Por: José I. Delgado Bahena
La tarde en que murió Karina, ahogada en las turbias aguas de la laguna de Tuxpan, ella y sus amigos, compañeros todos de una escuela del nivel de preparatoria de la ciudad, habían decidido “volarse” las dos últimas horas de clases; por eso, ya en la calle, organizados por Alexander, quien era el único que tenía auto, decidieron hacer la “cooperacha” para comprar cervezas y botanas en el “OXXO fresa”, y de ahí partir rumbo a Tuxpan.
Karina y Manuel se acomodaron en el asiento delantero, a un lado de Alexander, y en el de atrás iban: Marcos, Tania, Inés y el “colado” de Jesús.
Karina era novia de Manuel, Tania de Alexander e Inés de Marcos, de manera que Jesús iba de “soltero”, por lo que, durante el trayecto para llegar a la laguna, fue el blanco de las bromas y burlas de sus compañeros.
“A este güey le vamos a conseguir una tuxpeñita, para que no esté molestando…”, dijo Alexander refiriéndose a Jesús.
“Ya déjenlo en paz…”, lo defendió Tania, “…si venimos a convivir los siete juntos, no es para que se burlen de él”.
“Ok”, dijo Marcos, “no te enojes Tania, qué se me hace que le quieres poner el cuerno con Jesús a Alex”.
“Menso…”,replicó ella, “…mejor destapa una cerveza y dámela, porque ya tengo sed”.
“¿Por qué vienes tan callada, Karina?” Le preguntó Jesús, tratando de desviar la tención hacia la novia de Manuel, que venía encerrada en su silencio.
“Por nada. ¿Por qué?” Respondió ella con tono seco y cortante.
“Nomás preguntaba, no te enojes”.
No hubo tiempo para más diálogos; en ese momento Alexander estacionaba el “vochito” en la orilla de la carretera, junto al muelle, y al descender, observaron que el agua estaba muy arriba de su nivel, por la temporada de lluvias que recién había pasado. Sin desanimarse, bajaron las cervezas y las botanas y buscaron un lugar cerca del agua, para ubicarse y convivir, como lo habían planeado.
Así: con el espacio limitado, se acomodaron por parejas sobre unas piedras, destaparon más cervezas y abrieron las bolsas de frituras. Como una hora después, Jesús decidió quitarse la ropa y, en bóxer, se metió al agua alborotada. Alexander y Marcos, después de terminarse sus cervezas, lo imitaron y se zambulleron para nadar un rato junto a su amigo.
Inés y Tania, con el pretexto de buscar un baño en un restaurante cercano, se alejaron caminando con paso inseguro por las cervezas que habían tomado. Discretamente, Manuel tomó la mano de Karina y la llevó hasta donde asomaban unos muros de la construcción de lo que antes fue el muelle, en esa parte de la laguna.
“¿Cómo le vamos a hacer?” Le preguntó Karina a Manuel, sentados sobre una pequeña loza de cemento que une las columnas del muelle.
“No sé…”, contestó él moviendo los pies dentro del agua para apartar a algunos peces que le mordisqueaban los dedos, “…estamos muy chavos y… pues… si le salgo con esto a mi mamá, me mata”.
“Y qué crees que diría mi papá? Desde que me enteré, no soy capaz de mirarle a los ojos…”, dijo, con tono lloroso, Karina, ¡tanto que me advirtió que no le fuera a fallar, para que yo le salga con mi domingo siete!”
“Pues sí, pero te gustó, ¿no?” Le preguntó él con una sonrisa burlona que apuñaló el corazón de ella.
No contestó, levantó la vista hacia el claro cielo, como buscando una respuesta y deseando que todo fuera un sueño, una terrible pesadilla.
En ese momento, Jesús llegó por la espalda de Manuel y lo empujó hacia el agua. El golpe fue tan fuerte que lo hizo llegar al fondo donde se encontró con unos cables, atados en la base de una columna del muelle, que se le enredaron en uno de sus pies y le entorpecieron el ascenso a la superficie. Al salir, le pidió a su amigo que los dejara solos, ya que estaban arreglando un problema. Jesús se reunió nuevamente con Alexander y Marco siguiendo con su algarabía.
Al poco rato, con mente fría y una determinación inimaginable en un joven de su edad, Manuel invitó a su novia a que se metieran al agua. Karina aceptó y se dejó conducir por él; luego, en un acto inesperado, se sumergió hasta el fondo, donde sabía que se encontraban los cables, tomó los pies de la muchacha para atraerla hacia allí, y con rapidez le enredó los cables. Cuando salió a tomar aire, aún advirtió los movimientos desesperados de su novia tratando de soltarse; cuando supuso que nada se podía hacer por ella, llamó con gritos a sus amigos para que le ayudaran a sacarla.
Los primeros auxilios que le prodigaron a Karina fueron inútiles. El forense que le realizó la autopsia, notificó a los padres que la muchacha tenía un embarazo de aproximadamente dos meses. Las autoridades determinaron libertad incondicional para todos los amigos, al considerar como accidente el deceso de Karina.
