Apostemos al turismo sustentable
Por: Jesús Lépez Ochoa
En materia de turismo Guerrero es como el hermanito mayor al que su mamá le dijo que era el más guapo e inteligente, y convencido de ello prefirió no darse cuenta de que fue el primero, pero no el único; que hay otros estados con mucha belleza, pero sobre todo que, al parecer, éstos han tenido una mayor inteligencia para desarrollar y promover sus atractivos.
Esto lo digo porque me llamó la atención que en las 16 categorías de los premios “Lo mejor de México 2025” que otorga la revista México Desconocido, solo aparecen el pozole, la artesanía de plata de Taxco, la liberación de tortugas, y Barra de Potosí.
Y no es que esté mal, pero la selección de atractivos en cada categoría hace muy notoria la enorme oferta con la que nuestro estado compite con otros.
Tal vez es lo que necesitamos, ver esa competencia en perspectiva, para darnos cuenta de cuan difícil resulta atraer gente a gastarse su dinero con nosotros en la actualidad. Cuánto nos falta por desarrollar, y cuánto nos falta para poder desarrollar, los circuitos o rutas con los que cuentan otros estados como la del vino y el queso en Querétaro, la del Tequila en Jalisco o la del Pulque en Tlaxcala, por citar algunas.
De entrada, la autopista del sol, que ha mantenido vivo a un devaluado Acapulco originó una especie de zona de confort en las autoridades turísticas históricamente centradas en el llamado Triángulo del Sol, porque de esa manera el turismo nacional llega prácticamente solo a este puerto, el internacional arriba por avión a Ixtapa-Zihuatanejo, y Taxco tiene por sí solo mucha cercanía con el centro del país.
Pero Guerrero tiene mucha oferta por desarrollar. Sin despegarnos mucho de la autopista tenemos que en el municipio de Juan R. Escudero está la zona arqueológica de Tehuacalco, y el río Omitlán. Pero también hay que pasar por un retén de señores armados que piden cooperación voluntaria para poder pasar. Cuánto falta por desarrollar, y cuánto para poder desarrollar.
Más adelantito en Ocotito, cuando veo el cerro del indio dormido, pienso que en cualquier otro estado sería un atractivo como el cerro de la silla en Monterrey, Nuevo León; el de la Campana en Hermosillo, Sonora, o en cualquier otro donde se generan actividades para el turismo a su alrededor.
Para ello también es necesaria la organización comunitaria, para que los pobladores sean quienes hagan el aprovechamiento turístico y participen en la seguridad como se hace en Tolantongo, Hidalgo, o no vamos lejos, como se hace también en las Pozas Azules de Atzala, aquí mismo en Guerrero, donde también se cuida que se respete la prohibición de cazar a las especies.
Pero ha sido más cómodo para los gobiernos y funcionarios de turismo estatal que hemos tenido a lo largo de muchos años, no ensuciarse los zapatos ni desgastarse en promover la participación comunitaria y el aprovechamiento de la actividad turística por los pobladores, porque lo más sencillo es decir a los grandes inversionistas que generen unos cuantos empleos y se lleven todas las ganancias.
Sé que existen muchos problemas de inseguridad y falta de infraestructura carretera que impiden conectar muchos de los atractivos guerrerenses y establecer rutas entre ellos, pero en algún punto debe hacerse.
No somos el niño más guapo, ni el más listo, pero podemos seguir en la competencia si nos unimos con nuestras comunidades para ayudarles a aprovechar su potencial turístico, y que el dinero, se quede en casa. Apostemos al turismo sustentable.