México ante PISA: Educación, igualdad y el desafío de la transformación
Por: Alejandra Salgado Romero
“El avance educativo no siempre se expresa en aumentos de puntaje; preservar los aprendizajes y evitar retrocesos también puede representar un logro”
Andreas Schleicher
Los resultados de PISA 2025, dados a conocer por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el pasado 8 de septiembre, han vuelto a colocar a la educación en el centro de la conversación pública; por ello, es necesario recordar la importancia de saber aprovechar cada resultado para identificar fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas sin que ello signifique convertir una evaluación internacional en sentencia definitiva sobre un sistema educativo, ni descalificarla cuando sus resultados resultan incómodos.
PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) mide cada tres años las competencias de jóvenes de alrededor de 15 años para utilizar sus conocimientos en situaciones de la vida real, independientemente del grado educativo que cursan en cada país. No pretende evaluar todo lo que ocurre en una escuela, ni sustituir las evaluaciones nacionales, sino ofrecer un referente comparativo sobre qué tan preparados/as están las y los estudiantes para resolver problemas, interpretar información y desenvolverse en sociedades complejas. En su edición 2025 participaron más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías. La ciencia fue el dominio principal, acompañado por matemáticas y lectura, además de una nueva evaluación sobre aprendizaje en el mundo digital y resolución computacional de problemas.
En México, la aplicación se realizó durante abril y mayo de 2025, en 321 planteles públicos y privados de las 32 entidades federativas. Participaron escuelas rurales y urbanas, secundarias generales, técnicas, telesecundarias y planteles de educación media superior. Finalmente, la muestra nacional considerada por la OCDE fue de 7 mil 843 estudiantes de 297 escuelas. El primer dato que debería provocar reflexión no es exclusivamente mexicano. El mundo enfrenta una crisis de aprendizaje. Entre los países de la OCDE, el desempeño promedio cayó a sus niveles más bajos registrados en matemáticas y lectura. Entre 2015 y 2025, la lectura descendió 28 puntos y matemáticas 22 puntos, mientras que uno de cada cinco estudiantes de 15 años presenta bajo desempeño en las tres áreas fundamentales. La OCDE identifica, entre otros factores, la distracción digital, el uso inadecuado de tecnologías, el debilitamiento de los hábitos de lectura y las desigualdades socioeconómicas.
El dato internacional también demuestra que no existe una receta única. Los sistemas educativos de varias jurisdicciones asiáticas, junto con Estonia y otros países, se mantienen entre los de mejor desempeño. Pero la propia OCDE advierte que no es posible simplemente copiar un modelo educativo y trasladarlo mecánicamente a otra nación: las políticas deben responder a sus realidades sociales, culturales y económicas. Nuestro país obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, frente a promedios OCDE de aproximadamente 463, 461 y 482 puntos, respectivamente. Matemáticas es el foco de mayor preocupación: únicamente 30% de las y los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel básico de competencia, frente a 65% en el conjunto de la OCDE. En ciencias, alrededor de la mitad alcanzó el nivel mínimo, frente a 74% en la OCDE; en lectura, también aproximadamente la mitad alcanzó ese umbral, frente a 69% en los países de la organización. La OCDE reconoce que México mantuvo relativamente estables sus resultados en ciencias y lectura en un escenario internacional de retroceso y, particularmente, que logró ampliar significativamente la participación de jóvenes de sectores históricamente excluidos, sin incrementar la brecha socioeconómica de aprendizaje. Andreas Schleicher, Director de Educación y Competencias de la OCDE, calificó a México como un sistema resiliente y destacó el compromiso de maestras, maestros, estudiantes y familias.
Por ello se demanda entender que la educación no puede concebirse únicamente como competencia internacional, ni reducirse al lugar que ocupa un país en una tabla. Educar significa garantizar un derecho, ampliar oportunidades y evitar que el origen social determine el destino de una niña, un niño o un adolescente. Precisamente ahí se encuentra uno de los grandes desafíos de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). El Plan de Estudio 2022 coloca en el centro la formación integral, la comunidad, la inclusión, la interculturalidad, la igualdad sustantiva y el pensamiento crítico. Su horizonte no es producir personas capaces de comprender su realidad y participar en su transformación. Sin embargo, reconocer esta concepción humanista no significa ignorar las competencias fundamentales. Una educación emancipadora requiere niñas y niños capaces de leer profundamente, escribir con claridad, argumentar, resolver problemas matemáticos y comprender científicamente el mundo.
Por eso tampoco resulta justo responsabilizar a las y los docentes por los resultados. La OCDE encontró que las y los estudiantes mexicanos reportan niveles relativamente altos de apoyo docente: más alumnos/as que en el promedio de la organización, consideran que sus maestras y maestros se interesan por su aprendizaje, explican hasta que comprenden y proporcionan ayuda adicional. Por ende, es necesario recordar la importancia de cuánto está dispuesto el Estado a invertir para que las maestras y los maestros puedan hacer mejor su trabajo. El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026 destinó, según el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), 1.254 billones de pesos a educación, equivalentes a 3.4% del PIB y alrededor de 10.7% del presupuesto neto total; representa un incremento real aproximado de 3% respecto de 2025, aunque continúa por debajo del referente internacional de 4% a 6% del PIB señalado por organismos internacionales. CIEP advierte, además, que buena parte del crecimiento se concentra en educación básica y transferencias, mientras educación media superior y superior enfrentan reducciones reales. Con base a lo anterior, es necesario asumir que en tiempos de transformación no basta gastar más… hay que gastar mejor, con justicia territorial y con perspectiva de género.
Una política educativa verdaderamente transformadora debe fortalecer la formación continua del profesorado, infraestructura, conectividad, materiales, educación especial, salud socioemocional, bibliotecas y condiciones dignas de aprendizaje. También debe invertir en aquellas escuelas que atienden a las comunidades con mayores carencias. Y debe mirar las brechas de género. En México, las niñas obtuvieron mejores resultados que los niños en lectura, -414 frente a 402 puntos-, mientras los niños superaron a las niñas en ciencias, -420 frente a 407-, y matemáticas -396 frente a 380-. Esto obliga a mirar más allá del promedio. La escuela no debe reproducir estereotipos; debe desmontarlos.
PISA 2025 no debe utilizarse para desacreditar a la Nueva Escuela Mexicana ni para idealizarla. Debe servir para mejorarla. Tampoco debe utilizarse para señalar culpables entre maestras, maestros, familias o estudiantes. Debe ayudarnos a identificar dónde están las brechas y qué políticas públicas son capaces de cerrarlas. La educación es uno de los territorios donde la Cuarta Transformación puede demostrar con mayor claridad su sentido histórico: que nadie quede atrás, que el origen no determine el futuro, que la escuela pública sea espacio de igualdad y que el conocimiento sea una herramienta de libertad. El verdadero desafío no es ganarle a otro país en una prueba. Es conseguir que una niña de la Montaña de Guerrero, un adolescente de la Costa, una estudiante de Iguala o un joven de cualquier comunidad rural tenga las mismas posibilidades de aprender, crear, cuestionar y construir su proyecto de vida que cualquier estudiante del mundo. Porque transformar la educación no significa únicamente elevar una cifra: significa ampliar horizontes, cerrar brechas y hacer realidad el derecho de todas y todos a un futuro digno.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.
