Carlos Martínez Loza
Iguala, Guerrero, Agosto 15.- En el espacio ruidoso en que se agitan los clamores de las luchas cotidianas, izquierdistas contra derechistas, progresistas contra no progresistas, ateos contra religiosos, busco una música de paz que haga llorar de emoción estética aun a las cosas de fierro o madera.
En esa paz solo puedo pensar con mayor serenidad. Abro la memoria: Isócrates, logógrafos, inteligencias artificiales, discursos, deber ser y un artículo de Eric Sadin se asoman constantemente en mi yo como la luna entre las nubes difusas de agosto. La pregunta es significativa: ¿qué debemos opinar de los políticos que pronuncian discursos no escritos por ellos –ni por un asesor- sino por una Inteligencia Artificial? Entusiasmados de varia tecnología y del progreso, se podrían alegar algunas razones: rapidez, neutralidad, eficiencia, bajo costo, inmediatez, poco esfuerzo, gramática pulcra y todo lo que nunca imaginaron ni Aristóteles ni Cicerón ni Demóstenes o Martin Luther King.
Ante ese entusiasmo aparece una zarza ardiendo cuyo fuego disemina gotas en forma de preguntas decisivas: ¿se desnaturaliza el espíritu de lo político al crear discursos con Inteligencia Artificial? Eric Sadin, el filósofo francés especialista en cómo la tecnología afecta a nuestra sociedad, responde que sí: “creer que el uso de discursos prefabricados es neutral sería un grave error que podría desembocar en la desmaterialización de la esencia de lo político. Dicha esencia se basa en los principios de la expresión libre y plural de las opiniones subjetivas”. [El país, 10/agosto/26]
Muchos siglos atrás, Isócrates, arruinado él y su familia por la guerra del Peloponeso, se “buscó” un trabajo y comenzó a ejercer el oficio de logógrafo; es decir, de escritor de discursos judiciales y políticos. En Chipre ensaya una innovación oratoria: un discurso ficticio interpretado por un orador que se hace pasar por alguien más. A falta de inteligencias artificiales, no quedaban más que inteligencias humanas. Así como Apolo, Orión, el Proyecto Artemis o el Observatorio Chronos, mañana podrá haber un chat inteligente de nombre “Isócrates”, descargable a la brevedad y tan servil a las instrucciones de su amo político.
El peligro es diáfano. Las ideas políticas ya no serán propias sino un producto artificial de un ente tecnológico. Cuenta una vieja historia que el rey Salomón fue puesto a prueba según su afamada sabiduría. Una mujer entró a su recinto y le presentó dos ramos de flores, la una natural y la otra falsificada. La mujer le propuso que le dijera cuál de ellos era la natural. Dubitativo, Salomón llamó a uno de sus siervos y le ordenó que abriera la ventana, al poco rato entró una pequeña abeja en busca de miel y se posó sobre el ramo natural. Salomón lo tomó y se lo volvió a la mujer asombrada más aun por su sabiduría.
Me temo que será muy difícil invocar a las abejas de Salomón para descubrir los discursos auténticos de los artificiales.
