Los enemigos de Claudia Sheinbaum no se encuentran afuera de la cuatroté, sino adentro. Si continúa sin entenderlo, no saldrá del laberinto en el que se encuentra.
Por: Raymundo Riva Palacio
Las principales voces del radicalismo que encarna Andrés Manuel López Obrador están haciendo llamados para prepararse a empuñar las armas ante lo que ya imaginan como una intervención militar de Estados Unidos en México. Rafael Barajas, el monero de La Jornada, apodado El Fisgón, jefe de formación de cuadros de Morena, giró instrucciones al Consejo Nacional del partido para que cierren fuerzas, digan que en Venezuela sólo hay intereses ocultos del presidente Donald Trump, y que quien pida una invasión de Estados Unidos a su país es un traidor a la patria.
Barajas hizo un llamado a preparar a las bases del partido para hacer frente a una acción externa, el cual ha sido redondeado por el videógrafo de López Obrador, Epigmenio Ibarra, quien escribió ayer, al recordar la lucha del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador, que “aquí tenemos mucha montaña, mucha selva, mucha presidenta, y sobre todo, mucho pueblo”. El tono panfletario, característico de sus manifiestos, evoca lo que su jefe político dice en privado: “Si vienen por mí, el pueblo se va a levantar”.
Hay miedo en la élite del régimen cuatroteísta. No es resultado de la intervención en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa el sábado. Aunque se ha verbalizado públicamente y socializado como consecuencia de esa acción de fuerza de la administración Trump, viene de atrás. Incluso, en lo que podría ser el secreto mejor guardado aquí en este momento, fuentes estadounidenses revelaron que se ha instalado un sistema antidrones y radares en la finca del expresidente en Palenque, para proteger el espectro aéreo de la finca y las casas contiguas que ocupa el staff que se llevó de Palacio Nacional.
La resistencia del régimen, idealizada y retórica hasta este momento, se comenzó a planear desde el año pasado, aunque originalmente con objetivos distintos de los que se están sugiriendo ahora. A fines de noviembre, la Secretaría de la Defensa Nacional restableció el Servicio Militar Nacional obligatorio para todos los hombres a partir de este año. Inicialmente se diseñó como un mecanismo de control social de la generación Z, aquellos nacidos en este siglo que en Palacio Nacional piensan que no están con el régimen y que pueden ser reclutados políticamente por la oposición, otorgándoles una capacidad organizativa que no han mostrado tener.
Pero el Servicio Militar, en un caso extraordinario, serviría para movilizarlos y mostrar un músculo en las calles que, probablemente, en ese tipo de situaciones no existe lo que piensan que puedan mover, porque no es lo mismo acarrear beneficiarios de programas sociales o contingentes corporativos de sindicatos para ir al Zócalo a mítines de la presidenta Claudia Sheinbaum que convocarlos a la defensa de la patria, que es lo que están planteando Barajas e Ibarra, las voces más significativas de la cuatroté en este campo. El pueblo que Ibarra dice que se va a levantar no lo ha hecho. La protesta en la Embajada de Estados Unidos por la acción en Caracas el sábado reunió a un puñado de personas, algunas disfrazadas de venezolanos, encabezadas por Barajas.
Fueron agitadores utilitarios de Morena. El rabioso y vociferante senador Gerardo Fernández Noroña se atrincheró en la primera línea de batalla de X para mostrar su valentía. Pero como observó un funcionario estadounidense, “no veo que ningún líder de Morena esté ofrendando a sus hijos para defender a la patria”. Eso difícilmente va a suceder. No se trata de valentía o cobardía, sino de sentido común. Este sentido está en déficit en estos momentos en el Zócalo, aunque no todos los puristas del régimen están pensando como los aventureros voceros de la lucha armada.
Plantear un escenario bélico en esos términos es perder el tiempo por su inviabilidad objetiva. Los juegos de guerra del Ejército están diseñados para un conflicto con Guatemala, donde, en caso de ir perdiendo, se pide la ayuda de Estados Unidos. El Ejército de hoy no es el de antaño: sus liderazgos fueron corrompidos por López Obrador, metiéndolos a actividades ajenas a su doctrina, formación y capacidades, para obtener dinero fácil. La Marina tuvo en 2025 su colapso, por las mismas razones. Hablar de la corrupción dentro de las Fuerzas Armadas sirve para un análisis que deberían hacer en el régimen antes de formular declaraciones temerarias, que tengan como espejo lo que sucedió la madrugada del sábado en el Fuerte Tiuna, la base militar más importante de Venezuela, donde se cree que estaba Maduro.
n el cálculo del ataque, de acuerdo con personas que tienen detalles de la operación, estaba considerado que, si lo dirigían contra los jefes militares en el Fuerte Tiuna, no iba a haber una respuesta de fuego, porque el dinero que habían amasado los militares con negocios durante el chavismo y del narcotráfico con Nicolás Maduro era más importante que ofrecer su vida por la patria. El diagnóstico era correcto: no hubo contraataque y sí decenas de personas huyendo de la base militar. Una élite corrompida, quedó claro, es altamente vulnerable.
Pero más allá de estas posiciones poco objetivas –la de Ibarra es prepararse para una guerra de guerrillas–, declaraciones de personeros influyentes en la cuatroté que siguen teniendo acceso a Palacio Nacional no le ayudan a Sheinbaum. Si existen probabilidades de que haya acciones militares contra México como en Venezuela, como lo dice Trump y varios de sus asesores en la Casa Blanca, es porque el gobierno de López Obrador lo provocó. Sheinbaum, comprometida con el proyecto, no tiene por qué estar en la misma línea de acción que todos aquellos que, a diferencia de ella, no tienen nada que perder. Reproducir el discurso o manifestar un nerviosismo delirante, como acusar al periodista Ciro Gómez Leyva de “antipatriota” por no decir “invasión” a la intervención estadounidense en Venezuela, no contribuye a su causa, si por ésta entendemos que es la de ser jefa del Estado mexicano.
Los enemigos de Sheinbaum no se encuentran afuera de la cuatroté, sino adentro. Si continúa sin entenderlo, no saldrá del laberinto en el que se encuentra. Sus verdaderos adversarios no son los gómezleyva de México, sino los protegidos por Palenque. México necesita una presidenta que vele por los intereses nacionales, no por un grupo de facinerosos que la han puesto, nos han puesto, en esta situación.
