¿Cuál es el precio electoral de la Uagro?
Por: Jesús Lépez Ochoa
La Universidad Autónoma de Guerrero tiene 90 mil estudiantes. Y en su última elección rectoral, Javier Saldaña obtuvo 62 mil votos. Con una participación del 83%. Eso no es una elección universitaria. Es un censo político.
Pero en una elección real, sin candidatura única, sin control del proceso, sin la llave de tu título en la mano — ese número se desploma. La participación electoral real en Guerrero ronda el 55 por ciento. El padrón universitario está disperso en todo el estado. Y en una urna pública, la coacción institucional no viaja contigo.
Con esos descuentos, Saldaña podría movilizar entre 15 y 22 mil votos reales. Suficiente para inclinar un distrito. No para ganar Guerrero.
Y él lo sabe.
Por eso la semana pasada no organizó un mitin político. Organizó un evento académico.
Llevó 200 estudiantes de las ocho regiones de Guerrero al Recinto Legislativo de San Lázaro. «Diputados por un día», dijo el boletín oficial de la UAGro. Monreal los recibió, los aplaudió, y llamó a Saldaña «gran rector» con «madurez política». Saldaña le respondió llamándolo «arquitecto de puentes y constructor de acuerdos».
No se estaban elogiando. Se estaban asignando roles.
Y entonces apareció Esthela Damián. Consejera Jurídica de la Presidencia. Favorita de Sheinbaum para gobernar Guerrero en 2027. ¿El otro extremo del puente? Ella fue presentada ese día no como aspirante política sino como egresada distinguida de la UAGro, invitada a dar una conferencia magistral.
Saldaña montó la escena completa. Monreal fue el maestro de ceremonias. Y Esthela recibió algo que no tiene y que necesita desesperadamente: un relato de arraigo guerrerense.
Tal vez Esthela tenga la bendición presidencial, como dicen sus bienquerientes, pero no tiene territorio. Su hermano acaba de ser nombrado auditor federal de los estados — justo cuando ella quiere gobernar uno. La tienen operando el proceso interno de Puebla, lejos de donde necesita construir. Y sus malquerientes dicen que no conoce Guerrero pese a que nació en Chilpancingo.
Lo que vio en San Lázaro fue una demostración de producto: 200 estudiantes de las ocho regiones del estado, movilizados con recursos públicos, bajo una estructura que lleva tres rectorados construyéndose.
Y al día siguiente, Saldaña desayunó huevos rancheros con Félix Salgado.
Para demostrar que siguen siendo amigos. Para que no haya ruptura visible. Y quizás — solo quizás — para contarle lo que pasó el día anterior.
Javier Saldaña nunca ha sido candidato a nada, que no sea la Rectoría. Pero esta semana hizo algo que los candidatos experimentados hacen cuando saben que no pueden ganar solos:
Mostró lo que tiene. Y se aseguró de que los compradores correctos estuvieran en la sala.
Una estructura que debería ser académica. Financiada con presupuesto público. Operada bajo coacción institucional.
En venta. Al ya no poder reelegirse Saldaña en la Rectoría.
El precio no es la gubernatura. Eso él sabe que no puede ganarlo solo.
El precio es una diputación federal.
Y esta semana salió a cotizar su futuro.
