Por: Carlos Martínez Loza


Ciudad de México, Julio 23.- Famosamente escribió San Pablo que la tristeza del mundo produce muerte, pero la tristeza que viene de Dios lleva a la vida.

Yo me he quedado mirando mucho ese pensamiento. Quiero saber lo que significa, pues me parece que es asombrosamente sabio. Me ayuda a pensar y a generar marcos potenciales de interpretación el caso histórico del rey Acab, quien se entristeció por no obtener el jardín de uno de sus siervos, pues quería hacerse un huerto de legumbres, pero aquel le había negado su venta. Ese pasaje es demasiado patético: “Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.”

Esa tristeza del rey lo llevó a ejecutar un acto perverso: asesinar a Nabot para hacerse de su casa. A su vez, ese asesinato acarreó sobre él y su familia indecibles sufrimientos y la muerte. Es la tristeza del mundo que produce muerte.

Stephen Hicks, en un libro lucidamente aleccionador, “Explicando el posmodernismo” (2014), audazmente pone a Nietzsche contra los posmodernos: si hay alguien quien te oprime entonces eso te hace débil, pero “los débiles se volverán más hábiles con las palabras”. El odio por el “opresor” conduce a la amargura, la rabia, un ansia destructiva y la tristeza. Pero aún queda una salida, más sutil que la del rey Acab, el discurso (las palabras).

Para Hicks el arte del siglo XX dio muestras proféticas de ese odio y tristeza destructivas. Cuando Marcel Duchamp hizo su versión de la Mona Lisa, pintándole un bigote caricaturesco, estaba dando un mensaje contundente: “He aquí un logro magnífico que no puedo igualar, así es que en lugar de eso lo deformaré y lo convertiré en una bufonada.” El rey Acab no pudo igualar la belleza del jardín de Nabot, pero sí pudo deformar el sentido moral y legal (al pasar por alto las leyes de Israel) para hacer de la “Imago Dei” de Nabot una bufonada.

La teoría de la deconstrucción postula que ninguna obra tiene significado, cualquier significado aparente puede ser transformado en su opuesto, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.” La deconstrucción tiene el efecto de nivelar todo significado o valor. Sucede aquello que José Ingenieros supo ejemplificar: un anuncio de un torero tiene igual merito que la Piedad de Miguel Ángel; un discurso de Martin Luther King es igual de meritorio que la próxima canción perturbadora.

La estrategia no es nueva, dice Hicks, si odias a alguien y quieres herirlo, entonces golpéalo donde le importa y por medio de las palabras. No importa la verdad o falsedad del discurso, el discurso vale por su efecto. Lo que importa es causar daño en la psiquis de alguien.

Me temo que algunas de las modernas ideologías construyen su discursividad en la premisa del resentimiento.

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