Por: Álvaro Venegas Sánchez

La inmensa mayoría de la sociedad mundial está inmersa en la inmediatez cotidiana. Los grandes empresarios interesados en lograr las metas propuestas en el tiempo que proyectaron para asegurar producción y ganancias, los medianos para enfrentar la competencia y consolidar sus giros y los pequeños empresarios lidiando con todo para mantenerse. Frente a ellos la masa de consumidores, trabajadores unos desempleados otros, navegando por el sustento y la problemática del día a día. Nadie escapa a esta dinámica aquí en México y donde quiera.


Los gobiernos, unos más otros menos, procuran regular producción y mercado, oferta y demanda. Sin embargo, a pesar de avances tecnológicos y aplicación de políticas para contener la desigualdad y abatir la pobreza, acaso excepcionalmente apenas quizá algún país podría presumir gran progreso pero no haber logrado bienestar y satisfacción para toda su población. Causan estos y otros problemas el entendimiento y acercamiento entre gobernantes y entes con poder económico que tienen similitud ideológica.


En entrega anterior, use como introducción una referencia del libro Civilización o Barbarie, de Alán Barroso. Hoy, en lugar de comentarlo, pongo a disposición del lector algunos párrafos y enunciados. En vez de mi interpretación prefiero compartirlos. La línea que sigue el autor en su texto, mantiene relación con la preocupación y ocupación del ciudadano común, las polémicas distractoras para no fijarse en temas que dañan la salud, el medio ambiente, el entendimiento, la armonía social y las nefastas consecuencias que devienen cuando grandes potencias como Estados Unidos por ejemplo, son gobernadas por políticos y multimillonarios.

Barroso propone mirar de frente aquello que algunos prefieren no ver de la batalla que libran la Civilización contra la Barbarie: la dictadura del algoritmo y el avance de una inteligencia artificial que redefine el trabajo y el poder, la desinformación que alimenta extremismos, un capitalismo que convierte el tiempo en mercancía, la crisis climática que ya desborda los mapas y la sucesión silenciosa de élites que se permitir vivir al margen de las normas (internas e internacionales), y desorientar para debilitar lo que mantiene unida la comunidad en todos los niveles y dimensiones:

“La verdadera división no será entre izquierda y derecha, ni siquiera entre ricos y pobres; será entre quienes poseen Inteligencia Artificial y quienes son procesados por ella. Entre señores del algoritmo y los siervos de los datos; entre los que escriben el código que estructura la realidad y quienes viven dentro de esa estructura sin poder modificarla”. “Lo más perverso es que este sistema se disfraza de progreso, de conexión, de democratización del conocimiento”

“Premiamos las destrucción creativa sobre la creación cuidadosa. Un bosque vale más talado que en pie. Un río, más contaminado que limpio (genera empleos para la descontaminación). Una sociedad enferma consume más servicios médicos que una sana. Lógica impensable y demencial a la vez”. “Consideramos el absurdo cotidiano: una madre que cuida a sus hijos no aporta al PIB, pero si los deja en una guardería mientras trabaja en una oficina, ambas actividades suman”. “Es la tiranía de lo cuantificable”.

“Entre 1980 y 2019 los desastres climáticos se dispararon en 83 por ciento afectando a más de cuatro mil millones de personas. Es como si la mitad de la humanidad hubiera sido golpeada por la naturaleza enfurecida y aun así seguimos discutiendo si el cambio climático es real”. “El verano de 2025 llegó a Europa como una bofetada. Una ola de calor sin precedentes barrió el continente desde Lisboa hasta Varsovia, convirtiendo las calles en sartenes y los hospitales en morgues improvisadas. Dos mil muertos en diez días. Lo obsceno no es la muerte en sí, sino la normalización de la catástrofe. Y la vida sigue como si nada, como si el apocalipsis fuera otro programa más de Netflix”.

“Los ultrarricos del siglo XXI han logrado algo que sus predecesores solo soñaban: independizarse por completo de las sociedades que los vieron nacer. Sus fortunas flotan en paraísos fiscales, sus empresas operan en las nubes, sus hijos estudian en burbujas internacionales y sus jets privados los transportan entre refugios dorados idénticos en Dubái, Singapur o Miami. Han construido una civilización paralela, sin banderas ni himnos, donde la única ciudadanía que importa es la del capital acumulado”.


Según Alán Barroso, la barbarie está ganando pero estima que la solución es conservar y ampliar lo COMUN contra quienes quieren liquidarlo Y HACERLO PRIVADO. Su libro es una invitación a recuperar la imaginación política y a defender las instituciones que hacen posible la vida en común: “Porque renunciar a pensar el futuro también es una forma de perderlo”.


Iguala, Gro., agosto 28 de 2026