La caída de la educación mexicana: «Mal de muchos… consuelo de p….”

Por: Rafael Domínguez Rueda

Ahora, con motivo de los resultados de la prueba PISA 2025, la señora presidente se hace desentendida. A inicios de 2019, al arribo de la 4T al gobierno federal, se llevó a cabo un arduo debate sobre los lineamientos que llevaría el Sistema Educativo Nacional (SEN), al incluir dos condiciones irrevocables; la supresión del Servicio Profesional Docente y la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). De ahí fue que, antes de priorizar la planeación estratégica y consciente del camino a seguir de la educación pública, impulsaron la reinstalación del Corporativismo Sindical, eliminando las evaluaciones para ascender en la carrera magisterial y regresando al obsoleto sistema de negociación de plazas, de igual forma al eliminar al INEE, el gobierno federal emitió un mensaje contundente: el SEN no será evaluado fuera del control de la SEP. Aunado a lo anterior y tomando en cuenta el daño que hizo la educación a distancia por la pandemia al rendimiento académico de las y los estudiantes se improvisó la implementación de la Nueva Escuela Mexicana» (NEM) sin capacitaciones previas a docentes, pilotajes dudosos y libros de texto limitados, con errores de diseño, ortografía y de contenidos. En síntesis, el contexto no podría ser más desalentador las acciones para mejorar los aprendizajes brillaron por su ausencia durante los últimos ocho años.

En México acostumbramos pasar horas discutiendo sobre política, partidos, personajes corruptos y los escándalos de los políticos de alto nivel, que al otro día olvidamos, pues nuevos latrocinios nos escandalizan. Sin embargo, hay una realidad que desde hace 40 años empezó a minar silenciosamente uno de los pilares fundamentales del país; la educación. El fracaso educativo ha permitido que, por un lado, tengamos autoridades incompetentes, mafiosas y corruptas, así como ciudadanos aborregados y, por otra parte, profesores y alumnos con bajo rendimiento escolar. Y no lo digo yo. La semana pasada se dieron a conocer los resultados de la prueba PISA 2025, según los cuales México está reprobado y les está robando el futuro a millones de jóvenes. Dentro de los 38 países de la OCDE, México se ubicó en el puesto 37. Les está robando, no porque carezcan de inteligencia o deseos de aprender, sino porque después de 6 años de primaria y tres de secundaria llegan a los 15 años sin los conocimientos suficientes para competir en el mercado Laboral

En un mundo donde se abre paso la inteligencia artificial, reina la tecnología y priva la economía del conocimiento, saber leer, razonar y resolver problemas con los cimientos básicos para construir un proyecto de vida profesional. Y como esta generación de cristal carece de ellos o tiene limitaciones, por eso estamos como estamos.


Los números nunca mienten, como también hay cifras que no sólo midan conocimientos, sino también revelan verdades. Y los resultados de la PRUEBA PISA 2025 son un llamado de alerta para que los mexicanos conscientes nos preguntemos ¿qué futuro hemos preparado para nuestros hijos si no les estamos dando las herramientas básicas para pensar, leer, razonas y comprender el mundo?


El dato más preocupante no es solamente que México haya descendido más por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas y lectura. Lo verdaderamente alarmante es que millones de jóvenes llegan a los 15 años sin saber qué carrera elegir y sin las competencias mínimas que necesitan para enfrentar la vida, discernir la información que reciben, acceder a mejores oportunidades y construir un proyecto personal de vida que satisfaga sus expectativas. De ahí que, o son prospectos potenciales para la delincuencia; o profesores andan de taxistas; o licenciados se conforman con un puesto administrativo.


Desde luego PISA no mide Todo. Ninguna prueba puede medir por completo los conocimientos, la vocación o el valor de una persona. Pero si evalúa las habilidades fundamentales para la vida, para resolver problemas, para pensar críticamente y hablar con fluidez. De ahí la importancia de los resultados de la prueba PISA.


Sería una irresponsabilidad decir que la crisis educativa se debe a que el Gobierno federal mantiene desigualdad en el acceso, infraestructura deficiente, falta de tecnologías. O que la SEP no se preocupa por la formación docente, disciplina en las escuelas, modernización de programas y recursos suficientes, que forman parte del problema. Pero, tampoco sería honesto usar estos factores como excusa para no tomar medidas sobre lo esencial: la de educar. Es decir, formar a las personas de manera integral en valores y vida. Algunos profesores creen que nada más deben enseñar: transmitir conocimientos y habilidades. Otros se concretan a instruir: comunicar datos. Y esto no es educación.


Y es los que la clave de la actual escuela mexicana está en que reorganizó los programas en campos formativos, En teoría, haber integrado saberes puede ayudar a conectar el aprendizaje con la realidad. Pero si en esa integración, el profesor diluye contenidos fundamentales, reduce la exigencia o sustituye conocimientos verificables por discursos ideológicos, los primeros perjudicados son los estudiantes más vulnerables.


Se llevan a cabo reformas educativas casi cada sexenio, pero no han sido para mejorar la enseñanza, pues éstas se han concretado a cambiar nombres, enfoques, programas, mapas y reducir contenidos. La educación mejora cuando los programas están diseñados para que un niño aprenda, comprenda, sepa leer con profundidad, escriba con claridad, entienda las materias, pero también cuando toma conciencia de que debe ordenar su libertad hacia el bien.


.Por eso, cuando un país minimiza una evaluación, cuando renuncia a la excelencia académica, no solo pierde competitividad. Pierde dignidad, Pierde Libertad. Sin libertad no hay pensamiento crítico, sin pensamiento crítico no hay ciudadanos libres y sin ciudadanos libres, la democracia es letra muerta.