“En ellos se refleja el mismo brillo de la tristeza”
Rufus Emeterio

Me gusta estar a solas con la luz apagada, es un momento de quietud, de disfrutar mi propia compañía, de sonreír por los logros de cada día, de agradecer a Dios por su favor y su misericordia para conmigo, cuando veo donde estoy y lo que he alcanzado, solo tengo a alguien en mente…Él. Pero también por las noches he pensado en todo lo que ha quedado atrás en estos 31 años…Mis años de desempleo, en los que afortunadamente no me faltó nada, pero que me hicieron sentir inútil para el mundo, mi proyecto de vida que nunca pudo ser tal como lo tenía en mente: un trabajo fascinante, viajes constantes para seguir en contacto con mis amigos, me imaginaba rodeado de gente, riendo a carcajadas los fines de semana rodeado de la gente que yo más amaba. Sin embargo, no fue así, me topé con la frustración, con puertas cerradas, y descubierto…un secreto salió a la luz, mi mundo se hizo pedazos, en ese momento la tristeza y la soledad aparecieron, camino con el corazón herido.

Desde entonces siento un hueco en el pecho, es como si me hubieran arrebatado una parte de mí, a veces lloro por el dolor que dicha revelación trajo a mi vida, en verdad hubiera dado todo porque tal secreto nunca se revelara, pero desde siempre supe que algún día todo caería por su propio peso… me dolió muchísimo, me sentí avergonzado, pero al mismo tiempo extrañamente liberado, quienes me aman siempre estuvieron allí, solo que de una manera distinta, hoy entiendo que nunca he estado solo, pero muchas veces me he sentido solo.

Hoy disfruto la vida, mi trabajo me hace feliz, mi gente me hace feliz, pero no niego que a veces me pregunto. ¿Cómo sería la vida si todo hubiera salido como yo lo pensé? Seguramente hubiera sido buena, de eso no me queda ninguna duda, pero también es seguro que no sería quien soy ahora, no tendría lo que ahora tengo, y no conocería el amor y la amistad tal como ahora los conozco.

Todo a un precio muy alto, jamás pensé que doliera ni que costará tanto, si hubiera sabido que así sería el juego de la vida conmigo, seguramente hubiera elegido no vivir, y al no vivir me hubiera perdido mucho de esta aventura llamada vida, la cual no cambio por nada en el mundo, elijo vivir hasta mi último suspiro, mis ojos han llorado añorando el ayer, cuando me sentía seguro y a salvo, pero también han reído hoy por las memorias que he acumulado, ¿sueno muy contradictorio? Puede ser que sí, puede ser que no, pero al igual que todos los demás, mi vida no es de un solo color, ni tan blanco ni tan negro, también existe en mí una gama de grises.

Referencias: Silvera, A. (2018). Al final mueren los dos. México: Ediciones Urano.

*José Eduardo Cruz Carbajal (Iguala, Guerrero) es psicólogo con estudios en tanatología. Contacto: psiceduardo15@gmail.com

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