Servicios AINI
Ciudad de México, Octubre 16.- Perimenopausia, climaterio, transición… A veces parecería que nos preocupamos más por el término médico que por lo que este proceso significa en el día a día de una mujer. Para entender esta etapa, el primer paso es resolver la duda más recurrente: ¿a qué edad empieza la menopausia?
Aunque la respuesta suele rondar los 50 años, la realidad es que el cuerpo comienza a transformarse mucho antes de que la regla desaparezca por completo.
De acuerdo con el Dr. Rodrigo Mirisola, ginecólogo y gerente médico de Salud Femenina en Bayer Brasil, la menopausia no es solo un día en el calendario, sino el resultado de un largo camino hormonal que requiere atención y acompañamiento médico constante.
«La menopausia no debe entenderse únicamente como una transición pasajera que provoca síntomas, sino como un proceso integral que impactará la salud y la calidad de vida de la mujer durante los próximos 30 años», señala el Dr. Mirisola.
La perimenopausia y el mito de la fertilidad
Formalmente, la menopausia se diagnostica cuando se acumulan 12 meses consecutivos de ausencia de menstruación. Sin embargo, a partir de los 40 o 45 años inicia la perimenopausia, una fase previa caracterizada por una verdadera «montaña rusa» de fluctuaciones hormonales.
Durante esta etapa, la regla no siempre desaparece de golpe. Al contrario, las ovulaciones se vuelven erráticas: los ciclos se acortan o se alargan, y el flujo menstrual puede volverse escaso o considerablemente abundante. Esta falta de regularidad suele crear una falsa sensación de infertilidad, un error común que expone a las mujeres a embarazos no planificados.
«Considerar que después de los 45 años ya no hay riesgo de embarazo es uno de los primeros grandes mitos. Hasta el 55% de las gestaciones en esta etapa son no deseadas por falta de anticoncepción adecuada», enfatiza el especialista.
Por ello, la recomendación médica es mantener el uso de métodos anticonceptivos —de preferencia libres de hormonas o de baja dosis, como los DIU de levonorgestrel o los implantes subdérmicos— al menos hasta los 55 años o mientras exista sangrado menstrual activo.
El origen de los síntomas: de la mente al cuerpo
La caída gradual en los niveles de estrógeno (hipoestrogenismo) altera directamente el centro termorregulador del cerebro, ubicado en el hipotálamo. Esta alteración neuroendocrina es la causa directa de los bochornos o sofocos, un síntoma que comienza desde la perimenopausia y se prolonga en promedio durante 7 a 8 años a lo largo de toda la transición.
Además de los sofocos, la pérdida de la protección estrogénica desencadena una serie de malestares físicos, metabólicos y emocionales:
Trastornos del sueño e insomnio crónico.
Caída y pérdida de grosor en el cabello.
Infecciones vaginales recurrentes asociadas a la atrofia del epitelio íntimo (el adelgazamiento, la sequedad y la inflamación de la zona por falta de estrógenos).
Aumento en el riesgo cardiovascular y óseo, al alterarse el perfil lipídico, la presión arterial y la densidad ósea.
Romper la normalización y aprovechar la «ventana de oportunidad»
A pesar de que cerca del 90% de las mujeres experimentan al menos cinco síntomas simultáneos durante este periodo, la mayoría no recibe la atención necesaria. Se calcula que 1 de cada 3 mujeres sufre bochornos tan intensos que afectan su vida cotidiana, pero la mitad no busca tratamiento por creer que «es normal sufrir a esta edad».
Por otro lado, solo 1 de cada 5 mujeres recurre a la Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH), y la gran mayoría la abandona antes de los 8 meses debido al miedo o la falta de información, a pesar de que el proceso sintomático dura cerca de 8 años.
Esta brecha de atención se profundiza en la región, donde casi el 70% de la población depende del sistema público de salud, donde el acceso a tratamientos modernos transdérmicos suele ser muy limitado.
La clave está en no dejar pasar el tiempo. Prescribir la terapia hormonal dentro de la llamada «ventana de oportunidad» —antes de los 60 años o durante los primeros 10 años del inicio de los síntomas— reduce drásticamente el riesgo de infartos y eventos cardiovasculares, además de frenar el avance acelerado de la osteoporosis.
La menopausia exige dejar de ver este periodo como un tabú o una patología invalidante. Reconocer los síntomas tempranos y recibir una atención integral personalizada no solo alivia el malestar inmediato, sino que protege la salud de la mujer para las décadas venideras.
© 2026 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.
