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Por: Edelmiro Castro Sedano

Estampas de la pandemia


Fecha Publicacion:  sábado, 31 de julio de 2021 - 01:23:00 -- Fecha Actualizacion sábado, 31 de julio de 2021 - 01:29:20

Hace ya  más de un año que llegó para acabar con la vida de miles, millones de personas que ya no volvieron a ver a sus familiares, amigos y conocidos, debido al alto grado de contagio a nivel mundial, no hay rincón del mundo que sea libre; se ha diseminado por todos los países del mundo, ricos o pobres, en Europa o en África; en Estados Unidos de América o en Latinoamérica; en Medio Oriente o en Australia y quienes nos quedamos en casa encerrados sin salir sólo para lo indispensable somos testigos de esa maldita plaga universal.

Nuestra conducta se modificó así como el trato entre familiares y con los vecinos. Ante el cierre de plazas, jardines, mercados, tiendas, todo tipo de negocios surgieron personas con iniciativa casi suicida, se han lanzado a recorrer las calles, barrios y colonias para ofrecer víveres a domicilio a quienes conservamos el encierro en nuestro hogar por temor a contagiarnos con el bicho mortal.

Ahora hay muchos pregoneros por las calles ofreciendo su mercancía o producto en venta: naranjas, plátanos, sandías ciruelas, papayas, melones, jitomates, chiles verdes, tomates, cilantro, calabacitas, zanahorias, chayotes, ejotes, chícharos, etc. Otros más por las tardes- noches pregonando la venta de ricos y sabrosos atoles de ciruela, de arroz, de leche, champurrado, tamales oaxaqueños, de carne rojos y verdes, en fin el pregón se acentúa una vez iniciada la noche. Por la mañana pregonan el pan de dulce y el bolillo.

También hay personas que saben de cocina y repostería y ahora ofrecen comida elaborada en casa, panecitos, pastelitos, todo con la intención de ayudarse en su ingreso familiar ya que no se acude al trabajo por la reclusión obligatoria.

Generalmente las ofertas se hacen por Faceboock o Wats Ap y con entrega a domicilio. Familias enteras se dedican a abastecer de alimentos a la población que solamente se pasa en su domicilio protegiéndose de la pandemia.

No omito mencionar a los carretilleros que ofrecen diariamente gran variedad de fruta de la temporada por las calles y esquinas del centro de la ciudad que también hace ya años han pasado a formar parte del paisaje citadino sin precisar a partir de cuando forman parte de el.

De la estampa que referimos en estas líneas tenemos que referirnos a esa nítida imagen que nos queda del amigo, del colega cuya voz grave y su risa sonora resuenan en la mente; del amigo cantante cuya voz recordamos y volvemos a escuchar en grabaciones; el saludo amable del amigo, del vecino que con un moño negro en su domicilio nos dice el adiós definitivo; la figura del amigo amable y atento sentado en el monumento saludando a los transeúntes. En fin, estampas de una aciaga temporada de años de pandemia que la historia recogerá y dará cuenta a la posteridad de un mal recordado, de una experiencia en que en algunos países los enfermos caían y quedaban en las calles sin que alguien se atreviera a recogerlo por temor al contagio.

En fin, estampas de la pandemia que vivirán en nosotros hasta que pasemos a formar parte de ellas.

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