opinion


Por: Ernesto Salayandia García

¡Que bonita familia!

De adicto a ADICTO


Fecha Publicacion:  sábado, 17 de octubre de 2020 - 01:21:00 -- Fecha Actualizacion sábado, 17 de octubre de 2020 - 00:05:50

Descuido o ignorancia

Hemos perdido la capacidad de asombro, perdimos lo más esencial, el respeto hacia nosotros mismos, hacia la familia, la decadencia de los valores, el derrumbe de los principios, la ausencia de la moral y las buenas costumbres han sido tan solo el principio del derrumbe de esa avalancha que viene bajando la cordillera de Los Andes formando una inmensa bola de nieve, bajando a una gran velocidad y que cada segundo, crece y crece, arrastrando a su ritmo, todo aquello que se le pone enfrente, como el futuro y el presente de la familia, arrastrando al precipicio a seres inocentes, víctimas de la decadencia de la sociedad, que  ha iniciado en la desintegración familiar y a pesar de las consecuencias crueles, drásticas, no nos queremos dar cuenta de la crisis existencial que se refleja en todos lados, no hay quien escape de las enfermedades emocionales, poco se sabe de lo que es la codependencia, nula atención merece la depresión colectiva, incluso la gravedad  del alcoholismo en niños y jóvenes , peor aún, la drogadicción, múltiples sustancias de gran variedad y peligrosidad que se roban la inocencia, el presente y el futuro de victimas abandonadas por sí mismas y por ende, de sus familiares, el laberinto de las adicciones, tiene principio, pero no tiene fin, es un abismo profundo y negro hacia el infierno,  es muy fácil entrar, pero sumamente difícil, mas no imposible salir del hoyo, es muy triste, pero estamos en la calle, sentados, contemplando como se desmorona lo más sagrado, que se supone, pudiera ser, la familia.

El puente roto de la comunicación, padres e hijos

Hay padres muy trabajadores, excelentes proveedores que les dan todo a sus hijos, pero son adictos al trabajo, distantes, apasionados, dedicados con un enorme ego a sus ocupaciones y son farol de la calle, obscuridad  de la casa, se complica la existencia con sus obsesiones y deseos personales, abandonan por completo a la familia, nula convivencia con los hijos, entran a la rutina de la indiferencia, surgen infinidad de problemas emocionales que afectan a los niños, ellos, los esposos, hacen un pacto inconsciente a ver cuál de los dos, o ambos le hacen más daño a las criaturas, las múltiples ocupaciones, en esa nefasta rutina de mantenerse lejos de los sentimientos y de la vida de los niños, la crisis familiar provoca fuerzas destructivas, conflictos, arranques de ira, decepciones, mentiras, infidelidades y finalmente, la definitiva rotura del matrimonio, el rotundo fracaso en un divorcio, a veces, conflictivo, complicado, pero jamás cordial, donde nadie gana, todos pierden, pocos ven la rebanada del pastel de culpa y responsabilidad que le corresponde, parece mentiras, pero nos volvemos expertos en lavarnos las manos ante la irresponsabilidad de nuestras conductas  toxicas,  otras parejas se acostumbran a vivir en el  drenaje, soportan todo, no cesan los conflictos y los daños en los hijos, son irreversibles, son infinidad de factores que entorpecen ese puente de comprensión y de comunicación entre ellos y los hijos. Todos salen de la tormenta  severamente dañados y luego, la pregunta ingenua, por demás ignorante.- Ernesto, ni mi esposo, ni yo, fumamos marihuana, porque mi hijo se  hizo marihuano. No hay peor ciego, como el que no quiere ver y lo que sucede, es que estos niños, ahora de esposos, adultos con hijos, fueron de pequeños muy dañados, sin saberlo, heredaron una enfermedad emocional que es una herencia genética que se ha venido trasmitiendo de una generación a otra, a veces por soberbia, por la misma enfermedad, pocos son los que tienen la humildad de buscar ayuda y así le dan largas al asunto, haciendo, el cuento de nunca acabar.


Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO