«Septiembre, mes patrio, mes de la soberanía»

Por: Alejandra Salgado Romero

“La independencia se conquista todos los días”
Claudia Sheinbaum Pardo

Septiembre, mes en que México se viste de verde, blanco y rojo; las plazas se llenan de banderas, las calles de música y las familias se reúnen para “celebrar a México”. Pero detrás de los adornos, de los fuegos artificiales, de los desfiles y de los tradicionales sabores de nuestra cocina, existe algo mucho más profundo: la memoria de una nación que aprendió, a través de enormes sacrificios, que la libertad, la soberanía y la dignidad no son regalos ni prebendas, sino conquistas históricas que deben defenderse y renovarse todos los días.

En este 2026, volver la mirada hacia septiembre resulta particularmente significativo. No para convertir la historia en recuerdos ni colecciones, ni a nuestros héroes y heroínas en figuras y relatos alejados de nuestra realidad, sino para comprender que México es el resultado de generaciones de hombres y mujeres que imaginaron un país distinto y estuvieron dispuestos a luchar por él.

El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) identifica entre las principales fechas cívicas de septiembre el 13, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes; el 15, conmemoración del Grito de Independencia; el 16, aniversario del inicio de la Independencia; el 27, consumación de la Independencia, y el 30, aniversario del nacimiento de José María Morelos y Pavón. Cada una de esas fechas encierra una historia. Y cada historia contiene una lección.

El 13 de septiembre nos recuerda que defender a México también ha significado, en distintos momentos, entregar la vida por la soberanía nacional. En 1847, durante la invasión estadounidense, alrededor de 50 cadetes del Colegio Militar participaron en la defensa de Chapultepec, donde seis jóvenes: Juan de la Barrera, Juan Escutia, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez y Francisco Márquez, quedaron inscritos en la memoria colectiva como símbolos de valor y sacrificio. El INAH documenta que las fuerzas mexicanas enfrentaron una enorme desventaja frente a los invasores: más de 7 mil soldados estadounidenses sitiaron posiciones defendidas por poco más de 800 mexicanos. No se trata solamente de recordar una batalla. Se trata de comprender el significado de la palabra soberanía.

Con respecto al 15 de septiembre, se trata de una noche profundamente arraigada en la identidad mexicana. Sin embargo, la historia nos exige una precisión importante: el levantamiento ocurrió en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando Miguel Hidalgo y Costilla convocó a la población de Dolores, Guanajuato, a iniciar la lucha contra el dominio virreinal. La celebración nocturna del 15 se consolidó posteriormente como tradición nacional; el INAH señala que desde 1896 la campana de Dolores comenzó a ocupar un lugar central en la ceremonia realizada en Palacio Nacional. En aquella extraordinaria transformación participaron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, José María Morelos, Vicente Guerrero y muchísimos hombres y mujeres cuyos nombres no siempre aparecen en los libros escolares ni en las ceremonias oficiales. Campesinos, artesanos, indígenas, mestizos, mujeres organizadas, militares, intelectuales y comunidades enteras fueron construyendo, con sus propias contradicciones y circunstancias, un proceso que modificó para siempre la historia de México.

El historiador Rodrigo Moreno Gutiérrez, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, propone precisamente mirar la Independencia no como un episodio simple y predeterminado, sino como un proceso histórico extraordinario e impredecible, atravesado por política, guerra, violencia, instituciones, creencias y profundas transformaciones sociales. Dicha mirada resulta fundamental en 2026: conocer la historia no significa repetirla mecánicamente, sino comprenderla críticamente.


El 27 de septiembre tiene, por su parte, una relevancia enorme. En 1821, once años después del levantamiento iniciado en Dolores, el Ejército Trigarante entró triunfalmente a la Ciudad de México. Con ello se consumó la Independencia, y al día siguiente se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. La historia, por tanto, no comenzó y terminó en un grito. Fue una larga lucha.


Y quizá uno de los mayores símbolos de esa complejidad sea José María Morelos y Pavón, cuyo nacimiento se conmemora el 30 de septiembre. Morelos no solamente combatió militarmente; también imaginó instituciones y principios para la nación que estaba naciendo. En los Sentimientos de la Nación planteó la abolición de la esclavitud y de las distinciones de castas, así como la igualdad entre los americanos. También propuso solemnizar el 16 de septiembre como aniversario del inicio de la lucha por la libertad. Es difícil encontrar una mejor definición del sentido profundo de nuestras fiestas patrias: libertad, igualdad y dignidad.

Amar a México no consiste únicamente en emocionarse cuando suena el Himno Nacional. Es respetar a sus pueblos originarios, reconocer la aportación histórica de las mujeres, proteger nuestro patrimonio cultural, defender nuestra soberanía, cuidar nuestros recursos naturales, promover la educación, combatir la desigualdad, respetar nuestras instituciones y trabajar para que las nuevas generaciones tengan mayores oportunidades que las anteriores. Es también comprender que la patria no pertenece exclusivamente a quienes aparecen en los libros de historia. La patria pertenece a todas y todos.


Enrique Florescano estudió precisamente la relación entre memoria, historia y construcción de la nación, mostrando cómo las sociedades reinterpretan su pasado para dotarlo de significado en el presente. Por eso, en este septiembre de 2026, México tiene una cita con su propia memoria. Que el 15 de septiembre sea una noche de alegría, que haya música, gastronomía, convivencia familiar y orgullo nacional. Pero que detrás de cada bandera exista conocimiento; detrás de cada ¡Viva México!, memoria; detrás de cada desfile, conciencia; y detrás de cada ceremonia, el compromiso de construir un país digno de quienes lucharon por él.


Que las fiestas patrias sean una oportunidad para llevar a niñas, niños y jóvenes a los museos, visitar sitios históricos, leer sobre nuestra independencia, sus héroes y heroínas, conversar con nuestros/as mayores y descubrir que la historia nacional es mucho más grande, compleja y apasionante que cualquier ceremonia. Y que sea también un compromiso colectivo para construir un México cada vez más fuerte, justo, soberano, progresista y próspero; un México que avance con la mirada puesta en el futuro, pero con la memoria viva de quienes nos dieron libertad y patria.

Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.