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Ciudad de México, Enero 13.- Detectar a tiempo una enfermedad puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y un diagnóstico tardío con consecuencias graves. En el caso del Virus del Papiloma Humano (VPH), esa diferencia suele depender del acceso —o no— a pruebas oportunas.


Hoy, la ciencia mexicana trabaja en una solución que busca cambiar ese escenario: un biosensor portátil desarrollado en la UNAM, diseñado para llevar la detección del virus fuera del laboratorio y más cerca de las personas.
La innovación no solo propone una nueva forma de diagnosticar, sino también replantear cómo y dónde se cuida la salud preventiva en el país.


Qué es el biosensor portátil de la UNAM


La innovación proviene del Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia (Lansbiodyt), adscrito a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y está liderada por la investigadora doctora Tatiana Fiordelisio.


Se trata de un biosensor molecular portátil, diseñado para detectar material genético del Virus del Papiloma Humano (VPH) a partir de una autotoma: una muestra que la propia persona puede realizarse con un cepillo, sin intervención directa de personal médico.


El objetivo del dispositivo es ofrecer resultados en cuestión de minutos, sin necesidad de infraestructura de laboratorio tradicional, equipos complejos ni personal altamente especializado.


Esto representa un cambio importante frente a los métodos actuales de diagnóstico, que suelen ser costosos, invasivos o poco accesibles para una parte importante de la población.


En México, la detección del VPH y del cáncer cervicouterino depende principalmente del Papanicolaou y de pruebas moleculares como la PCR, las cuales requieren personal capacitado, equipos especializados y, en muchos casos, acudir a centros de salud lejanos.


De acuerdo con estimaciones del sector salud y organismos internacionales, más de 27 millones de mujeres en el país nunca se han realizado una prueba de detección de VPH, debido a barreras culturales, económicas, miedo al procedimiento o falta de acceso a servicios médicos.

En este contexto, un dispositivo que simplifique el proceso de detección y lo acerque a clínicas rurales, unidades móviles o centros comunitarios tiene el potencial de ampliar de manera significativa la cobertura del tamizaje y reducir diagnósticos tardíos.

Cómo funciona la prueba: del muestreo al resultado


El biosensor portátil desarrollado por la UNAM combina principios de biología molecular para identificar el ADN del VPH, pero los adapta a un formato sencillo y fácil de usar.

A grandes rasgos, el sistema se basa en la hibridación de secuencias genéticas, un proceso que permite reconocer fragmentos específicos del virus cuando están presentes en la muestra.

Aunque este mecanismo es similar al que utilizan pruebas avanzadas como la PCR, la diferencia clave es que el biosensor no requiere ciclos complejos de amplificación ni equipos voluminosos, lo que facilita su uso fuera de un laboratorio.

El proceso se divide en tres pasos principales:

Autotoma sencilla: la persona recolecta la muestra con un cepillo o hisopo diseñado para ser indoloro y fácil de utilizar, lo que reduce la incomodidad y la dependencia del personal médico.


Procesamiento fuera de laboratorio: la muestra se coloca directamente en el biosensor, donde se analizan los componentes genéticos y se buscan fragmentos de ADN correspondientes a tipos de VPH de alto riesgo.


Resultado rápido: en pocos minutos, el dispositivo emite una señal —visual o digital— que indica la presencia o ausencia del virus, sin necesidad de interpretación técnica compleja.


Este tipo de tecnología se conoce como diagnóstico en el punto de atención (point-of-care), una tendencia global que busca llevar las pruebas médicas directamente a las comunidades.

Estudios publicados en la revista científica Frontiers in Cellular and Infection Microbiology han demostrado que los biosensores portátiles pueden ofrecer alta sensibilidad y rapidez, incluso en entornos con recursos limitados, sin sacrificar precisión diagnóstica.

Por qué la detección temprana del VPH cambia el pronóstico del cáncer cervicouterino


El VPH es una infección extremadamente común. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de las personas sexualmente activas se infectarán con el virus en algún momento de su vida.

En la mayoría de los casos, el sistema inmunológico lo elimina de forma natural. Sin embargo, ciertos tipos de alto riesgo, como los genotipos 16 y 18, pueden persistir y provocar lesiones precancerosas que, con el tiempo, evolucionan a cáncer cervicouterino.

La detección temprana del VPH permite actuar antes de que aparezcan daños celulares graves. Entre sus principales beneficios se encuentran:

Identificar infecciones antes de que causen lesiones precancerosas.


Dirigir a las pacientes a seguimiento médico oportuno, reduciendo la mortalidad.


Interrumpir la cadena de transmisión mediante vigilancia y control temprano.
Aunque existen vacunas y pruebas diagnósticas desde hace años, la implementación sigue siendo desigual, especialmente en regiones con menor acceso a servicios de salud.

Por ello, la OMS ha insistido en la necesidad de nuevas estrategias de detección accesibles, como la autotoma y las pruebas moleculares simplificadas, para avanzar hacia la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública.

Biosensor vs pruebas actuales: ventajas y límites


Ventajas


El biosensor portátil de la UNAM presenta varias ventajas frente a los métodos tradicionales:

Portabilidad y rapidez: puede utilizarse en el punto de atención, sin equipos grandes ni instalaciones especializadas.
Mayor accesibilidad: reduce la dependencia de laboratorios, citas médicas complejas y traslados largos.


Autotoma amigable: ayuda a superar barreras psicológicas y culturales asociadas a la toma de muestra ginecológica.


Estas características lo alinean con las recomendaciones recientes de organismos internacionales que promueven modelos de detección más centrados en la persona.

Límites actuales


No obstante, el dispositivo aún enfrenta desafíos importantes:

Validación clínica pendiente: se encuentra en proceso de evaluación para comprobar su precisión frente a métodos convencionales y autorizar su uso en programas de salud pública.


Regulación y producción: su llegada al mercado dependerá de procesos regulatorios ante autoridades como Cofepris, así como de estándares internacionales de calidad.