Por Rosario Rivera Cárdenas

Las flores siempre han estado presentes en la historia de la humanidad. Desde los primeros rituales religiosos hasta las celebraciones actuales, acompañan nuestros momentos más importantes: nacimientos, bodas, funerales, aniversarios. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar en lo que realmente significan más allá de su belleza. ¿Qué son las flores sin el contexto de la naturaleza? No son solo un adorno, sino un engranaje fundamental del ecosistema y, al mismo tiempo, un puente cultural y emocional entre las personas. Este artículo busca compartir mi opinión sobre su papel como parte esencial de la vida, su valor ecológico, económico y social, así como los retos que implica su conservación en un mundo en constante cambio.


Flores y naturaleza: el corazón del ecosistema
Las flores son el medio principal de reproducción de muchas plantas. Gracias a ellas se lleva a cabo la polinización, un proceso que no solo asegura la supervivencia de las especies vegetales, sino también nuestra propia alimentación. Sin flores, no existirían frutos, semillas ni gran parte de los cultivos de los que dependemos. Abejas, aves y mariposas se convierten en sus aliados naturales, y juntos conforman una red de vida indispensable. Para mí, detenerse a observar cómo una abeja busca néctar en una flor no es un simple acto de contemplación: es recordar que nuestra vida está íntimamente ligada a esos pequeños procesos naturales.


Valor cultural y humano
Las flores también han inspirado símbolos, tradiciones y sentimientos. En México, el cempasúchil es parte esencial del Día de Muertos; en Japón, los cerezos florecen como recordatorio de lo efímero de la vida; en muchas culturas, la rosa es sinónimo de amor. Este valor simbólico se refleja en que las flores acompañan casi todos los ritos de paso de la vida humana. Además, no solo son símbolos, también generan bienestar emocional. Regalar o recibir flores transmite un mensaje que a veces las palabras no alcanzan a expresar. En lo personal, creo que las flores representan esperanza: son frágiles, pero al mismo tiempo tienen la fuerza de florecer incluso en los suelos más difíciles.


Economía y ciencia detrás de los pétalos
La industria de la floricultura es un motor económico en varios países. Holanda, por ejemplo, es líder mundial en exportación de flores, y Colombia también ocupa un lugar destacado en el mercado internacional. Más allá del comercio, las flores han sido objeto de investigación científica. Se han estudiado sus propiedades medicinales —como la manzanilla o la lavanda— y su potencial en biotecnología y agricultura sostenible. Hoy incluso se desarrollan invernaderos inteligentes que controlan la luz, el agua y la temperatura para producir flores de mejor calidad. Esto me hace pensar que, aunque las flores parezcan simples, en realidad son un campo de conocimiento enorme que combina naturaleza, tecnología y economía.


Retos y reflexiones personales
Pero también hay un lado crítico: la pérdida de biodiversidad amenaza a muchas especies de plantas y flores. La urbanización descontrolada, el cambio climático y el uso excesivo de químicos en la agricultura han reducido la población de polinizadores y, con ello, la supervivencia de numerosas flores. ¿Qué pasará si seguimos perdiendo especies? Mi opinión es que valorar las flores no debe quedarse en admirar su belleza, sino en asumir un compromiso real con la naturaleza. Cuando cuidamos un jardín, sembramos una planta o protegemos un ecosistema, también estamos protegiendo la posibilidad de que esas flores sigan existiendo.


Conclusión
Las flores son vida, cultura y futuro. Son el lenguaje silencioso de la naturaleza, recordándonos que sin ellas no habría alimentos, medicinas ni paisajes que nos inspiran. También son un símbolo de esperanza y resiliencia: aunque frágiles, tienen la capacidad de florecer incluso en condiciones adversas. En un mundo marcado por el cambio climático y el desarrollo tecnológico, detenernos a valorar a las flores no es un acto romántico, sino una necesidad. Mi conclusión es clara: si aprendemos a cuidar y valorar las flores, también estaremos cuidando nuestra propia supervivencia. Porque al final, así como las flores nos enseñan, siempre habrá una oportunidad de florecer, aún en los escenarios más difíciles.


Referencias
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