado de Guerrero, como integrante de la Federación desde 1849.

Amén de los más de veinticinco reconocimientos nacionales, estatales y locales, don Rafael, es un fiel observante de las reglas para un pundonoroso ejercicio en el servicio público, se ha identificado con la sociedad en todos sus alcances y como intelectual e investigador se ha ganado el respeto de todos en buena lid. Las nuevas generaciones lo consideran con justicia una figura relevante. De su calidad de escritor y de poeta, sus obras, ensayos, discursos, crónicas y relatos son modelo de claridad, sencillez y profundidad conceptual.

Una de las satisfacciones más significativas que he asimilado en la travesía de mi vida fue haber conocido, apreciado y tratado a seres de palabra y gran estatura moral como la de mis amigos mencionados, a quienes saludo respetuosamente en este día de su cumpleaños, deseándoles salud, bienestar y persistencia para que sigan haciendo el bien, cultivando el pensamiento y enriqueciendo el corazón. Ellos desde su respectiva trinchera prestigian a su patria chica y enaltecen sin regateos el valor de la amistad. Recuerdo en este sentido las sabias palabras del profesor Reyes Pimentel: “Quien dejó de ser amigo, nunca lo fue”.

Saludos afectuosos.

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