Por: José Eduardo Cruz Carbajal


Ciudad de México, Octubre 1.- Ser homosexual, algo que se descubre, algo que resulta confuso y aterrador, algo que no eliges conscientemente, lidiar con sentimientos distintos no es fácil, ya que lo diferente siempre genera rechazo, vergüenza, una sensación de incomprensión y de falta de pertenencia al núcleo social inmediato a ti, tu familia y tus amigos. El silencio se vuelve tu mejor aliado, quizás no es la mejor solución, pero sabes que mientras no se hable del tema, no habrá ningún problema, desde luego el silencio es temporal, ya que llegará el día en que todo saldrá a la luz y ya no podrás esconderte.

Sufres y lloras en soledad, caminas con el corazón herido, rogando a Dios que cambie tus sentimientos, se lo pides con todo tu corazón y con toda tu fe, pero esa oración no recibe respuesta, tus sentimientos te generan culpa, ya que seguramente creciste oyendo toda tu vida que sentir algo afectivo por alguien de tu mismo sexo es impensable. Casi todo el mundo a tu alrededor te señala, te juzga, haciéndote responsable por elegir una orientación sexual distinta a la norma, como si tal orientación pudiera elegirse, yo pregunto, ¿Tú crees que si yo hubiera sabido que ser homosexual haría mi vida triste y solitaria hubiera elegido sentir lo que siento? La respuesta es un rotundo ¡No! ¿Quién elegiría en su sano juicio una batalla que durará toda la vida?

A los homosexuales nos han robado la vida, nuestros amores son condenados y rechazados socialmente, si eres alguien que tiene fe en Dios, pareciera que tu fe es una mentira, ya que lo que crees y lo que sientes se oponen entre sí, lidiar con tal batalla es un desgaste horroroso, pareciera que no tienes libertad para vivir una vida como todos los demás simplemente porque no te gusta quien debería de gustarte, ¿Tan grave es ser homosexual?

Los amigos de quien es homosexual se vuelven su refugio seguro, ellos siempre están allí, quizás no lo entienden todo, y tampoco tienen la respuesta a la gran pregunta de ¿Por qué habiendo tantas personas en el mundo tenía que ser yo? Pero su amor y su aceptación incondicional se vuelven un suave ungüento para ese corazón herido, ese amor que no promete que los sentimientos cambien algún día, pero que si promete una fiel compañía a lo largo de lo que resta del camino.

Referencias: Silvera, A. (2017). Al final mueren los dos. México: Ediciones Urano.

*José Eduardo Cruz Carbajal (Iguala, Guerrero) es psicólogo con estudios en tanatología. Contacto: psiceduardo15@gmail.com

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