Por: José I. Delgado Bahena
Mira: reconozco que no he sido el chavo más guapo, pero sí una persona muy carismática; sin embargo, no fue sino hasta primer año de la universidad cuando tuve mi primera novia formal; esto a mis dieciocho años recién cumplidos. Pero hoy quiero hablarte de Naty, quien, a sus veintisiete años ya era mi maestra, y encargada del servicio de informática en la escuela donde yo estudiaba; se rumoreaba que logró ese trabajo gracias a que su esposo era el director de dicha unidad. Ella es una mujer chaparrita, chinita y de muy lindo cuerpo; pero tenía fama de que, a veces, se “acostaba” con los alumnos. Todos mis compañeros fantaseaban con ella. A esa edad, pues, a todos nos despierta curiosidad el sexo y, con tanta energía… a veces buscamos desahogarnos.
Ella llegó al segundo día de clases y se presentó como nuestra maestra de computación; entonces, nos dijo que podíamos buscarla siempre que tuviéramos alguna duda referente a su materia, o relacionado a lo que ella hacía.
El semestre pasó sin novedad y, aunque yo no era un alumno muy inteligente, siempre fui muy constante en mis calificaciones.
Al iniciar el segundo semestre de la carrera, después de las respectivas vacaciones decembrinas, nos cambiaron al maestro de computación y, la verdad, no era muy bueno enseñando, así que un día opté por ir a pedirle un poco de orientación a la maestra Naty, la cual me recibió con una enorme sonrisa y me invito a pasar a una computadora que estaba desocupada, ya que tenía algunos alumnos a los cuales, de igual manera, estaba orientando. La verdad, me ayudó a despejar sin problema todas las dudas que tenía, y de muy buen modo. La noche cayó y, poco a poco, los demás alumnos que estaban ahí se fueron despidiendo, hasta que quedamos únicamente la maestra y yo, ya que ella tenía que esperar su hora de salida, la cual era hasta las 9 de la noche; entonces, me ofrecí a esperarla, ya que me había ayudado bastante.
Cuando ella estaba apagando la última computadora, me habló para decirme si podía ayudarle a bajar unas cajas que tenía en un estante; por supuesto, accedí a hacerlo. Me coloqué a su espalda, para recibirle las cajas; pero, de pronto, se dio la vuelta y me dijo: “Ten cuidado, no te pongas detrás de mí, porque te puedes sorprender” (esto acompañado de una sonrisa pícara); a lo cual me quedé mudo, y al instante tenía su boca besando la mía desenfrenadamente. De inmediato, por mi falta de experiencia, hice lo que pude y empecé a acariciarla por todo su cuerpo. Fue ahí donde descubrí sus más grandes atributos, los cuales disfruté a placer. Fue bastante incómoda la experiencia, ya que solamente tendimos una cortina en el piso con unos cartones que había a la mano; pero, aun así disfrutamos el momento.
Cuando habíamos hecho de todo, abandonamos el salón, porque ya era hora de su salida. La acompañé a su auto, esperé que lo encendiera y me fui caminando, tranquilo, contento y satisfecho, hasta llegar al cuarto donde rentaba.
Después de aquella ocasión, todavía tuvimos múltiples encuentros, en su área de trabajo y en otros espacios de toda la escuela (parte de su hotel privado). La verdad, me sentía muy a gusto con su compañía.
Así pasó todo el semestre, hasta que empezó el nuevo ciclo escolar, donde cientos de alumnos de nuevo ingreso llegaron para incorporarse a las carreras que existen en la facultad. Pasaron unas semanas cuando volví a ver a Naty: imponente. Entonces me di cuenta de que yo había quedado perdidamente enamorado de su sensualidad; pero ella no se emocionó del todo: me saludó muy seca y cortante. Quise suponer que era por las miradas de algunos alumnos que pasaban en ese momento por donde nos encontramos. No le tomé mucha importancia y mi vida siguió.
Una tarde sentí la necesidad de que me orientara sobre algunos temas que ella dominaba, y cuál fue mi sorpresa que, al entrar a su oficina, la encontré en los brazos de Adrián, un chico de primer semestre. No dije nada y solo salí de ahí, un poco sacado de onda, después de la escena que había visto. Más tarde ella me llamó y me dijo que, por favor, no dijera nada, porque podría meterla en graves problemas, pero que, de igual manera, ya no podía seguir conmigo, que tenía una nueva pareja, que estaba contenta y muchas cursilerías de esas que dicen los enamorados.
Ahora entiendo cómo es que se hizo de su fama; pero, ¿qué crees?, su rutina no cambia y sigue enamorando a los chicos de nuevo ingreso y de años superiores; además, recién me enteré que es esposa de mi querido director, así que muy pronto él encontrará algunas fotos y mensajes sugerentes de mis amigos que, al igual que yo, fuimos víctimas de su sensualidad.
