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Estados Unidos. Mani, una maestra de preescolar de Ohio, ha hecho todo lo que ha podido para proteger su salón ante un tiroteo masivo. Colocó un librero para usarlo como barricada, y en una cubeta tiene artículos de emergencia, incluido gas para repeler a un atacante.


Pero después de que 19 niños y dos maestros fueron asesinados en Uvalde, Texas, se sintió más desesperada que nunca.


“Simplemente nos sentimos impotentes. No es suficiente”, dijo la mujer que se identificó sólo con su nombre, debido a las leyes que restringen la información de portadores de armas de fuego en escuelas.


Entonces se armó con una pistola 9 milímetros y se registró para un entrenamiento que le permite llevar armas a la escuela.


En Ohio, los legisladores locales aprobaron el permiso de portar armamento tras la matanza en Uvalde del 24 de mayo pasado.


La ley ha sido muy polémica, pues no requiere más de 24 horas de entrenamiento y una certificación ocho horas cada año.


La estrategia ha sido fuertemente criticada por los demócratas, grupos de policías, sindicatos de maestros y defensores del control de armas.


Los críticos afirman que, lejos de solucionar el problema, sólo crean más riesgo.


En la Unión Americana, 29 estados permiten que civiles porten armas en los planteles escolares, según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales.


Durante la capacitación, Mani practicó tiro, aprendió a atar un torniquete y responder rápidamente a una situación de tirador activo.


Su presencia en el campo de tiro, apuntando su pistola bajo el sol brillante contrasta con el salón, donde baila para cantar canciones a niños de cinco años y tapiza el aula junto con los alumnos de arte.
La profesora, de unos 40 años, acudió nerviosa a su entrenamiento. Ha sido maestra por una docena de años.


“Recibo abrazos todo el día”, afirmó.


Junto con otros profesores llegó para tomar el curso Faster Saves Lives, impartido por la Fundación de Armas de Fuego Buckeye, una agrupación que defiende la segunda enmienda y que trabaja junto con la mayor organización de cabildeo, del mismo nombre.

Durante la década pasada, la organización gastó más de un millón de dólares para capacitar a más de dos mil 600 profesores.

Para Mani, la decisión de ir armada en el salón parece ser una mejor solución que tener gas pimienta.

“Tenemos que ayudar a los niños ahora mismo”, aseguró la maestra.

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