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Ciudad de México, Diciembre 22.- “El juego es el laboratorio del niño.”


Friedrich Froebel, creador del concepto de jardín de niños (o kínder, como también lo conocemos en México), escribió que “el juego es la forma más elevada de investigación”. El pedagogo alemán del siglo XIX concibió materiales que hoy todavía se ven en las aulas: cubos, esferas, bloques.


Y sí, durante siglos los juguetes han sido un soporte pasivo: el niño proyecta mundos, conflictos y descubrimientos a través de ellos. El oso de peluche guarda secretos sin repetirlos. La muñeca parece escuchar, sin registrar nada.
Hoy esa regla se está rompiendo. Los juguetes hablan. Responden. Guardan memoria de lo dicho. La inteligencia artificial está entrando en la habitación infantil, con disfraz de felpa.


La industria lo celebra (¿o lo vende?) como avance pedagógico. Mattel anuncia alianzas con OpenAI. Startups como Curio venden peluches conversacionales para niños a partir de los tres años. La promesa suena tentadora: aprender sin pantallas, un tutor personalizado, un amigo que nunca se cansa.


Y por si fuera poco, una celebridad como inversionista del proyecto de Curio, la cantante Grimes. Su presencia legitima culturalmente a los peluches. No hace una simple campaña de marketing, sino usa la voz de una artista que habla frecuentemente del arte y el futuro. Al declarar “como madre no quiero pantallas para mis hijos”, Grimes introduce una narrativa de autenticidad: la de la creadora que habla también como madre preocupada.


La autenticidad maternal también funciona como blindaje corporativo.
La propuesta, vista como un todo, tiene precisión quirúrgica: todo eso que le causa culpa a los padres de hoy, solucionado por un juguete. Los niños dejarán de ver pantallas, alguien les enseñará y no se exasperará, como un humano promedio.


Pero, ¿qué significa que el primer confidente de un niño sea un algoritmo?
¿Es un avance pedagógico o un experimento social sin manual?


Juguetes para los niños… o niños como juguetes


No es la primera vez que la industria lo intenta. En 2015, Mattel lanzó Hello Barbie. La muñeca grababa las conversaciones de los niños y las enviaba a servidores externos. Fue un escándalo: vulnerabilidades de seguridad, acusaciones de espionaje, rápida retirada del mercado. ¿Qué aprendimos de aquel fracaso?