Por: Ricardo Castillo Barrientos

A una distancia de 67 años del triunfo de la Revolución Cubana, el 1º. de enero de 1959, la hermana República de Cuba vive sus momentos más aciagos por la intensificación de las medidas económicas draconianas del presidente Donald Trump, empecinado en demoler a la dictadura instaurada por los comandantes Fidel y Raúl Castro Ruz.


En la segunda mitad de la década de los años 80s, la mayor de las Antillas del Caribe, sufrió la primera crisis de envergadura, a raíz del derrumbe del bloque socialista que paralizó el intercambio comercial con esas naciones y el retiro del apoyo de la Unión Soviética (URSS), en tecnología, alimentos e hidrocarburos.


A esa etapa crítica se le conoció como “El Periodo Especial”, viéndose el gobierno revolucionario en la imperiosa necesidad de incrementar el racionamiento de alimentos básicos y otros productos indispensables, mediante la famosa “tarjeta”.


En esa época comenzaron los apagones en la isla por la insuficiencia de combustible, afectando en demasía el Sistema Eléctrico Nacional y la limitada operación de termoeléctricas; ciclo negativo que se repite actualmente con más intensidad por la suspensión de suministros energéticos de Venezuela y México.


El pueblo cubano vive intensos días de desesperación por la carencia de alimentos básicos y productos de primera necesidad. El gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, se encuentra imposibilitado de satisfacer las necesidades elementales de subsistencia de la gente, los paliativos de ayuda internacional no logran satisfacer la demanda nacional de una población inerme e inmersa más allá de la pobreza extrema, excepto las familias que reciben apoyo económico y material de sus seres queridos desde el extranjero.

El gobierno norteamericano no solo ha intensificado el embargo económico, sino ha dejado entrever la posibilidad de una intervención armada, en caso que la dictadura cubana no modifique el régimen político, aun con las reformas económicas que ha llevado a cabo y no han tenido la respuesta esperada por la nomenclatura encabezada por el general Raúl Castro.


Pareciera que se está prolongando la agonía del régimen cubano. Sin embargo, los cubanos están dispuestos a defender la soberanía en caso de una intervención armada extranjera. Cada vez son menos los que apoyan a la dictadura castrista pero prefieren un cambio sin violencia y no impuesto desde el exterior como indican las señales desde Florida.


El camino que le espera transitar al noble pueblo cubano parece escabroso, llenos de obstáculos y sin salida aparente. A pesar de lo prolongado de la dictadura castrista, sabrán salir adelante y mejorar sus condiciones de vida a mediano plazo, aunque significa un periodo de tiempo ineludible.


No fue un aniversario más para celebrar o conmemorar; si para renovar esperanzas en el advenimiento de un mejor destino de vida para el pueblo cubano.