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Estados Unidos. Los principales fabricantes de armas de fuego lucraron con la venta de rifles semiautomáticos tipo AR-15 -entre los favoritos empleados en tiroteos masivos- ganando más de mil millones de dólares durante la última década, y rehusan asumir responsabilidad por la comercialización y uso de sus productos letales, concluye una investigación de la cámara baja del Congreso difundida este miércoles.


‘La industria de armas de fuego está obteniendo ganancias sobre la sangre de estadunidenses inocentes”, acusó la diputada demócrata Carolyn Maloney en la presentación del informe elaborado por el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la cámara baja que ella preside. Agregó que las prácticas de negocio de esta industria es “preocupante”, señalando que ninguna monitorea “la muerte y destrucción causada por sus productos”.


La investigación se enfocó en cinco de las principales empresas de fabricación de armas de fuego, algunas de las cuales enfrentan una demanda del gobierno de México ante un tribunal en Massachusetts en un caso que sigue en curso.


Las empresas rechazan alguna responsabilidad en el uso de sus productos y las cinco reconocieron a los investigadores del Congreso que no tienen ningún tipo de proceso interno para recaudar información relacionada con el uso de sus productos.


Pero los costos para evitar las consecuencias de la violencia en un país con más de 400 millones de armas en manos privadas se sienten por todo el territorio nacional, y se han vuelto parte de la rutina de lugares públicos como escuelas.


“En mi primaria, les decimos a los niños que nos tenemos que preparar por si acaso entra gente mala que nos quiere hacer daño y cerramos con llave la puerta a la aula, bajamos las persianas y pedimos que no hagan ni un solo ruido”, explica a La Jornada una maestra de kínder de una escuela pública en Brooklyn al describir los ejercicios de rutina que se hacen en las escuelas de Estados Unidos para prepararse en caso del ingreso de una persona armada.


“Hay colegas que están encargados de buscar a niños en los baños para llevarlos a un lugar más seguro”, mientras en secundarias y preparatorias, todo estudiante y maestro está obligado a practicar qué hacer y cómo huir de una persona armada en sus planteles.


Se ha vuelto común, casi normal, que todos los días se reporta un tiroteo masivo o una amenaza pública con armas de fuego en Estados Unidos: este lunes una mujer sacó una pistola y disparó al techo en el aeropuerto Love Field de Dallas, el día anterior, murieron dos y cinco fueron heridos en San Pedro, California; hace dos días, dos murieron y otros dos fueron heridos en Rockford, Illinois -la lista se alarga de manera incesante.


Este mismo miércoles, mientras procedía la audiencia en Washington, el hombre acusado de un tiroteo contra espectadores de un desfile del Día de la Independencia en Illinois el pasado 4 de julio matando a siete personas e hiriendo a más de 35, fue formalmente acusado con 117 cargos incluyendo homicidio.


Ese tiroteo fue antecedido en mayo por otro en una primaria en Uvalde, Texas, donde fueron asesinados 19 niños y dos maestros, y poco antes de eso otra masacre en un supermercado en Buffalo, Nueva York, donde perecieron 10 personas.


En estos tres incidentes, los asesinos emplearon rifles semiautomáticos estilo AR-15, todos adquiridos legalmente.


Estos fueron noticia nacional pero no fueron los únicos en 2022. En lo que va del año se han registrado 372 tiroteos calificados como “masivos” en donde hay por lo menos cuatro víctimas (muertos o heridos)

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