Servicios AINI
Río de Janeiro, Brasil, Oscar Schmidt es uno de los pocos basquetbolistas que rechazó la oportunidad de jugar en la NBA cuando su nombre era el de una de las mejores estrellas internacionales en los años 80. Este viernes 17 de abril se informó que el llamado ‘Mano Santa’ en su natal Brasil había fallecido a los 68 años.
Schmidt deja una estela de marcas en las duelas, como la de 49,737 puntos a lo largo de su trayectoria en el baloncesto internacional, luego de jugar en Brasil, Italia y España a lo largo de 29 temporadas.
Sus 1,093 puntos en cinco ediciones de Juegos Olímpicos son un récord infranqueable hasta la actualidad. En las magnas justas olímpicas de Seúl 1988 dejó una profunda huella para todos los tiempos cuando le encestó 55 puntos a España, una marca que sigue vigente.
Como el astro de la selección brasileña fue artífice de una de las victorias más relevantes en su vista en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987, cuando superaron a la poderosa escuadra estadunidense frente a sus aficionados, para colgarse la presea dorada, el más brillante de sus conquistas en su trayectoria.
Schmidt muere siendo un símbolo del deporte brasileño, a la altura de los mejores futbolistas. Su legado lo llevó a formar parte del Salón de la Fama del Basquetbol desde 2010.

SCHMIDT PRIORIZÓ A SU PAÍS POR ENCIMA DE LA NBA
A diferencia de otras figuras de su generación, Schmidt nunca jugó en la NBA, una decisión que marcó su carrera. En su momento, las reglas impedían a jugadores olímpicos competir en la liga estadunidense, el brasileño optó por mantenerse fiel a su selección nacional.
Lejos de limitarlo, esa elección fortaleció su identidad. Se convirtió en un emblema del baloncesto internacional, destacando en ligas europeas, especialmente en Italia y España, donde dejó actuaciones memorables y consolidó su reputación como un anotador imparable.
Oscar Schmidt será recordado por su mentalidad. Su obsesión por mejorar, su ética de trabajo y su carácter competitivo lo convirtieron en una figura admirada dentro y fuera de la cancha.
Fue un jugador que entendía el baloncesto como una pasión absoluta. Su legado no solo se mide en puntos, sino en la forma en que elevó el nivel del deporte y representó a su país en la élite internacional durante décadas.
