Servicios AINI


Ciudad de México, Agosto 10.- Durante mucho tiempo, la Antártida se consideró un lugar libre de la contaminación humana debido a su aislamiento geográfico. No obstante, esta creencia ha sido desmentida gracias a estudios recientes. Donde se comprueba que la Antártida se ha convertido en una fuente de contaminación de un metal peligroso: el mercurio.


Un equipo de investigadores, bajo liderazgo del científico ambiental Chengzhen Zhou, de la Universidad de Pekín, confirma que el continente blanco dejó de ser un sumidero. Ahora, es una fuente activa de mercurio.


Anteriormente se pensaba que la Antártida estaba libre de contaminantes. Sin embargo, no es verdad, ya que, aunque se encuentra lejos de emisiones directas de contaminantes humanos, el aire y el mar arrastran contaminantes químicos, plásticos y metales pesados. Estos se acumularon en el hielo durante décadas.


Sin embargo, el calentamiento global y la deposición atmosférica han ido acelerando el ciclo del mercurio en esta zona del planeta. A su vez, esto genera que el metal se libere hacia el océano, contaminando el agua y la vida que habita en ella.


En el estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), se menciona que la Península Antártica acumula mercurio un promedio de dos veces más que la tasa mundial de las plataformas continentales. Y esta acumulación aumentó un 160% desde el inicio de la industrialización a principios del siglo XIX.


Pero, a pesar de que esta plataforma está muy lejos de fuentes industriales, se detectó una tasa de acumulación de mercurio de 93 ± 58 microgramos por metro cuadrado al año. Lo que representa el doble del promedio global; asimismo, se debe a dos mecanismos acoplados. La deposición atmosférica y la expansión de aguas abiertas a causa del calentamiento global.


Esto refuerza la absorción directa de mercurio atmosférico por parte del agua del mar. Dicho proceso se conoce como ciclo atmósfera-océano y se intensificó conforme las temperaturas fueron aumentando y el hielo retrocediendo. Lo que activa un ciclo adicional: atmósfera-glaciar-tierra-océano, liberando mercurio acumulado en tierra y dirigiéndolo al océano.


Los expertos alertan que el calentamiento polar ha ido transformando la criosfera antártica, pasando de un sumidero de mercurio a una fuente activa de contaminación secundaria. Esto presenta importantes implicaciones para el riesgo en un futuro de mercurio en océanos y ecosistemas polares.


Asimismo, mencionan que el acoplamiento de estos dos ciclos generó importantes consecuencias. La liberación de mercurio terrestre impulsada por el deshielo se multiplicó por 5,5 (550%). Mientras que el intercambio aire-mar aumentó un 350%, multiplicando también el riesgo de contaminación por mercurio en los polos y el océano Austral.

El mercurio por sí solo ya es tóxico para el humano. Pero, cuando entra en contacto con bacterias presentes en el agua o en el suelo, se convierte en metilmercurio, una forma orgánica y altamente tóxica de este metal pesado. El metilmercurio se acumula en peces y otros organismos, convirtiéndose en un peligro para la cadena alimentaria oceánica.

De acuerdo con observaciones recientes, los niveles de mercurio en merluza negra y tiburones, por mencionar algunos, ya superan los límites de seguridad alimentaria. Mientras que la exportación de mercurio desde la península antártica hacia el océano se elevó un 400%. Esto advierte que la contaminación podría dirigirse hacia zonas más alejadas.