Sembradores de intrépidos ideales

Por: José Rodríguez Salgado

Un fuerte abrazo a mi amigo David Pimentel Pérez, por su inminente cumpleaños.

Los mexicanos recordamos a nuestros héroes patrios, a cualquier hora y en cualquier sitio, con un amor que no se divide ni se atenúa, por el contrario, se ahonda y multiplica. La Patria es la tumba en la que descansan los despojos de nuestros seres queridos. Es también la conciencia que resguarda las vivencias de la presencia humana, la memoria de las caricias de nuestros padres y conserva el secreto de nuestras almas junto con la validez de los ejemplos.

México se enorgullece de honrar a nuestros héroes, en la hora en que acudimos a la cita austera con lo mejor de nosotros mismos. Somos un país genuino, con pleno conocimiento de nuestras flaquezas; resueltos a vencerlas de conformidad al estilo característico de pensar, querer y convivir. Comprobado está que, en las horas más peligrosas, cuando nos sentimos perdidos en el desierto o a punto de olvidar el rumbo en la tempestad, lo que nos salva en definitiva, es la confianza con que afirmamos los principios fundamentales de la vida.


Son esencialmente lo que determina y marca la orientación en el devenir. La historia demuestra que entre alarmas y desconciertos hemos sabido sobreponernos y reanudar la marcha con la íntima certidumbre que no nos debilita el desencanto, al contrario, fortalece la fe, la devoción por la libertad y la creencia en la democracia. Por eso no debemos ignorar el esfuerzo y la lucha persistente de nuestros antepasados. La memoria de todos los septiembres está presente en el nacionalismo mexicano.


En este mes pletórico y fecundo en historia se guardan los muchos aciertos y sacrificios que han ocurrido años atrás. Por eso en la soledad o en el atropello reaccionamos con vehemencia y reiteramos nuestro profundo amor por México. Fuimos parte del colonialismo de España durante 300 años y de 1848 a nuestros días somos parte del imperialismo del mundo. Por eso los “viva México” siguen siendo vigentes.


Nunca será ocioso pensar en las meditaciones de septiembre, son una ferviente y enérgica invitación a la memoria moral e histórica que sugieren por todos los motivos a defender con todo al nacionalismo mexicano. En esta tarea debemos esmerar el talento, reunir las mejores fuerzas, avivar la razón y la imaginación y convocar a nuestros contemporáneos a la marcha sobre el futuro.


Pasados los días de septiembre y al concluir los festejos conmemorativos, cuando las banderas sean arriadas de sus mástiles, podremos recordar si las proclamas realmente fueron rotundas, si hubo verdadero impacto en el ánimo y si aún persisten las luces, los discursos, la marcialidad en los desfiles. Esta es una invitación para advertir, proponer renovar el sentido patriótico que se refleje en los futuros septiembres. En estos cortes de tiempo afinemos el significado del esfuerzo diario y encontremos espacios justos y humanos para vivir y convivir.


Por sobre toda observación septiembre es para México un mes excepcional. Es el mes del honor nacional. Honor y deber se corresponden mutuamente. Tiene honor quien cumple esmeradamente su deber y el cumplidor es hombre de honor. Éste crece y adquiere el más alto rango cuando el cumplimiento sucede en grado sumo. Otra versión del honor es el prestigio: fama pública, reconocimiento. Quien busca deshonrar utiliza la difamación, método favorito de los mezquinos.

El honor es cumplimiento infranqueable del deber; vale todos los esfuerzos. El llamado es la observación plena del y cumplir los compromisos que corresponden a cada ciudadano. Por consecuencia practiquemos todas las obligaciones indeclinables, alimentemos sin vacilaciones el amor al suelo patrio y renovemos la esperanza en la capacidad de superación de las gentes de bien.

Refrendemos las energías de todos los actos, el orgullo de ser herederos de quienes con audacia y heroísmo supieron ofrecer su vida entera por el advenimiento de la nueva patria. Trabajemos con entusiasmo, con la certeza de que se aprecia lo que se cosecha y nos inclinamos ante el que siembra. Exaltemos con profundo respeto a nuestros héroes, hombres y mujeres, sembradores intrépidos de ideales.

Septiembre 10 de 2026