Por: Ricardo Castillo Barrientos

El 30 de agosto no es una fecha cualquiera en el calendario de la humanidad, es un día intenso de sufrimiento y dolor por el origen y evolución del “Día Internacional de Víctimas de Desapariciones Forzadas», cometidas por las fuerzas castrenses de dictaduras y gobiernos represivos y actualmente del crimen organizado.


Esta conmemoración anual fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución del 21 de diciembre de 2010, comenzando oficialmente en 2011, con la finalidad de visibilizar esta problemática en ascenso en naciones donde la privación de la libertad es parte de la cotidianidad doméstica, ejecutada por agentes represores públicos y del crimen organizado.


Los estados nacionales se han mostrado incapaces e insensibles en la atención efectiva de este creciente fenómeno social, atribuible en el caso de México, a grupos delincuenciales coludidos con elementos policíacos a su servicio, causando un infinito dolor en las familias mexicanas y guerrerenses, en particular.


Ante la visible impasividad oficial, los familiares de las víctimas de desapariciones forzadas se han visto obligadas a construir colectivos de búsquedas de desaparecidos, principalmente. madres buscadoras, quienes estoicamente realizan extenuantes jornadas en lugares inhóspitos, con riesgos imprevisibles que a veces se convierten en las propias víctimas.


Hasta el 7 de abril del presente año, se tiene conocimiento a nivel nacional de 132,923 personas desaparecidas y no localizadas; en Guerrero, asciende a 4,685 personas, principalmente de los municipios de Acapulco, Chilpancingo, Iguala, Taxco, Zihuatanejo, donde se concentran el mayor número de desapariciones, según cifras extraoficiales.


La incansable tarea que se han echado a cuestas las madres buscadoras es digna de admiración de propios y extraños, porque el amor a sus seres queridos las ha convertido en mujeres ejemplares, llenas de esperanzas y fe, en la localización bajo tierra de algunos restos óseos de sus seres queridos, a través de metodologías y herramientas rústicas y así ante cada descubrimiento suman victoria tras victoria.


A pesar de la grave crisis en la materia, la sociedad mexicana se ha mostrado poco empática y solidaria en respaldar en sumarse a las acciones de búsqueda y exigir a las autoridades competes más compromisos efectivos en la localización de los desaparecidos de una u otra forma.

El gobierno federal ha hecho la parte correspondiente, insuficiente a todas luces porque el problema persiste y cada día conocemos nuevas personas desaparecidas, jóvenes la mayoría de las víctimas, aun cuando la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), ha implementado diversas estrategias para la localización de desaparecidos; Banco Nacional de Datos Forenses; Plataforma Única de Identidad; y otras acciones de coadyuvancia oficial.


Hacemos votos porque cese el sufrimiento y dolo de las familias mexicanas y guerrerenses y tengan el mayor de los éxitos en la búsqueda de sus hijos.