Por: Álvaro Venegas Sánchez
La ONU comenzó a existir oficialmente el 24 de octubre de 1945. La constituyeron los estados que firmaron y aceptaron cumplir las obligaciones previstas en la Carta de las Naciones Unidas, el 26 de junio de ese año en San Francisco para salvaguardar la paz y la seguridad internacionales e instituir entre las naciones la cooperación económica, social y cultural. Nueva York fue adoptada como sede de la naciente Organización. Desde entonces EUA, China, Gran Bretaña, Francia y Rusia ocupan un escaño permanente y poseen derecho de veto en el Consejo de Seguridad.
Después del Consejo de Seguridad de los cinco miembros, aprobaron otro círculo de países no permanentes: Colombia, Dinamarca, Grecia, Letonia, Liberia, Pakistán, República Democrática del Congo, Panamá y Somalia. Estos no tienen derecho de veto, sin embargo constituyen un filtro en la toma de decisiones con lineamientos y argumentos similares a las cinco potencias mundiales.
Ilustra muy bien el episodio para nombrar al sucesor de Antonio Guterres, actual secretario general de la ONU. Los siete aspirantes a ocupar la secretaría general, fueron vetados al menos por un miembro del Consejo de Seguridad, y con uno basta no necesitan vetar los cinco. Por otra parte, aunque la votación es anónima los diez integrantes no permanentes tampoco aprobaron a ninguno. Medios informativos revelaron que Estados Unidos no quiere a ninguno de los siete. Por algo su embajador Mike Waltz, declaró: “Siempre hemos dicho que necesitamos a la mejor persona”; “si los países quieren presentar más candidatos están en su derecho”. Faltó dijera más claro: “nosotros también tenemos derecho de vetar”.
La lista de aspirantes vetados es la siguiente: la costarricense Rebeca Grynspan; la ex canciller de Guyana, Carolyn Rodríguez Birkett; el argentino Rafael Grossi, director del organismo de vigilancia nuclear de la ONU; el senegalés Macky Sall; las ecuatorianas Ivonne A-Baki y María Fernanda Espinoza, así como el ugandés Olara Otunno. Cualquiera de ellos, para cubrir el cargo de secretario, debía obtener al menos nueve votos de 15 países (permanentes y no permanentes), pero sobre todo no ser vetado por ninguna de las cinco potencias, algo imposible por la división que existe.
Estos candados instituidos proyectan aires de superioridad, expansionismo, protección de intereses y afanes de sometimiento a los demás; nada que ver con cooperación económica, social y cultural y menos con propósitos de “salvaguardar la paz y la seguridad internacionales”.
La historia no miente. Estados Unidos ha realizado intervenciones militares, invasiones o bombardeos en gran cantidad de países; estudios académicos y reportes del propio Congreso de EE.UU contabilizan más de 300 intervenciones en el extranjero desde 1776. Lo ha hecho en forma directa o mediante operaciones encubiertas y golpes de Estado con una presencia muy marcada en América Latina, Medio Oriente y Asia; las causas siempre han resultado pretextos injustificables.
Ejemplos en América Latina: México (tres ocasiones), Cuba (además del bloqueo que lleva décadas), Puerto Rico, Panamá, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Haití, recientemente Venezuela a quién está robando su petróleo. En Asia y Medio Oriente: Filipinas, China, Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Líbano, Libia, Afganistán, Irak, Siria y Yemen. En Europa, durante la Segunda Guerra Mundial: Alemania, Italia, Francia, y más tarde en la antigua Yugoslavia (Bosnia y Kosovo).
Bajo esta perspectiva ¿qué relevancia tiene o puede significar que la ONU esté cumpliendo 81 años de existencia? La diplomacia ha demostrado ineficacia para evitar confrontaciones bélicas, conciliar, encontrar soluciones que impidan la humillación y sometimiento del país derrotado a los intereses del invasor o vencedor.
La reciente Asamblea General fue un espectáculo deprimente para el mundo. Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, prácticamente quedó hablando solo; muchos delegados abandonaron la sala y otros dieron la espalda. En su turno, Donald Trump, aprovechó el foro para decir que “es difícil tener una frontera sur por donde ingresan narcoterroristas porque el gobierno del país vecino lo controlan los cárteles”. A esas palabras, la presidenta Claudia Sheinbaum contestó con aplomo y diplomacia desde la mañanera: “Yo, podría decir, es difícil tener de vecino a un país de drogadictos, pero no lo voy a decir”. “Nos interesa la buena relación y la coordinación, sin subordinación.
Si para esto sirve hoy la ONU carece de sentido. Los estados miembros, particularmente las potencias que integran el Consejo de Seguridad, la ven y tratan como un adulto mayor con demencia senil. Los gobiernos y representantes de las naciones deben repensar la existencia de la Organización para hacerla vigente y útil.
Iguala, Gro., octubre 26 de 2026
