Por: Álvaro Venegas Sánchez

Aunque parezca increíble los jóvenes de entre 18 y 29 años en México, Letonia y Luxemburgo tienden a confiar más en el gobierno que las personas de entre 30 y 49 años y la confianza sube entre los mayores de 50 años. Son datos que reveló el reporte: Principales conclusiones de la OCDE del 2021 sobre los impulsores de la confianza en las instituciones públicas. En el resto, 38 países en total integran la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico, los datos son diferentes.

Muy importante también lo siguiente: mientras en las demás naciones la confianza de las mujeres en los gobiernos nacionales es menor que la de los hombres aquí, al contrario. La credibilidad es del 58 por ciento las mujeres y hombres 53 por ciento. Asimismo, la encuesta reflejó que bajos ingresos y bajos niveles de preparación hacen que las personas no confíen tanto en las instituciones del gobierno. Por supuesto, no es lo mismo tener un título universitario u otra institución de educación superior a sólo un certificado de secundaria.

Que la encuesta de la OCDE sirva de algo. Este organismo internacional, hace poco tiempo, era un referente obligado junto con las puntuales recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para gobiernos e intelectuales orgánicos. ¿Acaso es insignificante que en México empiece a recuperarse la confianza en las instituciones públicas? Desde luego, nadie puede estar a gusto con situaciones que preocupan, deprimen, conmueven e indignan ocurriendo diariamente en cualquier lugar de la geografía del país. No hace falta decirlo, sabemos todos que vivimos el día a día con cierto temor, desconfianza, incertidumbre por lo que puede ocurrir. Las estadísticas que dan a conocer cada mes sobre seguridad y la información de que todos los días las autoridades se reúnen y están pendientes de lo que acontece es bueno, pero no es suficiente. No alcanza para devolvernos la tranquilidad deseada.

El presidente de la República expresó hace 72 horas con total sinceridad: está complicado y difícil resolver el problema de la inseguridad porque no son tortas ahogadas ni tamalitos de chipilín. Lo dijo ante la insistencia de aquellos que quieren cambie de estrategia sin acompañar la Insistencia de una propuesta. Cuestión de inferir. Quieren vuelva la de “balazos y no abrazos”, que Obrador rechaza porque durante 12 años Felipe Calderón y Peña Nieto pusieron en práctica y resultó peor. Él reitera la decisión de no cambiar por estar convencido que, atacando las causas sin descuidar la seguridad, procurando justicia y que no haya impunidad es la estrategia que está dando resultados, aunque el avance es muy lento. Argumenta apoyándose en gráficas con datos del INEGI. En este sentido, el reporte de la OCDE no contradice, respalda la visión del presidente.

Lamentable sería que la cúspide del poder adoptara la postura del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. Ante el lamentable feminicidio de Luz Raquel Padilla, a quien varias personas causaron la muerte bañándola de alcohol y prendieron fuego, aun contando con “medidas de protección oficial” a partir de amenazas con pintas frente a su domicilio. El mandatario tratando eludir responsabilidad, quiso justificar señalando: cualquier medida de las autoridades es insuficiente ante la determinación de cometer un acto tan brutal, evidencia la descomposición social; pidió entonces reflexionar al respecto. Sin embargo, faltó aclarara si las medidas de protección eran permanentes o no. Ojo, una salida así de parte de AMLO, sería tema de propaganda inacabable para la oposición.

Sin duda, como sociedad, estamos viviendo tiempos con situaciones y asuntos insospechados. No imaginamos la pandemia del Covid seguida de la guerra Rusia-Ucrania, con todas las repercusiones a nivel mundial. Los efectos asombran y avasallan a los seres humanos de a pie; resignados a que pasen y no arrastren a otra peor desgracia. En el contexto nacional, el impacto económico ha sido manejable y menos desastroso; lo indican estudios comparativos y reconocen gobernantes de otros países. Ahora, hasta quieren emular a México. A pesar de ello los mexicanos estamos enfrascados en polémicas y debates inacabables que de pronto nos acercan o distancias de amigos, compañeros y familiares.

Es y será benéfico siempre y cuando la confrontación no rompa el equilibrio social. Para que a todos nos vaya bien. El culpable de la polarización es el presidente. Es un testarudo, ignorante de la diplomacia, viola cuando quiere la ley e invade facultades de los demás poderes. Eso y más dicen y recalcan los que no simpatizan con su forma de ser y gobernar. Afortunadamente son minoría de ciudadanos con esa opinión.

La mayoría tal vez no entiende del todo, pero está de acuerdo con lo que hace y dice López Obrador; porque observó cómo fueron y qué hicieron presidentes anteriores. No se necesita ser muy leído, simplemente recordar y comparar comportamientos y situaciones de sexenios anteriores con el actual. Falta mucho por hacer, pero la gente intuye que México avanza en el camino correcto. Por tanto, alienta que jóvenes de 18 a 29 años comiencen a confiar en el gobierno (estudio de la OCDE). Habla bien que, en las redes sociales, sean jóvenes con talento y opinión quienes refuten los sesgos políticos que hacen los “machuchones” de la comunicación. En hora buena.
Iguala, Gro., julio 25 del 2022.

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