Vicky Barrios


Iguala, Guerrero, Sept. 28.- Por enésima ocasión, jóvenes estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa causaron daños en el Palacio de Justicia, aunque en esta ocasión fueron menores, tomando en cuenta los registrados en años anteriores, ya que aseguran que desde este lugar se tomaron evidencias de aquel fatídico 26 de septiembre de 2014.

Al llegar a Iguala, los más de 25 autobuses hicieron una escala en el Palacio de Justicia y, sobre la carretera, pintaron con un rodillo la leyenda: “Bienvenidos a la ciudad de los 43 desaparecidos”, para después continuar hasta la altura del Tecnológico de Iguala, donde descendieron familiares de los jóvenes desaparecidos y estudiantes de varias normales.


Al llegar a la calle Ciudad Industrial, donde se encuentra una estela de luz, colocaron una ofrenda floral y posteriormente se trasladaron hasta la calle Álvarez, esquina con Periférico Norte, donde se colocó un templete. Ahí, familiares de los 43 desaparecidos alzaron la voz para exigir justicia y la aparición con vida de los normalistas. Lo mismo hicieron varios estudiantes.


Durante este trayecto fue necesario atender a algunos estudiantes que sufrieron golpes de calor debido a la exposición a las altas temperaturas, además de utilizar ropa de color oscuro y portar cubrebocas. Fueron auxiliados por sus propios compañeros y elementos de Protección Civil municipal.


Al término del mitin, todos abordaron los autobuses y enfilaron hacia la salida de Iguala, pasando por el exterior del 27/o Batallón de Infantería. Al llegar frente al Palacio de Justicia, se apostaron en el carril izquierdo y, después de varios minutos, continuaron su camino.


Mientras tanto, tres camionetas blancas, de modelo reciente, con batea y con la leyenda “Ayotzinapa” en el parabrisas, permanecieron en el carril central. De ellas descendieron alrededor de 10 jóvenes, quienes bajaron dos monigotes con los rostros de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y del exgobernador Ángel Aguirre Rivero.


A ambos les rociaron gasolina y les prendieron fuego. Lo mismo hicieron con cuatro colchones individuales: tres usados y uno nuevo, aún con su plástico. Los colchones fueron distribuidos frente a la fachada del inmueble. También rociaron gasolina sobre la puerta principal, aunque esta no ardió.


Al mismo tiempo, arrojaron bombas molotov y petardos, intentando introducirlos al edificio, lo cual finalmente no lograron. Al término de estas acciones, subieron a las camionetas y enfilaron hacia la carretera Iguala-Chilpancingo.


Al lugar llegó una ambulancia, una camioneta y una pipa de agua (“bomberita”) para sofocar el fuego de los colchones y evitar una mayor contaminación.


Con esta actividad finalizó la semana de movilizaciones realizadas en la Ciudad de México, Chilpancingo e Iguala para mantener la exigencia de verdad y justicia por los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala en septiembre de 2014, hace 12 años.


QUEJA DE IGUALTECOS EN REDES


En redes sociales, varios igualtecos compartieron mensajes de inconformidad después de que los normalistas colocaran la leyenda “Bienvenidos a la ciudad de los 43 desaparecidos”.


Uno de los mensajes señala:


“Soy de Iguala y esta es mi postura: Estigmatización de la ciudad y sus habitantes: Pintas con mensajes como “Bienvenidos a Iguala, ciudad de desaparecer estudiantes” proyectan una imagen negativa y violenta del municipio hacia el exterior.


Esto afecta a la ciudadanía trabajadora y a la identidad local, encasillando a toda una comunidad por hechos trágicos en los que la población civil no tuvo responsabilidad.


Esto afecta la vida económica y al comercio local: Asociar de forma permanente la entrada de la ciudad con temas de violencia empaña la percepción pública de Iguala, lo que puede desincentivar el turismo, la inversión y el comercio, perjudicando de manera directa el sustento económico de las familias que dependen del consumo y de la actividad comercial diaria, que son la mayoría.

Daño al patrimonio y espacio público: Alterar la infraestructura vial y los accesos principales de la ciudad genera un deterioro visual y un costo de reparación que, a menudo, recae en la propia comunidad a través de recursos públicos que podrían destinarse a otras necesidades urbanas.

Desgaste en la empatía social: Aunque la exigencia de justicia por la desaparición de los 43 normalistas es un reclamo legítimo, recurrir año tras año a la pinta de vialidades o a la alteración del espacio común termina por generar cansancio y rechazo en la sociedad local, distanciando a los ciudadanos de la causa en lugar de sumar su apoyo.

Afectación al derecho a un entorno urbano digno: Los habitantes de Iguala tenemos derecho a vivir en un entorno limpio, ordenado y con accesos en buen estado. Convertir las avenidas principales en escenarios de protesta permanente limita el goce de los espacios públicos por parte de las familias locales”, finaliza el mensaje.