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Ciudad de México, Agosto 24.- El cambio climático ya ha empezado a hacer estragos en el organismo de los humanos. De acuerdo con un estudio recientemente revelado, se detectó que el aumento de la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera es capaz de alterar los marcadores químicos en la sangre.


En la investigación, se analizaron dos décadas de información en Estados Unidos. Los resultados arrojaron un aumento del 7% en los niveles de bicarbonato sérico. Este es un compuesto que el cuerpo utiliza para evitar que exista demasiada acidez en el organismo.


El estudio estuvo a cargo de Phil Bierwirth, de la Universidad Nacional Australiana y Alexander Larcombe de la Universidad Curtin. Esta se basó en datos recopilados por la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES). También se incluyeron muestras de sangre de por lo menos 7 mil participantes, entre 1999 y 2020.


El estudio que exhibe las consecuencias del cambio climático para el humano


El estudio se centró en el bicarbonato sérico, que es un indicador vinculado a la regulación ácido base del organismo. Los investigadores buscaron rastros de adaptación fisiológica para afrontar el aumento sostenido del CO2 en el aire. La respuesta llegó poco después: descubrieron una tendencia que iba en ascenso durante todo el tiempo analizado.


Esta situación coincidió con la elevación notable en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera justo en ese periodo. Resaltando: en el año 1999, los niveles en Estados Unidos, las concentraciones se situaban aproximadamente en las 369 partes por millón. Y para el año 2020, se disparó hasta alcanzar las 420 ppm.


Actualmente, la concentración se ubica en las 425 ppm, una cifra alarmante en comparación con las 280 ppm que se mantuvieron durante gran parte de la existencia de la humanidad.


Debido a que el bicarbonato es el encargado de evitar que la sangre se vuelva demasiado ácida, si se encuentra que incrementó este compuesto, significa que corresponde a una compensación frente a una mayor exposición al dióxido de carbono.


En el estudio no se menciona que el estado actual de la atmósfera sea capaz de generar efectos adversos inmediatos en las personas. Pero sí sugiere que el cuerpo trabaje más para brindar un equilibrio interno. Naturalmente, si esta exigencia se mantiene durante demasiado tiempo, sí podría generar consecuencias.


Larcombe expresa que, en los estudios que se han realizado a corto plazo en ambientes con CO2 moderadamente elevado (habitaciones con mala ventilación, por ejemplo), ya se vincula la exposición con dolor de cabeza, cansancio y una caída en la concentración. Así como la capacidad de tomar decisiones.


No solo en humanos. También en animales se abrieron hipótesis sobre estrés oxidativo, inflamación, calcificación de tejidos de riñones y arterias. Además de posibles efectos en los huesos.


El aumento del bicarbonato en la sangre no fue lo único que se detectó al analizar la sangre. Se descubrió que los niveles de calcio y fósforo en la sangre mostraron una tendencia descendente. Lo que encaja con un mecanismo que utiliza el organismo para retirar dióxido de carbono de la sangre y almacenarlo en los huesos en forma de carbonato.


Pero este proceso necesita minerales, como el calcio y el fósforo, indispensables para formación y mantenimiento de la estructura ósea. Asimismo, intervienen en la respuesta del cuerpo ante el exceso de dióxido de carbono. Y una caída en ambos elementos es compatible con una demanda más alta en este sistema de compensación.

dióxido de carbono
También, se detectó una disminución en algunos minerales en la sangre
Consecuencias de una baja de minerales esenciales
«Una baja de calcio puede causar calambres musculares, letargo, entumecimiento y alteraciones del ritmo cardíaco». Explica Larcombe. Mientras que una reducción de fósforo puede derivar en debilidad, fatiga y una menor entrada de oxígeno al cuerpo.

Asimismo, aclara que estos síntomas aparecen con concentraciones de dióxido de carbono mucho más altas que las que hay actualmente en la atmósfera. No obstante, los hallazgos recientes apuntan hacia un importante cambio asociado al deterioro en la composición del aire.

También se prevé que la concentración atmosférica sea mayor a las 500 ppm hacia mediados del siglo si no hay recortes en las emisiones. Y advierten que el umbral podría exceder los niveles tolerables de dióxido de carbono en la sangre, siendo los más vulnerables los niños y bebés nacidos en las próximas décadas.

Pues serán quienes pasen más tiempo expuestos a una atmósfera con mayor carga de CO2. Y aunque no presenta un peligro por una crisis inmediata, sí plantea una interrogante ante la capacidad de adaptación del cuerpo humano antes de pagar un precio más alto.

El estudio se publicó en la revista Air Quality, Atmosphere and Health.