Tlatelolco

Por: Rafael Domínguez Rueda

Por cuestiones de trabajo conocí al Gral. Marcelino García Barragán, por la confianza que me dispensó durante el corto tiempo del movimiento del 68, creo un deber precisar que los responsables de la matanza de Tlatelolco tienen nombre y apellido y digo esto, porque después de 58 años, injustamente siguen culpando al Ejército de aquellos hechos reprobables.

Marcelino García Barragán fue un militar y político mexicano que participó en la Revolución mexicana, gobernó el estado de Jalisco y se desempeñó como Secretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, de 1964 a 1970, tiempo en el que ocurrió la represión del movimiento estudiantil de 1968.

El 22 de julio de 1968, una pelea callejera entre estudiantes del IPN y de la preparatoria Isaac Ochoterena (incorporada a la UNAM), en la plaza de la Ciudadela, fue reprimida con extrema violencia por la policía capitalina.

A partir de esa fecha empezaron a protestar los estudiantes. Para ello se unieron la UNAM y el IPN, EL 26 de julio, nutrida marcha estudiantil fue atacada por la policía. El 30 de julio, el cuerpo de Granaderos llegó a usar un bazucazo para derribar la puerta colonial de la Escuela Nacional Preparatoria No.1, violando la autonomía universitaria.


El 31 de julio, como yo laboraba en el gobierno federal y, a la vez era estudiante fui comisionado para dar seguimiento al movimiento. Para ello, tenia que entregar diariamente un informe de lo que ocurriera en las calles, en reuniones y mítines.


El rector de la UNAM, Javier Barros Sierra encabezó una protesta en defensa de la autonomía el 1 de agosto. Por un enviado de Gobernación no llegó al Centro. En Félix Cuevas dio vuelta y regresó a la UNAM.


A finales de julio se había formado el Consejo Nacional de Huelga, integrado por representantes de la UNAM, IPN, escuelas normales y otras instituciones. Las reuniones eran muy acaloradas, algunos líderes, como los del partido comunista querían imponer su tendencia.


A partir del 7 de agosto mi información la entregaba directamente con el Secretario de la Defensa.
El movimiento creció con la participación de profesores, intelectuales y ciudadanos. Destacó la marcha del 27 de agosto al Zócalo. El 13 de septiembre se llevó a cabo la emblemática Marcha del silencio, cuando los manifestantes caminaron sin música ni consignas para evitar pretexto gubernamental de agresión.


El gobierno temía que las protestas se prolongaran y afectaran el desarrollo de los Juegos Olímpicos. En efecto, Pedro Ramírez Vázquez, Organizador de la Olimpiada, le informó al Presidente que el comité Internacional le había notificado que iban a cancelar los Juegos. A lo que Díaz Ordaz le contestó: «Dígales que si los cancelan los voy a demandar internacionalmente para que me rembolsen la inversión”.


La tarde del 2 de octubre, se acordó llevar a cabo un mitin en la Plaza de las Tres Culturas. Minutos después de las 6 de la tarde, un helicóptero lanzó bengalas. Fue la señal para que el batallón Olimpia abriera fuego contra la multitud. El número de muertos se estima en más de 300, mientras se registraron 1,345 detenidos.


Los Juegos Olímpicos se inauguraron el 12 de octubre en el estadio Olímpico Universitario, ante más de 100 mil asistentes.


Lo que no se ha explorado es que, la CIA jugó un papel central en el movimiento estudiantil del 68. Y, por su parte, el Partido Comunista trató de desestabilizar al gobierno. Un hecho más de la injerencia de Estados Unidos y que permanece bajo llave es el del día en que, el embajador de Estados Unidos en México llegó al despacho del Secretario de la Defensa para pedirle que lo acompañara para darle posesión como presidente, pues ya estaba todo preparado. El Secretario lo corrió y tan pronto salió tomo el teléfono y le pidió al Presidente que le urgía lo recibiera. El Secretario al ingresar al despacho presidencial, Díaz Ordaz se encontraba de pié con las manos atrás, pues estaba enterado de la trama… «Señor Presidente, acaba de estar en mi despacho el embajador americano y me hizo una propuesta. Desde luego, yo la rechacé y vengo a ratificarle mi lealtad». El presidente dió unos pasos y abrazó al Secretario, olvidándose que en la mano empuñaba un arma.

Todo fue maquinado y ordenado por la Secretaría de Gobernación, pues el presidente estaba ausente —aunque después asumió la responsabilidad—, con la complicidad del titular de Guardias Presidenciales.


Ciertamente el Ejército se encontraba ahí, pero estaba sobre la avenida a la expectativa. Es más, cuando empezó la balacera —se ve y escucha en un video—que los militares gritaban a la multitud: «¡Tírense al suelo!”


Por eso considero injusto que al Secretario de la Defensa, al igual que al ejército, cargue desde el 2 de octubre de 1968 con la responsabilidad directa de esa masacre.


La represión de Tlatelolco no se dió por la acción de los miembros del Ejército, sino por las decisiones tomadas en la Secretaria de Gobernación y en el Estado Mayor Presidencial.