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Colombia, Agosto 12.- Los equipos de rescate intensificaban el martes las labores de búsqueda entre montañas de concreto destrozado y hierro retorcido en las ciudades del oeste de Colombia, en una carrera contrarreloj de los socorristas para encontrar sobrevivientes después de un poderoso terremoto que dejó más de 250 personas muertas.
El terremoto de magnitud 7.4, el más poderoso en la historia reciente del país, sacudió el lunes el suroeste y la región cafetera del centro de Colombia, reduciendo a escombros edificios de varios pisos en ciudades como Pereira, Cali y Quibdó, y agrietando una de las torres de una catedral histórica en la ciudad de Manizales.
Los equipos de emergencia, apoyados por la policía, soldados y voluntarios, trabajaban con excavadoras y, en ocasiones, con sus propias manos, en busca de sobrevivientes bajo los escombros.
«Somos un grupo de rescate, si alguien me escucha emita un ruido», gritaba un socorrista entre las ruinas de un edificio de apartamentos de cuatro pisos que colapsó en el centro de Pereira y en el que funcionaban una panadería, una joyería y una droguería en la parte inferior.
Los socorristas presumen que 15 personas están atrapadas en la edificación.
En Pereira, capital del departamento de Risaralda, y en los vecinos municipios de Dosquebradas y La Virginia se reportaron 101 muertos.
El ministro del Interior, Rodrigo Lara, dijo a periodistas que la prioridad es salvar vidas, garantizar la llegada de los equipos de rescate, llevar suministros médicos e instalar hospitales de campaña.
«Ya han sacado a varias personas, unas vivas y otras muertas. Todavía no lo creo. Ayer a esta misma hora los saludé y hoy ya no están. Es muy doloroso», dijo a Reuters Fernanda Gaviria, de 33 años, en una pequeña tienda de víveres que atiende al frente de un edificio que colapsó.
«Dormí en el parque porque mi edificio se dañó gravemente», aseguró.
En Pereira, la destrucción es visible, con manzanas residenciales enteras reducidas a montones de concreto y hierro retorcido.
«Todavía tenemos una ventana de tiempo grande; tenemos aproximadamente 24 horas más para tener esperanza de vida», dijo José Fernando Usma, líder de un grupo de rescate de la Cruz Roja que llegó a Pereira.
El presidente Abelardo De La Espriella llegó a la ciudad de Pereira, recorrió la zona del desastre y anunció alivios económicos por tres meses en las tarifas de servicios públicos para los damnificados.
«A mí se me arrugaba el corazón cuando pasaba por el centro de Pereira y veía todos esos negocios destruidos», dijo el presidente en una declaración a periodistas.
Daños a infraestructura
El terremoto también dejó fuera de servicio infraestructuras vitales. La Aeronáutica Civil ordenó el cierre de los aeropuertos de Quibdó, Pereira, Manizales, Armenia, Cartago y Buenaventura debido a los daños, mientras que decenas de carreteras resultaron afectadas.
Los servicios de electricidad, agua, atención médica y telefonía permanecieron interrumpidos en varias regiones, especialmente en Chocó, en la zona del epicentro, lo que complicó las labores de rescate y la entrega de ayuda.
Estados Unidos anunció 15.5 millones de dólares para refugios de emergencia, alimentos, protección y evaluación de daños, mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo puso a disposición de inmediato 50 millones de dólares para apoyo a la reconstrucción, en caso de que el gobierno lo solicite.
En Cali, la capital del departamento del Valle del Cauca, se reportaron 95 muertos, 949 heridos y 45 estructuras con colapso total, según el más reciente informe de la alcaldía.
La gobernadora del departamento del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, dijo que otras 38 personas perdieron la vida en esa región del país.
Decenas de edificios quedaron inclinados peligrosamente o completamente destruidos en Cali, obligando a los residentes a salir a las calles.
Filas de camiones repletos de escombros se dirigían al vertedero de Cali la mañana del martes, en medio de un tráfico intenso después de que el alcalde levantó las restricciones vehiculares impuestas tras el desastre.
Varios de los pisos superiores de uno de los hospitales de la ciudad, algunos dedicados a la atención pediátrica, colapsaron, dejando a algunos pacientes atrapados y obligando a atender a unas 600 personas más en una calle llena de escombros.
Afuera de lo que una vez fue el complejo de apartamentos Torres del Limonar, dos torres de cinco y cuatro pisos ubicadas en el apacible y arbolado barrio de Ciudad Capri, al sur de Cali, los rescatistas trabajaban para encontrar sobrevivientes, o al menos sus cuerpos.
Generadores de energía, carpas para distribuir agua y refrigerios a los rescatistas, ambulancias y camiones de bomberos estaban dispuestos alrededor de los escombros de los edificios.
Funcionarios agobiados de la alcaldía intentaban despejar a las multitudes de voluntarios civiles y vecinos reunidos, mientras los bomberos pedían silencio para poder escuchar señales de sobrevivientes.
Los gritos de júbilo resonaron y los bomberos levantaron los puños en señal de triunfo mientras sacaban a Diana Marcela Troncoso de los escombros, bajándola con cuidado sobre una camilla hasta una ambulancia que esperaba.
Una mujer mayor, que según los testigos era su madre, subió al asiento delantero de la ambulancia después de abrazar a un funcionario y agradecerle, con lágrimas en los ojos.
De La Espriella, quien asumió el poder hace apenas unos días, ordenó el envío a Cali de mil efectivos de las fuerzas de seguridad tras reportes de saqueos. Tanto en Cali como en Pereira, las autoridades decretaron toques de queda la noche del lunes.
En el departamento del Chocó, epicentro del terremoto, la gobernación reportó 13 muertos y la destrucción de varias edificaciones en la capital, Quibdó.
El desastre ha generado comparaciones con el mortal terremoto de 1999 que devastó la misma región cafetera, causando la muerte de más de mil personas, así como con los sismos catastróficos que afectaron a la vecina Venezuela en junio.
