Por Ashley Samira Díaz Barriga Sifuentes

En las últimas décadas, el discurso sobre la violencia se ha ampliado más allá de lo físico para incorporar expresiones psicológicas y emocionales que, aunque menos visibles, resultan profundamente dañinas. Dos términos que han ganado espacio en el debate social contemporáneo son el gaslighting y el ghosting. Ambos, productos de dinámicas interpersonales modernas, sobre todo en un mundo atravesado por las redes sociales y las aplicaciones de citas, representan una forma de violencia silenciosa pero devastadora.


Gaslighting: la manipulación de la realidad
El gaslighting es una técnica de manipulación emocional que busca que la víctima dude de su percepción, memoria o juicio. Su origen proviene de la obra teatral Gas Light de 1938, en la cual un esposo manipula el entorno de su esposa (como bajar la intensidad de la luz de gas) para convencerla de que está perdiendo la razón. Trasladado a la vida cotidiana, este mecanismo se traduce en frases como: “estás exagerando”, “eso nunca pasó” o “eres demasiado sensible”.


Aunque en apariencia puedan sonar como comentarios aislados, lo que esconden es una estrategia para invalidar y controlar a la otra persona. Lo más preocupante es que, al repetirse, logran que la víctima se cuestione a sí misma, pierda confianza en su criterio y dependa cada vez más del manipulador para interpretar la realidad.


El gaslighting no solo ocurre en relaciones de pareja, también se da en contextos familiares, laborales e incluso institucionales. Por ejemplo, un jefe que desestima sistemáticamente las aportaciones de un trabajador, o un familiar que niega episodios dolorosos ocurridos en la infancia. En todos los casos, el denominador común es la erosión progresiva de la autonomía emocional de la víctima.


Ghosting: la desaparición como forma de castigo
Por otro lado, el ghosting consiste en desaparecer de una relación sin dar explicación alguna: mensajes que no se responden, bloqueos en redes sociales y la súbita ausencia de todo contacto. Aunque algunos lo justifican como un mecanismo de autoprotección para evitar confrontaciones, lo cierto es que en la mayoría de los casos constituye un acto de irresponsabilidad emocional y, en situaciones más graves, de violencia pasiva.


La persona que es víctima de ghosting se queda atrapada en un limbo emocional. No sabe si hizo algo mal, si la relación terminó o si existe alguna posibilidad de reconciliación. Esta incertidumbre no solo genera ansiedad, sino que también impide cerrar ciclos de manera sana. En términos psicológicos, la falta de comunicación y de cierre provoca una especie de “duelo congelado”, donde la persona no puede elaborar lo sucedido porque no tiene un punto de referencia claro.


En un mundo donde las interacciones se sostienen principalmente a través de dispositivos digitales, el ghosting se ha normalizado peligrosamente. Lo que antes hubiera sido considerado un acto de desprecio abierto —abandonar a alguien sin explicación— hoy se maquilla bajo la premisa de “es más fácil desaparecer que enfrentar”.


La violencia invisible
Tanto el gaslighting como el ghosting tienen un denominador común: invisibilizan el dolor. Al no dejar huellas físicas, muchas veces se desestiman con frases como “no es para tanto” o “ya lo superarás”. Sin embargo, las consecuencias emocionales pueden ser tan graves como las de la violencia explícita. Ansiedad, depresión, baja autoestima y dificultades para establecer nuevas relaciones son algunas de las secuelas más frecuentes.


La gran paradoja es que estas prácticas suelen surgir en contextos donde se espera cuidado y confianza: parejas, amistades o vínculos laborales. Es decir, en los espacios donde el ser humano debería sentirse más protegido. Por eso, resulta fundamental nombrarlas, visibilizarlas y denunciarlas como formas de violencia.


Normalización y cultura digital
No podemos ignorar que la cultura digital ha potenciado estas dinámicas. Las redes sociales y aplicaciones de mensajería ofrecen la posibilidad de desaparecer con un simple clic o de distorsionar la realidad mediante narrativas sesgadas. La inmediatez de la comunicación ha generado la ilusión de que todo vínculo puede interrumpirse en cualquier momento, sin responsabilidad alguna.


El problema no es la tecnología en sí, sino la manera en que se usa. El anonimato, la hiperconexión y la facilidad de contacto han transformado nuestras expectativas sobre las relaciones humanas. La idea de que todo es reemplazable —incluidas las personas— alimenta un ciclo de desechabilidad que facilita prácticas como el ghosting.


La responsabilidad afectiva como alternativa
Frente a estas nuevas formas de violencia, surge un concepto clave: la responsabilidad afectiva. Esta se refiere a la capacidad de asumir el impacto que nuestras palabras y acciones tienen sobre las demás personas. Implica ser conscientes de que incluso el silencio, la evasión o la manipulación dejan huellas.


Tener responsabilidad afectiva no significa sostener vínculos a toda costa, sino aprender a cerrarlos de manera respetuosa. Significa reconocer el derecho del otro a una explicación honesta, aunque sea breve, y el deber de no jugar con su percepción de la realidad.


Reflexión final
El gaslighting y el ghosting son síntomas de una sociedad que aún no ha aprendido a dialogar con madurez sobre los afectos. Aunque no dejen moretones en la piel, dejan cicatrices profundas en la mente y el corazón. Invisibilizados es perpetuar un círculo de violencia emocional que mina la confianza en los vínculos humanos.


Hablar de estas prácticas, reconocerlas y educar sobre ellas es el primer paso para frenarlas. La violencia no solo se mide en golpes; también se mide en silencios, ausencias y manipulaciones que, poco a poco, arrebatan la tranquilidad emocional. La tarea que nos corresponde como sociedad es clara: construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y la responsabilidad afectiva. Solo así podremos desarmar estas nuevas formas de violencia antes de que se normalicen de manera irreversible.


REFERENCIAS
Ciabatti, M., Nerini, A., & Matera, C. (2024). Gaslighting experience, psychological health, and well-being: The role of self-compassion and social support. Journal of Interpersonal Violence. Advance online publication. https://doi.org/10.1177/08862605241307232


Illuminating gaslighting: A comprehensive interdisciplinary review of gaslighting literature. (2025). Journal of Family Violence. Advance online publication. https://doi.org/10.1007/s10896-025-00805-4