Por: Rafael Domínguez Rueda

La mayoría de los igualtecos que me conocen me relacionan con la cultura, porque desde hace más de 30 años me he enrolado en actividades artístico literarias. Desde siempre, la semilla de las bellas artes que mi madre sembró en mi alma, ha estado latente a lo largo de mi vida, pues desde los once años que, con Juan Sánchez Andraca, escribimos y protagonizamos una obra de teatro, no ha dejado de florecer mi espíritu literario.

Empecé a estudiar la carrera de Derecho, pero, al año y medio, mi padre sufrió un accidente que lo mantuvo en coma 8 días. Ese suceso interrumpió mis estudios. Dos años fui maestro. Dejé el magisterio. Empecé a trabajar en la Oficina Federal de Hacienda (OFH) y me inscribí en la carrera de Contabilidad.


Comento esto, porque durante poco más de 35 años me desempeñé como Contador Fiscal, ya sea supervisando o manejando los recursos financieros.


No omito decir que mis jefes hacendarios eran auténticos maestros: profesionalismo (dominio de la materia), competencia (conocimientos profundos) e integridad (honrados a carta cabal). Cuando el presidente Luis Echeverría ordenó que se hiciera una obra que no estaba presupuestada, el subsecretario de Egresos Enrique Caamaño Muñoz, con once años en el cargo, prefirió renunciar a quebrantar la ley.


Y es que las finanzas públicas juegan un papel crucial, ya que para atender los servicios y las demandas hay que contar con los recursos suficientes, ajustarse al presupuesto y rendir cuentas claras.


Así que, cuando a finales de 1989, el Lic. René Juárez Cisneros, de feliz memoria, a quién conocí de peón, ganó la presidencia municipal de Acapulco, me llamó para ofrecerme a colaborar con él. «Mira Rafael -me dijo – hay 6 personas interesadas en el puesto, pero yo no quiero «compromisos» con nadie, pues aspiro a llegar muy alto. Conociendo tu capacidad, experiencia y honradez, te ofrezco el cargo de Director de Ingresos. Aceptas». Como me tomó de sorpresa, no sabía que contestar. En ese silencio, añadió: «!Ah!, pero con una condición, tienes que recaudar 120 millones de pesos. Eso importa mi presupuesto de egresos». Entonces, le respondí: «En 8 días le resuelvo » » «No -me replicó ya tengo que decidir” A lo que añadí: «Es que no puedo aceptar el cargo, ya que desconozco cuánto se va a ingresar este año; saber si es posible recaudar esa cantidad y analizar el sistema de cobros. Porque, qué tal si le digo si y resulta que no se logra». Después de mirarme fijamente, me dijo: «Te doy 48 horas para que decidas”.

En 2 días tuve que hacer un estudio. Resulta que para ese año el presupuesto era de 60 millones y no se alcanzó a recaudar. El me pedía lo doble.


A los 2 días llegué puntual. Lo primero que me dijo:» «¿Qué decidiste?» Le respondí: «Acepto con 4 condiciones…» «Ahora resulta que tú me vas a condicionar». «Para alcanzar lo que usted requiere, sí”, le repuse. “¿Cuáles son esas condiciones?» me preguntó. «Trabajar dentro del marco de la ley y con transparencia. No condonar ni reducir ningún impuesto. Tasar a todos los contribuyentes de acuerdo a las tarifas. Y dar de baja al que incurra en un ilícito”. Después de algunos cuestionamientos que me hizo, me dijo que quedaba incorporado. El resultado, se recaudaron 126 millones.

Y es que los actuales Secretarios de Finanzas (de los 3 niveles de gobierno) son simples administradores de los ingresos. No implementan ningún plan. No cuentan con un Grupo de Ejecución. Desde hace 30 años no se ha realizado ningún embargo. Por eso en Iguala nunca alcanzan los recursos.


Basta mencionar que a nivel municipal hay cerca de 200 programas del gobierno federal de los que el municipio puede beneficiarse, pero como los desconocen no los aprovechan.

Es lamentable que haya la creencia de que para enfrentar los problemas presupuestales debe recurrirse al Gobierno del Estado o a los diputados. Para elevar el techo financiero de un municipio, éste debe incrementar sus ingresos.


Autorizar o dejar que haya colonias irregulares, trae como consecuencia la falta de recaudación fiscal y con ello no aumentar el techo financiero.


Hasta ahora, en Iguala las cosas se hacen al «trochi mochi”. Desde que un político se lanza como candidato, no presenta ningún proyecto. Para lograr un Buen Gobierno hay que conocer y entender la problemática social y económica del municipio, porque no se trata sólo de pavimentar calles o dotar de agua a las colonias o rehabilitar el alumbrado público. Es necesario saber qué somos como Ciudad, qué tenemos como Sociedad, qué queremos para Iguala.

Hace 100 años nuestra actividad prioritaria era la agricultura y la ganadería; hace 50 años, todavía reinaba la joyería; ahora, aunque maltrecha, querámoslo o no, nuestra principal actividad es el comercio.


Y no hay una ley que lo regule y fomente, existe un Bando que data de hace muchos años, pero ni regula ni fomenta y más bien, se viola.


Hace 30 años me invitaron a crear la Contraloría en Iguala. Al recibir la Administración nos entregaron 17 obras. Por cierto, incompletas. 3 tuvimos que terminarlas. Había programadas otras 17. En mayo ya las habíamos terminado. Conseguimos que nos autorizaran otras 10, que se entregaron agosto, por lo que nos concedieron otras nueve. Para lograr ésto, hay tener los contactos y conocer cómo poder ser beneficiados. Con ello, no solo se duplicó el número de obras, también aumentó el ingreso y se incrementaron las participaciones.

Por otro lado, les pedimos apoyo a los regidores, por ejemplo al de Comercio le encargamos que su personal supervisara los semifijos del mercado y como era una maestra muy activa, ella personalmente lo hizo, logrando incrementar el ingreso, al erradicar las fugas, Comisioné al profr. Ardin a que fuera calle por calle y casa por casa, encontrando que había negocios grandes que pagaban menos que una miscelánea. Hice un estudio del consumo de gasolina e informé que de los 240 mil pesos que se consumía a la semana se podía reducir al 50%. Se tomó la medida y el consumo bajó a poco menos de cien mil

Por eso es importante que toda administración de Gobierno nombre a personas de sobrada capacidad, suficiente experiencia altísima honestidad, si es que se quiere quedar bien con el electorado y sus aspiraciones son más elevadas.