Por: Rafael Domínguez Rueda

Con motivo de que este año la escuela secundaria “Plan de Iguala”, cumple 85 años, el pasado 26 de septiembre fui invitado a participar en un Conversatorio sobre la Consumación de la Independencia. Esta fue mi intervención.


Se me ocurre parodiar al Brindis del Bohemio: Yo no opino igual, compañeros / siento por esta vez no coincidir./ Brindo por la veraz y real historia/. Por ella brindo yo, dejad que hable…»

Antonio Caso, uno de los pensadores más destacados de la historia de México, expresó hace un siglo, que los temas históricos se habían abordado de manera insuficiente, agregando que, ”la historia de México está por escribirse…” Y en verdad, nuestra historia necesita ser rectificada en muchos de sus pasajes, ya que hay muchos de ellos que han sido deformados por las pasiones políticas, mutiladas por los intereses bastardos y obscurecidos por la ignorancia.

Precisamente, la Consumación de la Independencia es uno de esos pasajes.


En otros países, la historia sirve para unir a los ciudadanos en tomo de un pasado común. En México es todavía motivo de discordia, factor de gran división y, a decir de Luis González y González, «choteo de divulgadores de la historia».


Los mexicanos seguimos absurdamente divididos, hay aún hispanistas e indigenistas, conservadores y liberales, y no faltan los que se sienten «Sumos Pontífices”, pues no cejan en su empeño en subir a los altares a su personaje favorito.


Nadie puede decir algo bueno de Colón, Cortés, Maximiliano o Porfirio Díaz, sin ser tachado de antipatriota. Tenemos que ver con ojos realistas el relato de nuestro pasado e interpretarlo a lo humano para que nos lleve a la unidad.


En México tenemos otro escollo más infranqueable: la historia oficial. Esa que cambia nuestra historia y borra nuestra humanidad y nos enseña a recitar supuestos que más bien parecen leyes.
Desde que somos niños, el sistema escolarizado, se ha encargado de transmitirnos una serie de dogmas, con el propósito de perpetuar saberes, basados en una ideología caduca.


Nos enseñan en historia a recitar —a manera de mantra— algunos supuestos que más bien parecen leyes inamovibles y que por más que la historiografía o las investigaciones serias hayan probado lo contrario, no se quitan de los libros de texto y menos del calendario cívico, debido a la tradición.


Así se nos ha enseñado que desde el paleolítico el trabajo está dividido por género y que a las mujeres les toca el papel del cuidado del hogar y las crías. Mientras que el hombre puede justificar su ausencia por el trabajo.


Se repite que hay que desaparecer todo lo que huela a Cristóbal Colón y a Hernán Cortés. Que la Malinche fue una traidora. Y que el traidor Iturbide es el padre de la patria. Pero ¡Cuidado! con lo de la costumbre, pues como bien lo canta Rocío Durcal, “la costumbre es más fuerte…» Si ésta puede mermar el amor, con mayor razón va a quebrantar nuestro entendimiento y percepción de la historia.

La historia oficial ha cambiado nuestro pasado. ¿Qué hacer entonces? Promover y difundir esta clase de eventos. ¿Cuáles son esas falsedades?


El abrazo de Acatempan se celebra el 10 de enero y ocurrió el 14 de marzo.


La Proclamación del Plan de Iguala, todos los historiadores la registran el 24 de febrero, cuando en realidad ocurrió el 2 de marzo.


El Plan de Iguala es la Ley fundamental de México. Hasta ahora no se ha reconocido por motivos ideológicos.


Los Tratados de Córdoba, se dice que pusieron fin a la guerra de independencia, cuando no tuvieron validez y sólo sirvieron para abrirle la puerta a Iturbide y violar el Plan de Iguala al convertir la revolución de democrática en aristocrática.


Y, desde luego, la Consumación de la Independencia. ¿En qué momento termina la guerra de independencia? ¿En qué momento nace México como país?


El 15 de septiembre, con el «Grito”. No. Aunque es considerada la celebración más importante e identitaria del mexicano. Es una celebración simbólica.


El 16 de septiembre tampoco, pues se conmemora el inicio de la lucha por la independencia de México y se considera la fecha patria más importante del país.


La entrada triunfal del Ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre se celebra la consumación OFICIAL de la Independencia. Sin embargo, ese evento solo fue un acto de exhibicionismo. La fecha la escogió Iturbide para celebrar su cumpleaños.


Guerrero, en aquel 1821, entró con sus huestes a la retaguardia de aquel ejército realista, disfrazado de insurgente, que se llamó de las Tres Garantías. Garantías que fueron sólo para mantener los privilegios de los mismos militares, eclesiásticos y terratenientes del virreinato.

Podría haber sido la fecha de la Consumación el 28 de septiembre, cuando se firmó el Acta de Independencia, pero los firmantes son los padres de la patria que no fueron.


Entonces, ¿cuándo nació México? ¿Cuándo se consumó la independencia?


Política y jurídicamente, México nació como país a la vida independiente al tenor de lo dispuesto en el Plan de Iguala, proclamado en el Zócalo de Iguala el 2 de marzo de 1821; acto en el que también quedó constituido el primer ejército mexicano; nació la bandera nacional; y dio nombre oficial a nuestra nación.


Aquel «sí» sonoro del juramento, el “Grito” de Iguala marca el preciso momento en que México pasa, de la sujeción de España, a su libertad.


Día 2 de marzo, día plausible, día venturoso, el día más grande que ha vivido Iguala; DÍA DE LA PATRIA.