Por: Eduardo Cruz Carbajal


Ciudad de México, Agosto 6.- El dolor que produce una historia de amor que fue interrumpida es sumamente devastador, ya que tu amado no muere físicamente, pero sí deja de ser parte de tu vida, esa historia que se estaba escribiendo de manera conjunta se queda con páginas en blanco, produce un dolor en el alma tan profundo, es como si una espada traspasara tus entrañas. ¡Lo extrañas!, ¡Lo extrañas mucho! Te sientes vacío, tu corazón ha sido despojado, todo te es indiferente, lo único que deseas es correr a los brazos de tu amado, refugiarte en ellos y escucharle decir que estará contigo para siempre.

Comprendes que en una relación no hay culpables, ambos son corresponsables de lo sucedido, pero la culpa te consume, repasas una y otra vez lo sucedido, deseando haber actuado de una mejor manera, ¡Si tan solo hubiera una segunda oportunidad! Harías las cosas diferentes, eso te queda bastante claro, lo único que deseas es sanar con amor la herida sangrante de tu amado.

Ese amor que no pudo continuar escribiendo su historia se queda en tu corazón, lo lloraras por un tiempo, lo cual es necesario para aceptar su ausencia, habrá días en los que su añoranza será más dura que otros, tu amado llego para quedarse en tu corazón por siempre, cuidas de él en oración, pidiendo a Dios que su presencia sea con él allí donde tú ya no puedes acompañarle. La experiencia de haber perdido una historia de amor te lleva a examinarte interiormente, lo cual puede ser sumamente doloroso.

Descubres lo que sí puedes cambiar, te vuelves alguien menos impulsivo, más sereno, aprendes a imponerte ante tus temores, te das cuenta del alto valor que tiene ese amor que se ha ido, ahora piensas antes de hablar y por supuesto, antes de actuar, sin duda estas dispuesto a ofrecer a tu amado una versión pulida de ti mismo, ahora lo harías mucho mejor, pero tristemente la persona con la que tú quieres compartir tu vida ya no está a tu lado.

Tus amigos se vuelven tu refugio, con ellos cuentas la historia una y otra vez hasta que tu herida es curada, ellos no te juzgan, se vuelven tu paño de lágrimas, quizá no tengan algo que decirte, pero están allí, acompañándote, conteniendo tu dolor y rodeándote con sus abrazos, los cuales se vuelven tu refugio seguro en esos días en donde todo parece confuso y gris, descubres que solo el amor es capaz de sanarlo todo.

Referencias:

Silvera, A. (2017). Al final mueren los dos. México: Ediciones Urano.

*José Eduardo Cruz Carbajal (Iguala, Guerrero) es psicólogo con estudios en tanatología. Contacto: psiceduardo15@gmail.com

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