La gente inspira
Por: José I. Delgado Bahena
Bueno, de antemano, una disculpa por no abandonar el perfil de mis conversaciones con ustedes en esta columna. Es muy difícil para mí desprenderme de mi interés primordial, en cuanto a temas, y tengo que hablar de la cultura, del magisterio, de la literatura en particular y, claro está, de lo que escribo; pero, ahora, seré más abierto y comenzaré confesando que, como poeta que me considero ser, cuando alguna persona me provoca sentimientos de amor y de felicidad, por supuesto: me inspira.
En realidad, es algo que he defendido, y pedido a los poetas que me confían sus textos para publicarlos en la columna de Reacción Poética, y lo practico en los míos: la honestidad. Es decir: ser originales y que, lo que escriban, en cuanto a poesía, refleje sus emociones, sus sentimientos, aunque los disimulen o los disfracen con los artilugios y herramientas que nos provee la literatura.
Entonces, al escribir un verso, o un poema completo, debe estar dirigido, como en un diálogo, hacia la persona que nos lo inspira. Ser congruente, pues, con lo que pensamos, sentimos y decimos. No dudo que, inclusive en la narrativa, el autor se involucre y traiga a sus textos sus propias experiencias y vivencias, apoyándose en ellas para darle forma a una historia inventada y creada en los contextos personales de quien la escribe. Pero, en poesía, debe proyectarse uno mismo, de manera que, si alguien quiere saber sobre nosotros, debe leer nuestra poesía.
A la fecha, tengo tres libros publicados de poesía: “Malditas Palabras”, “Azul como el pecado” y “Los negros pájaros del silencio”, y en los tres tengo claras las referencias personales que me los inspiraron. El primero fue una recopilación de los textos poéticos que fui escribiendo desde que tuve la decisión, y necesidad, de expresar mis sentimientos; el segundo está dedicado, casi por completo, a una sola persona; el tercero contiene cinco capítulos: los tres primeros se refieren al amor que me inspiraron mis musas, el cuarto está dedicado a mis padres, y el quinto, que contiene un solo poema, me lo inspiró el acontecimiento que aún sufrimos en Iguala sobre la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa.
Entonces, como recién he estado escribiendo poemas que me ha inspirado una persona que apenas conocí y, al tratarnos, encontramos gran empatía, que nos ha llevado a convivir de manera armónica y placentera, me atreví a publicar en el Facebook esos poemas y, como el trovador Ulil Antúnez me invitó a participar en un programa de los que él organiza en un espacio cultural que él tiene, que se llama El Nidito, determiné que serían esos poemas que ofrecería en este recital poético musical que habrá de llevarse a cabo hoy, sábado 12, a las 8 de la noche, en el lugar mencionado. De manera que los estoy invitando a que nos acompañen. Serán doce poemas y doce canciones que hemos ensamblado para revivir las emociones de los asistentes.
No puedo despedirme sin antes compartirles una prueba de lo que van a escuchar si deciden abandonar su rutina y se dan cita en El Nidito.
“Quería decir que no,/ que jamás volvería a pisar / la roca triste del mítico Perseo; / quería rechazar tus cánticos helenos, / el calor de tus ansias, / el tic tac de mis deseos; / quería evitar ser, otra vez, / esclavo de un secreto,/ presidiario de una mirada,/ charco dulce en mar abierto;/ quería cerrar mi corazón/ y dejarlo dormir /el sueño justo de los buenos;/ pero me besaste/ y una daga de fuego / apuñaló mi cerebro.
Este poema irá acompañado de la canción “No hago otra cosa que pensar en ti”. En la música estará, además de Ulil Antúnez, un excelente pianista y saxofonista llamado Julio Blanco.
Los espero. La dirección es: Insurgentes 19, Col. Vicente Guerrero.
