«Maltrato en la vejez: La violencia que aún no queremos ver»
Por: Alejandra Salgado Romero
“Los niños aprenden mientras juegan. Más importante aún, en el juego aprenden a aprender»
O. Fred Donaldson
Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha impulsada por la Red Internacional para la Prevención del Maltrato a las Personas Mayores y reconocida posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el propósito de visibilizar una problemática que durante décadas permaneció oculta en los hogares, las instituciones y, en muchas ocasiones, en la indiferencia social.
Para 2026, la ONU ha establecido como lema de esta conmemoración: “Más allá de la sensibilización: lograr una prevención eficaz del maltrato a las personas mayores”, un llamado que reconoce que la conciencia es importante, pero insuficiente si no se traduce en acciones concretas, políticas públicas, redes de apoyo y una cultura de respeto hacia las personas mayores. Hablar de vejez es hablar de una etapa natural de la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera personas mayores a quienes tienen 60 años o más. Sin embargo, la vejez no debe entenderse únicamente desde una perspectiva biológica. Es una etapa cargada de experiencia, conocimientos, memoria histórica, afectos y aportaciones sociales que enriquecen a las familias y comunidades.
Paradójicamente, mientras la humanidad envejece a un ritmo acelerado, también aumentan los riesgos de discriminación, abandono y violencia hacia este sector poblacional. De acuerdo con datos de Naciones Unidas, entre 2019 y 2030 la población mundial de 60 años y más crecerá de mil millones a 1.4 mil millones de personas, superando numéricamente a la población joven en diversas regiones del planeta. Las cifras son preocupantes. La ONU y la OMS estiman que aproximadamente una de cada seis personas mayores de 60 años ha sufrido alguna forma de abuso en entornos comunitarios, mientras que el problema podría ser aún mayor debido a la escasa denuncia de los casos. El maltrato puede manifestarse de distintas formas: física, psicológica, emocional, económica, patrimonial, sexual o mediante negligencia y abandono.
En México, el envejecimiento poblacional también avanza rápidamente. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las personas de 60 años y más representan ya una proporción significativa de la población nacional y se proyecta que continúe creciendo durante las próximas décadas. Este fenómeno demanda fortalecer los sistemas de salud, seguridad social, cuidados y protección de derechos. Más allá de los números, conviene reflexionar sobre una realidad incómoda: muchas agresiones contra personas mayores ocurren dentro del entorno familiar. El abuso económico, la desatención, el aislamiento, la infantilización de sus decisiones o la exclusión de la convivencia cotidiana son formas de violencia que frecuentemente pasan inadvertidas. El maltrato no siempre deja huellas visibles; a veces se expresa en silencios, indiferencia o abandono.
Especialistas en envejecimiento han insistido en esta realidad. El médico y gerontólogo Alexandre Kalache, uno de los referentes mundiales en políticas de envejecimiento, ha señalado que una sociedad amigable con las personas mayores no se mide solamente por la atención médica que ofrece, sino por el respeto, la inclusión y las oportunidades que brinda para una participación activa en la vida comunitaria. Del mismo modo, la doctora María del Carmen García Peña ha destacado la necesidad de construir entornos que favorezcan la autonomía, la dignidad y el bienestar integral de las personas mayores. La propia ONU ha advertido que el edadismo, -la discriminación basada en la edad-, constituye una de las barreras más importantes para garantizar los derechos de este grupo poblacional. Cuando se asume erróneamente que una persona mayor ya no puede aportar, aprender, trabajar, decidir o participar, se abren las puertas a múltiples formas de exclusión.
Por ello, esta conmemoración no debe quedarse en discursos. Durante 2026, organismos internacionales, gobiernos, universidades, instituciones de salud y organizaciones de la sociedad civil desarrollan conferencias, campañas de sensibilización, jornadas informativas, actividades comunitarias y encuentros especializados enfocados en la prevención, detección y atención del maltrato hacia las personas mayores. Particularmente, Naciones Unidas ha puesto énfasis en fortalecer la coordinación entre las políticas de envejecimiento, discapacidad, cuidados y protección social. Las propuestas son claras. Es necesario promover una cultura de denuncia, fortalecer los sistemas de cuidados, impulsar programas de envejecimiento activo, garantizar pensiones dignas, ampliar la cobertura de salud y fomentar la convivencia intergeneracional. Pero también existen acciones cotidianas al alcance de cualquier persona: escuchar con atención, acompañar, respetar decisiones, valorar experiencias, visitar con frecuencia, reconocer aportaciones y evitar cualquier conducta que menoscabe la dignidad de quienes transitan esta etapa de la vida.
Cada persona mayor representa una historia de esfuerzo, trabajo y contribución social. Son mujeres y hombres que construyeron familias, formaron generaciones, impulsaron comunidades y ayudaron a forjar el país que hoy habitamos. Su experiencia constituye un patrimonio humano invaluable que ninguna sociedad puede darse el lujo de desaprovechar. En una época caracterizada por la rapidez y la inmediatez, la vejez nos recuerda el valor de la memoria, la paciencia, la resiliencia y la sabiduría acumulada. Reconocer a las personas mayores no es un acto de caridad; es un acto de justicia.
Este 15 de junio, el mejor homenaje no consiste solamente en hablar del problema, sino en actuar para prevenirlo. Que cada hogar, cada comunidad y cada institución se conviertan en espacios seguros donde las personas mayores puedan vivir libres de violencia, discriminación y abandono. Porque todas y todos aspiramos a llegar a la vejez. Y porque la sociedad que hoy construyamos para nuestras personas mayores será, tarde o temprano, la sociedad que nos recibirá a nosotros.
Hagamos de cada hogar un espacio de amor y cuidados; de cada comunidad, un lugar de respeto y empatía; y de cada día, una oportunidad para agradecer, acompañar y dignificar a quienes tanto han dado por nosotros.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.
