“Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja.”

Job 10:1

Por: José Eduardo Cruz Carbajal


Ciudad de México, Julio 16.- Escribo estas líneas con el corazón roto, con el corazón hecho pedazos, me siento tan culpable, siento que lo eché a perder, todo por miedo, por el maldito miedo que me llevó a tomar la decisión más difícil de mi vida, algo que no quería hacer, no tenía la intención de hacerlo, sin embargo, fui presa de una emoción temporal y nunca dimensioné las consecuencias de tan fatal decisión.

¡Lo arruiné todo! El amor de mi vida ya no está más a mi lado, ya no tengo a mi amado, a mi amigo, a mi compañero… ¡Es demasiado dolor para ser soportado! Siento un vacío en mi pecho, es un dolor que no sé cómo describir, ¡Y todo por el miedo! Me siento cayendo al vacío, no tengo apetito, no sé cómo es que sigo en pie, siento mucho dolor en mis entrañas, quiero llorar, necesito llorar, pero las lágrimas no brotan de mis ojos, eso me tiene desconcertado.

Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás, a los días en que tenía su compañía, a los días en los cuales planeábamos una vida juntos, una vida en donde solo éramos nosotros dos, una vida llena de afecto, de cariño, de largas charlas al anochecer y por la madrugada, si tan solo él pudiera perdonarme, si tan solo tuviera una nueva oportunidad, ¡Tan solo una! ¿Es mucho pedir?

Si eso fuera posible todo cambiaría amor, tenlo por seguro, te demostraría con actos concretos que no te equivocaste al elegir amarme a mí, con amor sanaría la herida que yo te cause, porque con amor todo se sana, el amor siempre es más fuerte que el dolor, te llenaría de besos, de abrazos, te daría una nueva versión de mi mismo, tendrías a un amor más sabio, más prudente, más sereno, por favor permíteme amarte, permíteme demostrarte la realidad y la fuerza de mis sentimientos hacia ti.

Mi corazón aun es tuyo, no quiero dejarte ir, no puedo hacerlo, tu amor es amor del bueno, un amor al que no quiero renunciar, me equivoque al soltarte, ¡No tienes idea de cuánto me pesa! Sé que estás dolido, y no es para menos, ¡Me dueles amado mío! ¡Tu ausencia es muy dura para poder ser soportada! Sé que aun tienes sentimientos para conmigo, eso me da una esperanza y una luz en este valle tan oscuro que estoy atravesando y del cual no encuentro aun salida, ponme en un lugar especial en tu corazón, no dejes de amarme que yo no lo haré. ¡Eres mi más dulce tesoro!

*José Eduardo Cruz Carbajal (Iguala, Guerrero) es psicólogo con estudios en tanatología. Contacto: psiceduardo15@gmail.com

Comparte en:

Versión impresa