opinion


Por: Alejandra Salgado Romero

La amistad entre mujeres

Educando con Valores


Fecha Publicacion:  lunes, 3 de mayo de 2021 - 01:20:00 -- Fecha Actualizacion lunes, 3 de mayo de 2021 - 02:34:38

Nos han enseñado y repetido hasta el cansancio que la amistad entre mujeres existe… hasta que hay un varón en el medio, o bien, cualquier otro motivo de diferencias; sin embargo, es necesario reconocer que la rivalidad entre mujeres, y por ende, la competencia, es una estructura cultural más del patriarcado: no es natural, ni normal que las mujeres compitamos entre nosotras, -ni por un varón, ni por quien es más linda, más flaca o perfecta-. Somos educadas bajo las imposiciones de un sistema patriarcal, en el que nos enseñan que las mujeres somos envidiosas y malas amigas, donde nos etiquetan por tener pocas amigas mujeres y por relacionarnos en la mayoría de los casos, mucho mejor con los hombres… y por ello, continuamos escuchando y repitiendo frases como: “Mujeres juntas, ni difuntas” o bien “La peor enemiga de la mujer, siempre es otra mujer”. Sin duda, las mujeres necesitamos comprender que somos más fuertes cuando entendemos que todas nos necesitamos, que unidas podemos establecer alianzas estratégicas para lograr nuestros objetivos comunes, a partir de asumir que, cuando ayudamos a una de nosotras, nos ayudamos a todas.

Lo anterior, de acuerdo a lo aportado por especialistas, no significa que seamos todas amigas… ni siquiera que nos conozcamos para ayudarnos: implica que tengamos y mostremos siempre una actitud sororal, y demostremos que estamos dispuestas a apoyarnos por el sólo hecho de ser mujeres, lo que incluye que, quienes nos necesiten, sepan que tienen una aliada en cualquiera de nosotras. Marcela Lagarde, señaló que “en la medida en que identifiquemos las necesidades que nos son comunes a todas, tenemos que organizarnos para saber cómo las enfrentamos”. El compromiso que debemos asumir todas, -al que se deben sumar los hombres que estén conscientes de la perspectiva de género-, es hacer sentir a las demás que somos sus compañeras de vida y que nos incumbe lo que les pase: hacer que todas sepamos que cuando lo necesitemos, todas tenemos una aliada en cada mujer, y que seamos congruentes en apoyar cuando nos necesiten. Frente a un modelo de competencia entre mujeres en el que las mujeres hemos crecido, la sororidad impulsa un pacto entre nosotras. Para quienes hemos accedido a espacios de decisión, la sororidad nos compromete a impulsar a que otras mujeres asciendan y se fortalezcan y que éstas a su vez, ayuden a otras a empoderarse.

Es necesario, -de inicio-, asumir los conflictos en vez de negarlos y, entender el porqué de la hostilidad y la envidia, para poder superarlos y lograr hacer pactos. Para ello, se requiere comprender las razones por las que, en general, a muchas mujeres nos cuesta asumir las diferencias, por qué no sabemos competir sanamente y por qué no somos capaces de otorgar a otras mujeres un reconocimiento que nos permita construir redes y coaliciones de apoyo, mediante pactos claros y puntuales… y el primer paso para transformar las dinámicas destructivas que se dan entre muchas mujeres es el de cambiar una misma, para lo que es fundamental emprender un proceso de auto-reflexión y capacitación. Esto significa que, además de revisar los aspectos de esa dinámica cultural destructiva, cada una debe reflexionar sobre qué hacer para no contribuir al conflicto, y capacitarnos para poder relacionarnos de forma sororal.

Adicionalmente, es importante adoptar algunas reglas a seguir en nuestro día a día, mismas que a continuación cito: a) Honestidad y apertura ante todo: para las amigas, el código debe ser que podemos hablar de lo que sea, desde una nimiedad, hasta de verdad un problema existencial, con honestidad absoluta, pero también mostrando tolerancia, apertura, respeto y discreción; b) No juzgarnos: En cualquier tema, (sexualidad, infidelidad, fiesta, dudas, etc.), debemos tratar de ser empáticas, respetuosas y mostrar disposición a cambiar de opinión; c) No insultar: Las mujeres debemos tener la libertad de vivir una vida plena y feliz, y ello implica adoptar y defender con el ejemplo, la no violencia como parte de nuestro estilo de vida; d) Reconozcamos y celebremos nuestros éxitos: Tanto lo que ocurre en nuestro entorno personal-familiar, como lo que tiene lugar en lo académico-profesional-laboral, hay que reconocernos y reconocer a nuestras amigas, celebrar por y con ellas de forma sincera, e inspirarnos con su ejemplo.; y, por supuesto, e) No atarcarnos: Antes de atacar a otra mujer, o dirigirnos a ella de forma despectiva, agresiva y/o con groserías, tratemos de identificar el verdadero origen del problema, evitemos la violencia y utilicemos el diálogo de forma inteligente.

A cualquiera de nosotras nos ha correspondido lidiar con conductas aprendidas de enemistad ejercidas por mujeres de nuestro entorno, y estas complejas y tristes experiencias, lejos de debilitarnos, deben hacernos dar cuenta de que nosotras, cuando rompemos esas cadenas que nos imponen –no sólo para las relaciones machistas con varones, sino entre nosotras–, aprendemos, crecemos como seres humanos, como mujeres nos empoderamos y somos mucho más felices. Aprendamos pues a relacionarnos de otra forma: a valorar a las amigas que tenemos, a darles importancia, a escuchar a cada una, y a mostrarles el camino de la sororidad… porque afortunadamente ya sabemos que estamos mejor juntas, fortaleciéndonos y deconstruyéndonos acompañadas.

Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo [email protected]

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