Mientras organismos de salud recomiendan no llamar automáticamente “adicción” al uso intenso de redes sociales, reguladores analizan si ciertas funciones de las plataformas pueden hacer más fácil continuar que detenerse.
El uso intenso de redes sociales no equivale automáticamente a una adicción; el concepto de uso problemático pone atención en la pérdida de control y sus consecuencias.
En 2026 comenzaron a convivir dos conversaciones que parecen contradictorias, pero en realidad observan partes diferentes del mismo fenómeno.
Por un lado, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) recomendó no clasificar automáticamente como “adicción” el uso intensivo de redes sociales y dispositivos.
Para describir comportamientos en los que aparecen dificultades de control o consecuencias negativas, propone hablar, cuando corresponda, de uso problemático o perjudicial.
No se trata simplemente de sustituir una palabra por otra. El cambio obliga a hacer una pregunta más precisa: no sólo cuánto tiempo pasa una persona frente a la pantalla, sino qué ocurre con ese uso y qué está desplazando.
Por otro lado, autoridades regulatorias europeas comenzaron a utilizar el concepto de “diseño adictivo” al analizar determinadas características de plataformas digitales.
Pregunta cómo describir correctamente su comportamiento y evita convertir automáticamente el uso intenso en un trastorno clínico.
El scroll infinito y la reproducción automática reducen puntos naturales de salida; un estudio de 2026 asoció el scrolling no intencional con una menor percepción del tiempo transcurrido.
La otra mira al sistema
Analiza si ciertas decisiones de diseño pueden facilitar sesiones prolongadas o patrones de uso difíciles de interrumpir.
Scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones y los sistemas de recomendación altamente personalizados.
Todas tienen algo en común: pueden reducir algunos de los momentos en los que el usuario tendría que tomar una nueva decisión para continuar.
Los sistemas de recomendación mantienen disponible nuevo contenido de forma prácticamente continua y pueden personalizar qué aparece después.
Una página terminaba. Un capítulo terminaba. Un programa terminaba.
Y, al llegar ese punto, aparecía una pequeña decisión: ¿Quiero seguir?
En muchas plataformas digitales ese final natural se ha vuelto menos visible. El contenido siguiente puede aparecer con un movimiento del dedo o comenzar automáticamente.
Incluso la percepción del tiempo puede intervenir en esa experiencia. Un estudio publicado en 2026 encontró que, entre jóvenes usuarios de TikTok, el scrolling no intencional se asociaba con una menor percepción del tiempo transcurrido dentro de la aplicación.
Eso no significa que cada persona que pierde la noción del tiempo tenga una “adicción”.
Significa que el entorno también forma parte de la conducta.
El uso problemático no se define sólo por las horas frente a la pantalla, sino por la dificultad para detenerse y por las actividades que comienza a desplazar.Alexandro Medrano
A ello se suma otra característica: el contenido prácticamente no se agota.
Los sistemas de recomendación seleccionan continuamente qué mostrar después utilizando señales de comportamiento e intereses del usuario.
Así, cuando termina un video, una publicación o una historia, otra puede estar lista inmediatamente.
En febrero de 2026, la Comisión Europea comunicó hallazgos preliminares sobre TikTok dentro de la Ley de Servicios Digitales. Meses después hizo señalamientos también preliminares sobre Instagram y Facebook.
Que un regulador utilice el concepto de “diseño adictivo” no significa que haya diagnosticado como adictos a quienes utilizan esas plataformas.
Ahí está precisamente la diferencia.
Durante años, gran parte del debate se concentró en preguntar:
¿Qué le pasa a la persona que no puede soltar el teléfono?
Ahora también se pregunta:
¿Qué características del sistema hacen más fácil seguir que parar?
Reducir interrupciones, añadir un paso antes de abrir determinadas aplicaciones y alejar accesos automáticos puede devolver momentos de decisión al uso cotidiano del celular.Alexandro Medrano
Este cambio tampoco elimina la responsabilidad o la capacidad de decisión del usuario.
Una plataforma no determina automáticamente qué hará una persona.
Pero las decisiones tampoco ocurren en el vacío.
Por eso, observar únicamente las horas de pantalla puede contar sólo una parte de la historia.
También importa saber si ese uso comienza a desplazar actividades que la persona quería o necesitaba realizar: dormir, estudiar, trabajar, moverse o convivir.
La discusión deja así de ser una pelea entre dos extremos:
“Todo es culpa del usuario”.
o
“Todo es culpa de la tecnología”.
La relación es más compleja.
La persona decide.
Pero decide dentro de un entorno diseñado.
Y entender esa interacción abre una posibilidad más útil que simplemente contar minutos:Modificar el entorno para que parar vuelva a ser una decisión visible.
Ese es el principio detrás de acciones sencillas como reducir interrupciones, alejar accesos automáticos o introducir un paso adicional antes de abrir determinadas aplicaciones.
No se trata de abandonar el celular.
Tampoco de convertir cada hábito digital en un problema clínico.
Se trata de recuperar algunos de los momentos en los que podemos decidir conscientemente qué hacemos con él. © 2026 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.
